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Patricia Arquette muestra su alma de madre en Boyhood

<i>Boyhood</i> propone un relato íntimo sobre la infancia y adolescencia a través de los ojos de un niño al que el espectador ve crecer | Foto AP

Boyhood propone un relato íntimo sobre la infancia y adolescencia a través de los ojos de un niño al que el espectador ve crecer | Foto AP

La película de Richard Linklater fue rodada durante 12 años consecutivos con el mismo reparto 

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Patricia Arquette, uno de los rostros más atractivos de los años 90, pagó el peaje de la edad en Hollywood, una industria obsesionada con la juventud, pero ahora, a sus 46 años de edad, desnuda su alma en Boyhood con un papel que bebe de su propia experiencia como madre.

Mirar a los ojos cristalinos de Arquette es verse reflejado en el fuego de personajes icónicos como los de True Romance, de Tony Scott o Lost Highway, de David Lynch, pero aquella exuberancia da paso ahora a una sensibilidad a flor de piel de la que, según afirma, se siente orgullosa.

“Me veo envejecer y lo disfruto. Para el público es impactante, porque me conocen de películas que hice cuando era muy joven. La gente desea guardar ese recuerdo. Hay una gran presión en esta industria por congelarte en ese tiempo, pero yo siempre quise huir de eso”, dice la actriz.

Boyhood, que se estrena el viernes en Estados Unidos, es una película de Richard Linklater, rodada durante 12 años con el mismo reparto, en la que el cineasta propone un relato íntimo sobre la infancia y adolescencia a través de los ojos de un niño (Ellar Coltrane) al que el espectador ve crecer.

Ethan Hawke y Arquette dan vida a los padres divorciados del protagonista, y Lorelei Linklater, hija del realizador, encarna a su hermana, en una cinta que funciona como radiografía de la clase media estadounidense e incluso como retrospectiva sobre los cambios que ha vivido la sociedad en los últimos años.

“No teníamos una idea clara de quiénes eran estos personajes, porque nunca existió un guión completo desde el comienzo”, indica la intérprete que, al inicio del proyecto, solo conocía los grandes cambios que iba a afrontar su personaje. El resto se fue construyendo sobre la marcha. “Los personajes se iban revelando cada vez que nos reuníamos para rodar cada fragmento. Al final, dejas que el papel se empape del calor y las experiencias conjuntas con el equipo. Ethan y yo envejecíamos, mientras los niños crecían. Esa riqueza, incluso el dolor personal de tu propia vida, se refleja en la película. Le añade un componente muy humano”, comenta.

Boyhood es increíblemente personal para mí. Al final del rodaje lloré mucho. Lo pasé realmente mal. Sé que es una película, pero no quería que acabara. No quería que algunos pudieran decir cosas malas sobre ella. Es algo que amo, que he hecho con gente que quiero y que me ha enriquecido como actriz. Es como mi bebé. No quería entregárselo al mundo”, destaca. Precisamente, la última, y desgarradora, secuencia en la que aparece su personaje llega cuando su hijo abandona el hogar y emprende una nueva etapa en la universidad. “Está totalmente destruida. Es duro ver marchar a tu hijo”.