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Pitbull olfateó una cautivadora melodía de Hugo Blanco

Pitbull / Barry Sweet/EFE

Pitbull / Barry Sweet/EFE

El rey de los featurings, que ha grabado con J-Lo, Shakira y Marc Anthony, editará Global Warming

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El pitbull es una raza canina famosa por el poder de su mordida. Los entendidos del asunto dicen que hinca los dientes de modo implacable; que no suelta a su presa hasta dominarla. Si se permite la analogía, Armando Cristian Pérez, el pelón que viste de proxeneta y habla de sexo en todas sus canciones, tiene colmillos respetables cuando se trata del mercado musical. Cuando muerde, lo hace con tal efectividad que vende millones de ejemplares.

Recientemente editó un tema titulado "Beat On My Drum", en el que lo acompañaron Gabry Ponte y Sophia del Carmen, dos artistas poco o nada conocidos en Venezuela. Sería otro hit discotequero y no ameritara ningún comentario si la melodía que define la canción, la que la sostiene para que él y sus colegas entrelacen frases sugestivas, no fuera "Moliendo café", la pieza de Hugo Blanco, que surge despojada de su esencia y su ritmo de orquídea original.

El chileno Lucho Gatica la grabó en 1961, un año antes de que la popularizara en Europa la italiana Mina. El mexicano Javier Solís la incluyó, vestida de ranchera, en el disco Sombras (1964) y el puertorriqueño José Feliciano la abordó magistralmente en 1966, como parte de El sentimiento, la voz y la guitarra, su primer trabajo conocido en lengua castellana.

Dos españoles la grabaron luego: Julio Iglesias la agregó en América (1979) y Plácido Domingo la juntó a otras piezas en De mi alma latina (1994).

Pero ninguna de las versiones había saltado hacia el territorio de lo electrónico, del dance, el sudor y las discotecas.

"La industria del entretenimiento es 90% negocio y 10% talento. El que no entienda eso se queda en el camino", dijo Pitbull en una entrevista que concedió a El País de España. Y en eso ha acertado.

Más de 180 millones de visitas recibió, hasta junio de 2011, el videoclip de "I Know You Want Me", en el que, entre medias sonrisas y conteos bilingües, el artista habla abiertamente de felación. Es un flirteo, pero con tal descaro que alcanza niveles pornográficos.

El desparpajo es el denominador común. También el poder para vender. Por eso ha atraído a titanes del mercado hispano en Estados Unidos, como Enrique Iglesias, Marc Anthony, Jennifer López y Shakira. "Les doy un poco de calle ­dijo Pitbull­. Para mí son generales y yo estoy ahí afuera peleándome para conseguir información. Luego les hago el informe, ellos toman decisiones y cumplo lo que me piden.

Mi trabajo es ensuciarles un poquito las canciones".

Con la colombiana grabó "Rabiosa" y, recientemente, editó "Get It Started", en el que se invierten los papeles: "Mr.

Worldwide Pitbull featuring Shakira", dice el anuncio. Con Marc Anthony ocurrió cuando presentaron el éxito indiscutible "Rain Over Me", que interpretaron en directo en los Grammy Latinos 2011. Y con J-Lo impactó el mercado a través de "On the Floor".

Cada uno de los temas que firma pertenece a la "hora loca" perenne de las discotecas mundiales. Aunque no se sabe bien dónde está la clave, todo lo que ensucia lo convierte en oro. Sin embargo, Pitbull no ha engañado a nadie. "Todo lo que hago es producto de estudios de mercado", le dijo a la presentadora Cristina Saralegui: "Decían que el bilingüismo en la música no funcionaría, pero yo sabía que mucha gente habla así".

Próximamente editará su séptimo disco, Global Warming, que le sigue a Planet Pit (2011). A través de esos trabajos, de videoclips y de conexiones en un negocio que ha descrito como "una piscina llena de sangre y tiburones con cojones", Armando Cristian Pérez ha alcanzado el sueño americano.

De su historia, se sabe que nació hace 31 años en Miami y se crió en la Pequeña Habana. Su abuela luchó en Sierra Maestra por la causa castrista y luego se arrepintió. Su madre, quien ha confesado públicamente sus problemas de drogadicción, llegó a Estados Unidos como parte de la Operación Peter Pan, a través de la cual 14.000 niños de la isla fueron trasladados de forma clandestina entre 1960 y 1962, apoyados en la CIA y en cubanos exiliados.