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“Pido perdón a Maturín por compararlo con Panamá”

“No creo que nuestro problema sea el dinero, sino un cambio de mentalidad”, dice | FOTO WILLIAM DUMONT

“No creo que nuestro problema sea el dinero, sino un cambio de mentalidad”, dice | FOTO WILLIAM DUMONT

Con ¿Quién se quiere ir? hizo tarima en Madrid, Caracas y Miami. Ahora está cada jueves en Flamingo Theater Bar, tiene su página web y transmite por el canal TvVenezuela

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Folklórico. Es así como George Harris define su humor. “Soy explosivo, muy gritón. Y creo que es lo que a la gente le encanta, porque ven esa dicotomía entre el tipo catire, alto y de ojos azules que cuando abre la boca es una sirena andante”, dice.

El comediante nacido en “la Venezuela de Simón Bolívar” —como escribe en su página web www.elgeorgeharris.com— llevó su mejor historia al extranjero, donde ha marcado su espacio.

Todo comenzó con ¿Quién se quiere ir?, show que llevó de Madrid a Teatro Bar en Caracas, con su micrófono abierto, y luego a la Calle 8 de Miami en el Teatro Trail. Ahora es el Flamingo Theater Bar de Brickell el que lo escucha cada jueves de la semana.

“Lo que más extraño es a la gente. Muchos dicen que el Ávila y el Cocosette, pero no. Porque en Miami hay Pirulín y Colita Zero y aquí no. Es la gente; no hay manera, no hay fábrica que la compare”.

—¿Cuál es el principal logro de esta década de comedia?
—El haber conquistado al público. No importa dónde te presentes, lo más importante es que la gente se conecte con el show.

—¿Cuál fue la táctica para esa conquista?
—Con muchísima constancia, que es lo único que funciona en la vida. Si te sientas te vencen, te cierran las puertas. También con mucha tarima; experiencia. Enfrentarte a un público todas las semanas es lo que te da la escuela

—¿Cómo logró abrirse camino en Miami?
—El camino era bastante árido, igual en Venezuela. En Miami no se hacía stand up comedy en español; había uno que otro show. Yo le eché y sigo echándole pichón. No me canso. Muchos creen que soy famoso y hay gente que me dice que no me ha visto en la vida. Comencé con un show en un barcito y llegué a montarme con solo nueve personas en el público, hacíamos cadena de oración. Entonces empecé a ir a programas de televisión, repartí flyers, me iba a las colas de votación, a las discotecas y mientras la gente bebía yo repartía volantes… Hice todo el trabajo sucio.

—¿Actualmente existe solidaridad entre los artistas en el exterior?
—Hay mucha angustia porque no hay trabajo. Tenemos la mala maña de que cuando emigramos vamos a ir a buscar trabajo y todo lo contrario. Uno tiene que ir a ofrecer algo, un servicio. Ahorita en Miami no se producen telenovelas y cada vez hay menos programas. La TV fuerte está dominada por México, todo es desde allá. Las grandes producciones se acabaron.

—¿Con qué no se juega en el humor?
—Con el dolor ajeno. Uno puede tocar ciertas cosas, pero hay límites en el humor.

—¿Ha tenido que modificar alguna rutina por reclamos? Por ejemplo, el caso Panamá.
—¡Mi amor, la tecla panameña! Ellos se ofendieron porque tienen una roncha con nosotros. No nos quieren nada. De Panamá no dije nada, solo que cuál era la locura con ese país que era Maturín con billete. Y yo me ofendí porque dije cuál es la ofensa de ustedes. Maturín es la tercera ciudad productora de petróleo. ¿Crees que vengo de la selva? En todo caso pido perdón a Maturín por compararlo con Panamá.

—¿Cuál es la función del humor en una época de crisis?
—Levantarnos el ánimo. Reconfortar el alma. Y hacernos reflexionar. En mis shows hablo mucho del país y pongo a la gente a mirar hacia adentro. No creo que nuestro problema sea el dinero, sino un cambio de mentalidad.

—¿Qué opina del circuito de stand up en Caracas?
—Son chamos que le están dando durísimo; que de la nada crearon unos espacios maravillosos. Tienen un humor más fino y agudo cada vez. Hay gente que admiro mucho y que los veo con gran proyección. Están Nanutria (Víctor Medina), La Nadia María. Son gente que está por todo el país, eso nos habla mucho de lo que creemos en el arte, en la expresión.