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“Pacheco” versión Disney

Foto Cortesía Disney

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Frozen: una aventura congelada incluye dos princesas por el precio de una y, codirigida por una mujer, marca el regreso a la mejor tradición del musical de animación

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Los estudios Walt Disney Animation han creado 13 princesas, pero solo después de 76 años dieron empleo a una directora: Jennifer Lee, acompañada por Chris Buck, uno de los realizadores de Tarzán (1999).

Frozen: una aventura congelada, la película número 53 de la compañía que debutó con Blancanieves (1937), extiende un “pacheco” de invierno noruego sobre los cines venezolanos y seguramente será la joya (esculpida en hielo) más preciada desde que, al filo del nuevo milenio con Dinosaurio (2000), las tropas de dibujantes del ratón Mickey se rindieron a los nuevos tiempos y empezaron a incursionar en la animación computarizada de ilusión tridimensional.

Además de contar con Lee, que proviene del mundo de los guionistas y no de los animadores, Frozen es la primera cinta de Disney con dos princesas. Las hermanas Anna y Elsa prolongan la franquicia aristocrática cuyas predecesoras fueron Blancanieves, Cenicienta (1950), Aurora de La bella durmiente (1959), Ariel de La sirenita (1989), Bella de La bella y la bestia (1991), Jazmín de Aladino (1992), Pocahontas (1995), Mulan (1998), Tiana de La princesa y el sapo (2009), Rapunzel de Enredados (2010) y Mérida de Valiente (2012). Este último en realidad era un filme de Pixar, compañía autónoma absorbida por Disney desde 2006, aunque ese es otro cuento.

Frozen es la gran favorita desde ya para ganar el Oscar como Mejor Película Animada de 2014, algo que tampoco ha conseguido nunca una producción de Walt Disney Animation: recuérdese que la estatuilla especializada fue creada apenas en 2002.

Desconcertante y divina. Además, Frozen marca el regreso a Disney de la mejor tradición del musical de escuela Broadway: como en los tiempos de El rey león (1994), canciones como “Let It Go” (“Libre soy” en español, interpretada por Martina Stoessel, la de Violeta), compuestas por los esposos Robert López y Kristen Anderson, no solo son estremecedoras sino que sirven de apoyo esencial para avanzar en la narración.

Inspirada únicamente como base de partida en un cuento de Hans Christian Andersen que el propio Walt Disney, en vida, quiso adaptar, y enriquecida por una dirección artística apoyada en la cultura y paisajes de Noruega (lo que a primera vista quizás no parece demasiado comercial), Frozen no solo brilla por sus fantásticos efectos en 3D de traslucidez y refracción de superficies gélidas.

La historia da un nuevo paso en la evolución de unas princesas cada vez más independientes del sexo masculino, y probablemente el personaje más atractivo no es la protagonista natural, la bondadosa y más bien discreta Anna, sino la mucho más desconcertante Elsa.

Heredera del trono de Arandelle, un reino rodeado de fiordos en el que el corto verano de 2 meses y medianoches soleadas (y cerca de 18 grados centígrados de temperatura promedio, algo así como un “pacheco” caraqueño) es aguardado ansiosamente, Elsa nació con un poder que no puede controlar del todo: el de la magia del hielo. Con él entretiene y maravilla a su hermana pequeña durante las interminables noches de invierno.

Un día, sin intención, le hace daño a Anna. Desde entonces, ante la incomprensión y el temor de sus súbditos, Elsa desarrolla un complejo de culpabilidad que deriva en un profundo deseo de vivir en soledad. ¿Es realmente una villana? Hay que dejar que la escarcha se decongele para saber la verdad. Por los momentos, sepa que Elsa es la más fashion.


Frozen: una aventura congelada

Animación. Estados Unidos, 2013

Estudio: Disney

Directores: Jennifer Lee y Chris Buck

1 hora y 48 minutos

Desde mañana en cines (también en 3D)


ElDato

El castillo congelado, en el que Elsa se siente finalmente a salvo de la presión social, se inspira en el Hotel de Hielo de Québec (Hôtel de Glace, www.icehotel-canada.com), una estructura única en el mundo inaugurada en 2001 en Canadá