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Padres a prueba de consanguinidad

A algunos padres la vida les presenta el desafío de criar a sus hijos y aprender a amar a los de su pareja | Foto Cortesía

A algunos padres la vida les presenta el desafío de criar a sus hijos y aprender a amar a los de su pareja | Foto Cortesía

Ser papá representa una gran responsabilidad y una de las máximas demostraciones de amor que un hombre puede experimentar, pero a algunos la vida les presenta un doble desafío: criar a sus hijos y aprender a amar a los de su pareja. Sin querer ocupar el puesto de los padres biológicos se han propuesto ser amigos, confidentes y guías para propiciar crianzas saludables. A propósito del Día del Padre, tres de ellos cuentan cómo ha sido su experiencia

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Juan Manuel, Rafael Romero y Julio Andrés | Foto Omar Véliz

"Jamás me he sentido el padrastro"
“El hecho de que no soy el padre biológico de Julio Ándres Moreán nunca ha sido un problema para nosotros, porque cuando conocí a Carlota (Sosa) no tuve ningún problema en quererlo. Es la mujer de la que me enamoré y al niño, que en ese momento tenía siete meses, lo vi como algo positivo para mí. Desde ese momento y hasta ahora todo fluye muy bien. Jamás me he sentido el padrastro.

“Lo más difícil de todo este tiempo fue ayudarlo a entender que soy su amigo, y no su padrastro; que soy su figura de apoyo, no su adversario o una persona que se le va a imponer. Para mí era importante enseñarle que hay gente que se nos presenta en la vida para ayudarnos. La mayor satisfacción ha sido verlo crecer sano psicológicamente y sentir que he logrado ser un apoyo para él.

“Nunca tuve que sentarme a explicarle nada. Si en algún momento tuvo mala actitud se lo diría solo a su mamá y duró poco. En todo caso, es comprensible, porque no es fácil entender por qué un señor está en la casa en lugar de su papá.

“Con su padre biológico (Carlos Moreán) tengo una relación maravillosa. Lo conozco de toda mi vida, porque él era amigo de mi tío Aldemaro Romero. Entre los dos hemos procurado que crezca sin mortificaciones por esta situación y sin que sienta que por quererme está defraudando a su papá.

“También tengo mi propio hijo, Juan Manuel, y me siento feliz con los dos. Son hermanos que se ayudan, se defienden y, a pesar de que son hijos solo de la misma mamá, parece que fueran hijos de sangre de los dos”.


Jorge Reyes junto con Camila y Valeria | Foto Cortesía Jorge Reyes

"Nunca quise ocupar el lugar de su papá"
“Cuando me enamoré de Alejandra (Sandoval) su hija Valeria tenía 18 años y mi hija Camila tenía 2 años.

"Nunca me importó que tuviera una hija. A mí siempre me han gustado los niños y aunque Valeria era una adolescente cuando la conocí, fui muy respetuoso todo el tiempo con ella para que no sintiera que quería ocupar el lugar de su papá, sino que más bien deseaba formar una familia. En la actualidad nos une una bonita amistad. 

“Muy pocas veces me ha tocado llamarle la atención, siempre procuro hablar con su mamá y ella decide cómo es la mejor manera de guiarla. Ella no está con nosotros, vive en Colombia porque prefirió terminar allá el bachillerato, pero siempre la apoyamos en sus logros.

“Ya compramos nuestra casa y siempre incluimos a las dos niñas en nuestros planes. Ellas tienen sus cuartos para cuando quieran quedarse allí. Siempre compartimos vacaciones y sus principales actividades, por ejemplo, la graduación del preescolar de Camila que fue en Miami hace unos días. Vamos bien. Ya tenemos tres años.

“Con Valeria hablo por Whatsapp. Aunque no soy su confidente, le gusta que le dé mis opiniones”.


Arturo de los Ríos y Juliet Lima con sus hijas Antonella y Samantha | Foto Cortesía Juliet Lima

"Tengo mucha experiencia en esto"
“El hecho de ser papá te cambia la vida para siempre: la ves de manera distinta, te obliga a pensar distinto con respecto al futuro hasta el punto de que te importa más el de tu hijo que el tuyo propio. Para mí fue un despertar maravilloso, que me conecta con una energía de conciencia, de amor único, indescriptible, que no conocía hasta que nació Samantha.

“Cuando comencé a salir hace dos años con Juliet (Lima) la relación con su hija Antonella se dio de manera espontánea, como un juego, sin imponer nada. Mi hija y ella se hicieron muy amigas. Las dos nos pedían que las lleváramos al teatro, a la playa, al club. Ha sido una conexión que han propiciado ellas mismas.

“Las dos niñas cuentan con las figuras de sus padres. Yo entré a la vida de Antonella más como un amigo, porque su papá siempre está para ella. Nos llevamos bien, trato de ser muy respetuoso con ella y cualquier observación se la hago saber a su mamá para que la ayude. Yo tengo mucha experiencia en esto porque viví esta situación con mi mamá, que se volvió a casar y su esposo me dio un gran ejemplo. Él me dio algunas herramientas, me aconsejó y fue una pieza importante en mi vida. Es lo que espero hacer”.