• Caracas (Venezuela)

Escenas

Al instante

La Orquesta Nacional Infantil fue ovacionada en su debut internacional

“Podías cerrar los ojos y sentir que esto era sublime”, dijo Simón Rattle | Cortesía Fundamusical

“Podías cerrar los ojos y sentir que esto era sublime”, dijo Simón Rattle | Cortesía Fundamusical

Los músicos dieron un extraordinario concierto bajo la dirección de Simón Rattle y Jesús Parra

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Estremecido. Así quedó el público que llenó la Felsenreitschule para asistir al debut de la Orquesta Sinfónica Infantil de Venezuela en el Festival de Salzburgo. Los pequeños músicos pusieron de pie al público desde el final de la primera composición que ejecutaron, la Obertura cubana, de George Gershwin.

A las 11:35 am, los músicos entraron al escenario y tomaron sus posiciones acompañados por los aplausos del público. Las niñas llevaban vestidos azules y ballerinas plateadas, y los niños pantalón negro y camisa manga larga blanca. Todos tenían la banda tricolor en el cuello. Una vez en sus puestos vino la rutina de afinación con la concertina. Luego, salió a escena sir Simon Rattle, con impecable traje negro. Batuta arriba y los chicos comenzaron a interpretar la pieza. Siguieron al director inglés con disciplina y emoción. Sus cuerpos se movían al ritmo de la música mientras tocaban la pieza. Rattle danzaba en el podio y gesticulaba con sus muecas características. Al culminar la canción de Gershwin, hubo aplausos. La sonrisa de Rattle hablaba por sí sola. Felicitó a los músicos. Caminó hasta la fila de clarinetes para abrazar al solista. El público estaba de pie.

Rattle bajó del escenario y apareció el director venezolano Jesús Parra para dirigir la Suite del Ballet La Estancia, Op. 8ª de Alberto Ginastera. Parra dirigió con elegancia y alegría. La orquesta, más que tocar danzaba y transmitía mucha energía. El público sonreía con los movimientos de los músicos y el director. Otra ejecución que fue aplaudida de pie.

Después del intermedio, Rattle tomó de nuevo la batuta para conducir la Sinfonía Nº 1 en Re Mayor “Titán” de Gustav Mahler. La ejecución fue hermosa. La orquesta siguió al pie de la letra al director. Lograron mezclar jovialidad con técnica y sentimiento. La infantil fue premiada con una sonora ovación: la gente aplaudió y zapateó. Rattle volvió a felicitar a los músicos, dio un beso en la mano a la concertina y caminó hasta la fila de contrabajos para abrazar al solista. Los aplausos seguían y los niños celebraban.

El director inglés volvió al podio con un micrófono y pidió al público que gritara “mambo” con los niños. Hizo una breve demostración con la orquesta para practicar. Luego, comenzó a sonar el Mambo de Bernstein. Rattle dirigió música y baile de la Infantil. La sala coreó con ellos. Pura emoción. De nuevo de pie, ovacionaron a la sinfónica. Rattle los volvió a felicitar y bajó al público para abrazar al maestro Abreu. Seguían los aplausos. El director regresó al escenario y repitieron el Mambo. Toda la Felsenreitschule estaba contagiada con la jovialidad de los venezolanos.

Terminaron con los instrumentos en alto, celebrando. El público no se retiró ni dejó de aplaudir hasta que salió el último músico del escenario.

Después del concierto, en el lobby de la Felsenreitschule, se sentía el estremecimiento del público. Algunos todavía lloraban. Otros afirmaban que fue un concierto emocionante y una ejecución perfecta. Todos comentaban. Con lágrimas, Marina Mahler, nieta del compositor,  habló de la interpretación de la primera de Mahler: “Esta es la más hermosa de todas las que he escuchado”. “Aún no me lo creo”, dijo Jesús Parra con una sonrisa. “No tengo palabras. Fue increíble. Nosotros trabajamos para esto”.

Rattle confesó que tuvo que contener las lágrimas. “Podías cerrar los ojos y sentir que esto era sublime. Fue una experiencia maravillosa. Tienen que estar orgullosos”.