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Octavio Lepage y Javier Conde se reúnen en una charla titulada La conjura final

Javier Conde / William Dumont

Javier Conde / William Dumont

"La lucha por la democracia es una tarea permanente de la sociedad venezolana", dice el periodista

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El momento es propicio para la lectura de los errores políticos cometidos por los venezolanos en otras épocas y, junto con La rebelión de los náufragos de Mirtha Rivero, la extensa entrevista La conjura final. Octavio Lepage: 60 años de lucha política (Alfa, 2012), firmada por Javier Conde, resulta un libro necesario para entender la debacle política del país en las postrimerías del siglo XX, que allanó el camino de la llamada revolución bolivariana.

Se trata de una larga conversación dividida en 16 capítulos que agrupan por tema la presencia en la historia nacional, a través de la anécdota menuda, de quien fue ministro de Interior durante los períodos de Carlos Andrés Pérez y de Jaime Lusinchi y que durante seis décadas militó en el partido Acción Democrática.

Pero el libro es más que la experiencia de Lepage, es también un recuento de la historia de AD y de su influencia en la construcción del país, desde su fundación hasta el presente.

"Observó desde primera fila el declive progresivo e indetenible de la sociedad que imaginaron, en el exilio y de vuelta de tanto fracaso y tanta espera, Rómulo Betancourt ­especialmente­, Rafael Caldera y Jóvito Villalba", escribe Conde en la introducción.

El político y el periodista. Conde ­que actualmente dirige el diario 2001­ conoció a Lepage en 1983, cuando el político nacido en Anzoátegui en 1923 era jefe de campaña de la candidatura de Lusinchi. Entonces ninguno de los dos se imaginaba que la influencia de AD sobre la vida del país terminaría por abrirle paso a un momento de absoluta crisis institucional.

Para Conde, Lepage no creía que su actividad política debía llevarlo necesariamente a ser candidato presidencial, pues nunca fue un líder de masas al estilo de Pérez u otros miembros de la dirección del partido como Claudio Fermín: "No tenía un peso propio, y refiere en el libro que nunca se dedicó a crear una parcela. En AD se habló del `betancurismo’, del `lusinchismo’ y del `perecismo’, pero nunca del `lepagismo’. Es una figura que se mantuvo en segundo plano, detrás de personajes como Betancourt y Pérez".

El texto plantea la visión "de un hombre de partido, no de un analista político", y permitió a Conde aprender a respetar el oficio de la política "con sus luces y sus sombras", pues Lepage le parece el ejemplo cabal de una generación de venezolanos que se dedicaron a hacer política con una visión de país.

"La lucha por la democracia es una tarea permanente de la sociedad venezolana. Como no se logró cabalmente en el pasado, la esperanza de una sociedad más justa marca la lucha política de todos estos hombres, tanto los adecos como los copeyanos y también los de la izquierda. Este libro hace una útil advertencia sobre el sectarismo y los grupos políticos que creen que su supremacía sobre la sociedad venezolana puede durar para siempre. Ningún partido tiene la potestad de la verdad, porque las verdades son móviles y cambian con el correr del tiempo", señala el periodista.

Enfatiza también que el advenimiento de Hugo Chávez y de la crisis institucional nacional no fue consecuencia únicamente de la erosión de la política y de los partidos tradicionales: "No se trata de que este pueblo esté marcado por lo trágico, como piensan algunos, sino de que se cometieron muchos errores.

No sólo fueron los políticos, porque también hay que reclamarle lo suyo a los medios de comunicación y a las élites económicas y sociales de este país. Por eso es importante lo que señala Lepage en la entrevista: que nuestras élites económicas no tienen el mismo compromiso con el país que se observa en otras naciones de la región. Y yo comparto ese pensamiento".