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Oscar D’León quiere hablar inglés sabroso

Oscar D' León | Foto: William Dumont

Oscar D' León | Foto: William Dumont

El salsero dice que es normal que un artista cante en fiestas de narcotraficantes. Afirma que no comete ningún delito si solo hace su trabajo

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“Me quedé dormido”, dice Oscar D'León cuando aparece en el lugar fijado para la entrevista. Es el lobby de un hotel, pero no se hospeda allí. Apenas entra, todas las miradas de huéspedes y empleados se dirigen hacia él.

Llega sudado, ajetreado por la demora de cuarenta minutos y el tráfico de Caracas a final de la tarde. “Qué calor chico, qué calor”, repite varias veces buscando aprobación entre los presentes. “¿Será que me levanté con la tensión alta?”, pregunta con preocupación el cantante, que ha sufrido dos infartos.

Se sienta, se seca la cabeza y empieza a respirar más calmado. “Bueno muchacho, vamos a gozar”. Está contento por Clásicos del Big Band, su reciente producción. Es un disco doble, uno en inglés y otro en español, en el que interpreta piezas como “New York, New York”, “Cachito mío”, “I've Got You Under My Skin” y “Fly Me to the Moon”. A finales de noviembre está previsto que se consiga en Venezuela. Mientras, se puede descargar por Amazon y iTunes.

El productor Rodolfo Castillo quiso hacer nuevos arreglos para “Frenesí”, por lo que viajó a Nashville con ese objetivo, pero allá se enteró de que desde hace dos años se gestaba el proyecto de versionar en los dos idiomas temas interpretados por Frank Sinatra, Tony Bennett y Nat King Cole. Solo faltaba quien los cantara. “Me hicieron la propuesta y acepté. En Miami hicimos las voces. Fueron nueve en inglés y once en español”, detalla el artista, que tardó seis horas para grabar en su idioma y tres días en anglosajón.

“Lo más difícil fue la dicción. Tengo varios años viviendo en Estados Unidos, pero no he aprendido a hablar. A estas alturas voy a tener que estudiar inglés”.

Quiere estar preparado para cuando le toque presentar los temas en tarima y no valerse de una chuleta, como hizo durante las sesiones de estudio: “Tenía anotado cómo se pronuncian las palabras”.

Eso fue lo más complicado, recuerda. De resto, todo fluyó. “La vida me dotó de una capacidad para estas cosas. Me crezco”, dice sobrado.

La sonrisa parece perenne. Nada la opaca, ni el ojo izquierdo, que luce apagado. “No hay dolor, a menos que me toque. No tengo visión, pero no voy a llorar por eso. Es un accidente más”, cuenta sobre el percance que sufrió el año pasado.

Le preocupaba no poder manejar, pero lo hace sin problema. "Tengo que tener cuidado porque tal vez no vea un carro. Hay que buscar métodos, el mejor ángulo”, señala a la vez que pone las manos como si sostuviera un volante mientras mueve la cabeza de un lado a otro.

¿Y dice groserías cuando conduce? “¡Claro! Hay gente que va por ahí abruptamente y quiere meterse en el espacio de los demás”.

Mientras habla, no deja las manos quietas. En la izquierda, entre el pulgar y el índice, se ve una estrella tatuada, tenue, que resiste el paso de los años. Menciona que tiene otros dos tatuajes en el brazo. Se los hizo con tinta china, tres agujas y palitos de helado. “Mi madre me dio una paliza por eso”.

De haber existido la tecnología actual tendría el cuerpo lleno de tatuajes. “Lo que tengo son errores, que me gustaría tapar con uno bien hecho. Puede ser un león”.

A los 71 años de edad sabe que el cuerpo no es el mismo de hace más de 3 décadas, cuando interpretaba “Mata siguaraya” mientras jugaba con el bajo, saltaba, se tiraba al piso y se volvía a parar sin problemas.

La energía se mantiene, pero se manifiesta de forma más pausada. “Me ejercito, camino, hago spinning, levanto pesas, corro... Si me da chance, ahorita arranco para el gimnasio”, afirma el músico, que también promociona su libro biográfico escrito por William Briceño.

Sacrificios hay: “Me encanta el cochino, pero me limito. Como pastas una vez al mes”.

Mientras se desarrolla la conversación, se va formando un coliseo humano alrededor. Son sus seguidores, quienes al percatarse de su presencia esperan que termine la entrevista, no para enfrentar al león, sino para tomarse fotos con él. Un joven de aspecto caucásico dice en inglés: “Usted es muy famoso en Rusia”. Claro, otro tuvo que traducir.

Salsa para carteles

Hace un mes Oscar D'León reveló haber cantado en fiestas de narcotraficantes. Para él fueron contrataciones más, nada fuera de lo común. “El que se meta de lleno en el consumo y el tráfico de droga está mal. Cualquier artista puede ser contratado por un cartel. El que lo tome como anormal está fuera de contexto. Que levante la mano el que no lo haya hecho. El objetivo es deleitar con la música”.

¿Y qué piensa sobre los países que han legalizado el uso de algunas drogas?

“Eso es un tema en el que uno no debe meterse, como la política. Uno tiene que dedicarse a cantar”, afirma el salsero, quien considera que el público es una familia grande a la que hay que respetar. Es reacio a tocar el tema, pero le es inevitable –aunque sea de forma general– hacer un comentario de lo que ve cada vez que visita el país: “Venezuela está despeinada, llegará el momento que se le dé un cariñito”.

Tiene previsto ser parte de los músicos que estarán en el espectáculo El libro de la salsa, de César Miguel Rondón, el 14 y 15 de noviembre en el Centro Cultural BOD.

Escuche aquí las mejores canciones del nuevo disco de Oscar D' León