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Oswaldo Vigas, indetenible hasta en la eternidad

Los restos de Oswaldo Vigas recibirán homenaje en Valencia | Foto Manuel Sardá / Archivo

Los restos de Oswaldo Vigas recibirán homenaje en Valencia | Foto Manuel Sardá / Archivo

La figura del pintor valenciano, maestro de la modernidad que murió el martes a los 90 años de edad, se mantendrá viva a través de su legado, constituido por una extensa e invaluable obra 

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El mundo de la cultura permanece de luto. Cuando aún no lograba sobreponerse a los recientes decesos de personajes de la literatura, la música, el teatro y la televisión, se sumó el llanto por la pérdida de una figura fundamental de las artes visuales: Oswaldo Vigas, uno de los grandes maestros de la plástica en Venezuela.

El martes al anochecer llegó la noticia. La información se difundió con rapidez por las redes sociales. El fallecimiento del artista sorprendió a muchas personas porque, a pesar de que tenía 90 años de edad y no 88 como señalaron varios medios, aún se mantenía activo, prolífico, lúcido.

Su hijo, Lorenzo Vigas, recordó que hasta hace una semana estaba trabajando en su taller. Un lugar del que no le gustaba apartarse y del que salía pocas veces, pero una neumonía lo llevó a ser internado en el Hospital de Clínicas Caracas. Allí, el creador falleció rodeado de sus más íntimos familiares, incluida su compañera y cómplice de vida, su esposa, Janine de Vigas. 

La personalidad avasallante del pintor valenciano arropaba a quienes se acercaban a él. A veces de pocas palabras, otras más distendido y bromista, solía responder “estoy jodido” al preguntarle cómo se sentía. En ocasiones le gustaba recibir a los visitantes en su casa y en su taller, repleto no solo de sus obras sino de trabajos de colegas y amigos, así como colecciones de arte prehispánico y japonés, una de sus principales aficiones. Un lugar también lleno de recuerdos como una fotografía en la que aparece un joven Vigas junto a Picasso, que recordaba a los invitados la amistad que mantuvo con el artista español.

Por su extensa obra —que resguarda la Fundación Oswaldo Vigas— fue admirado y reconocido, algo evidente no solo en los premios y homenajes que recibió, sino en la cantidad de exposiciones que realizó. La más reciente fue inaugurada en marzo en Nueva York, en la galería Dillon. Pero la lista es larga: tan solo en los últimos años exhibió su etapa constructivista en la galería Arte Ascaso (también la presentó en Miami); piezas en blanco y negro en la Residencia de Francia en Caracas; y dibujos, aguafuertes, litografías y serigrafías en la galería Punto de Arte.

En 2012 declaró a El Nacional que prefería pintar durante las tardes y las noches. “Incluso ahora que estoy jodido, la mano no se detiene, ella trabaja sola. Tengo el brazo derecho paralizado e igual pinto”, expresó el creador que ese año fue condecorado por el rey de España.

Vigas fue crítico de movimientos como el cientismo, al que consideraba arte para decorar. El artista, que realizó cuatro murales en mosaico veneciano y romano para la Ciudad Universitaria por encargo de Carlos Raúl Villanueva, siempre fue enfático al señalar que no necesitaba motivaciones ni inspiración para pintar. “Nunca estudié arte, yo hago arte”, señaló el creador, que se graduó como médico en la Universidad Central de Venezuela.

No le gustaban las etiquetas, se definía simplemente como alguien que tenía que decir algo a través de la pintura y la escultura, así como lo hizo con sus Brujas, como bautizó sus aproximaciones a la figura femenina en los años cincuenta. Con una de ellas le concedieron el Premio Nacional de Artes Plásticas en 1952. “Eso se llama creación. En ese aspecto los artistas se asemejan a Dios, que también hizo al mundo, se dice. Yo no creo en nada de eso. Pero si hay un Dios sobre la Tierra, esos son los artistas y los poetas, que inventan mundos. Yo invento el mundo todos los días”, expresó.

Como otros pintores de su generación, Vigas también se sintió atraído por París, epicentro del arte durante el siglo XX. Allí vivió entre 1953 y 1957, tiempo en el que se rodeó de otros artistas como Pablo Picasso, Víctor Vasarely y Wifredo Lam. De allí provienen las piezas que la curadora Bélgica Rodríguez agrupó en la exposición de Arte Ascaso dentro de su período constructivista. “En esa época él no tenía ninguna conexión con la abstracción geométrica que predominaba en el país. Lo que lo nutre es París y sus laboratorios, los cafés, los grandes intelectuales, el surrealismo, el existencialismo. Su arquetipo de la bruja empieza a desaparecer para dar paso a la línea, pero conserva su trazo fuerte negro y su fuerza cromática, pues él es un gran colorista”, dijo en esa oportunidad la investigadora.

La crítica de arte María Luz Cárdenas considera que el creador aportó elementos nuevos a la construcción de la modernidad, no solo en Venezuela sino en América Latina. “Utilizó un lenguaje que sintetizaba lo constructivo y la abstracción. Él abrió un camino, construyó un mundo diferente. Esa fuerza telúrica, de tierra latinoamericana, logró convertirlo en un lenguaje universal. Su obra es muy apreciada en Francia y ahora se abre camino en países como Estados Unidos. Es un maestro, supo abrirse, dialogar con todas las generaciones, aunque muchas veces no estuviera de acuerdo con ellas”.

A los 90 años de edad, el trazo de Vigas se detuvo, pero su obra, tanto la que se ha mostrado públicamente como la que aún espera por ser conocida, será eterna. Ayer empezó el velorio en la capilla 2 de la Funeraria Monumental del Cementerio del Este, hoy su cuerpo será trasladado a Valencia, donde recibirá un homenaje, y será sepultado mañana.

El legado del artista seguirá resonando. Este año, por ejemplo, está copado de actividades. Una de las más importantes será una exposición antológica, que será itinerante por América Latina. El 17 de julio se inaugurará en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, luego se presentará en el Museo de Arte Contemporáneo de Lima y de allí será llevada a Santiago de Chile, Buenos Aires, Sao Paulo, Río de Janeiro, Ciudad de Panamá, Ciudad de México y Estados Unidos.

Al finalizar el año se publicará un libro con su extensa obra, escrito por varios críticos internacionales: el presidente de la Asociación Internacional de Críticos de Arte, Marek  Bartelik; la brasileña Lisbeth Rebollo, el colombiano Álvaro Medina y la venezolana Bélgica Rodríguez.

Lorenzo Vigas también rendirá homenaje a su padre con la película documental El vendedor de orquídeas. La cinta, que se estrenará el próximo año, está enfocada en la búsqueda de los recuerdos y de la memoria de los venezolanos, un viaje que realizará a través de los testimonios de Oswaldo Vigas.