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La OSSB entregó noches de encantamiento

Gustavo Dudamel | Foto: Raúl Romero

Gustavo Dudamel | Foto: Raúl Romero

Con sus presentaciones los jóvenes músicos obtuvieron generosos aplausos y excelentes críticas

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El jueves por la noche la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar terminó su Gira latinoamericana por la vida y por la paz, que comenzó el 1° de abril y la llevó a Buenos Aires, São Paulo, Brasilia y Bogotá. Los 200 músicos de la agrupación, con el maestro Gustavo Dudamel al frente, ofrecieron un repertorio y una ejecución que emocionó, conmovió e impresionó a los espectadores de las 4 ciudades.

El Teatro Colón, en Argentina; la Sala São Paulo y el Teatro Nacional, en Brasil; y el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, en Colombia; fueron justos escenarios para las interpretaciones de la Sinfónica Simón Bolívar. Formaron parte del repertorio La consagración de la primavera de Stravinsky, La sinfonía Nº 5 de Beethoven, La noche de los mayas de Revueltas, el preludio del tercer acto de Lohengrin de Wagner, el final de la ópera Tristán e Isolda, también del compositor alemán, el “Alma llanera” de Pedro Elías Gutiérrez, La conga del fuego nuevo de Arturo Márquez, el Malambo de Alberto Ginastera y el consabido Mambo de Leonard Bernstein. Hubo bises de todas las piezas, que se alternaron en las presentaciones.

 

Un repertorio para conmemorar. Con algunas de las piezas que ejecutó, la orquesta se sumó al año de celebraciones musicales. Primero se festeja el centenario del estreno en París de La consagración de la primavera, una obra que, para Dudamel, tiene posibilidades infinitas y no pierde su carácter moderno. “Se escribió hace 100 años y mantiene esa modernidad que muy pocas piezas tienen. Cada vez que se toca se recrea, pero se recrea de una manera propia por la genialidad de Stravinsky. Ha sido, creo, la obra más polémica de la historia de la música”.

No es la primera vez que la Simón Bolívar interpreta la composición de Stravinsky; sin embargo, en esta oportunidad el maestro ve una diferencia fundamental: el crecimiento de los músicos. “Esta es una Consagración distinta a la que nosotros hicimos. Ahora la orquesta está en un nivel técnico mayor y la cohesión del grupo es más fuerte. Es una obra muy difícil, requiere una concentración muy grande. Técnica y artísticamente es bastante compleja. Creo que en la agrupación hemos logrado a través de los años un discurso muy personal. Después de madurarlo durante años, es maravilloso poder compartirlo”.

Además, este año se celebra el centenario del compositor alemán Richard Wagner. Para honrarlo, se escogieron fragmentos de dos obras suyas para los bises. En el concierto en Buenos Aires, Dudamel afirmó que la composición de Wagner resume la belleza: “Es muy difícil saber cuál es la música más hermosa del mundo. Cada una tiene sus particularidades. Pero el preludio del tercer acto de Lohengrin de Wagner es, quizás, la más bella”.

 

Sobriedad y elegancia. La Sinfónica Simón Bolívar logró que se agotaran las entradas a sus shows en todos los escenarios en los que se presentó. Dudamel fue tratado como una súper estrella en cada ciudad. Los niños y jóvenes que fueron seleccionados para recibir clases con los maestros de la agrupación los recibieron con admiración, agradecimiento y respeto.

La prensa local estuvo pendiente del paso de los músicos venezolanos antes, durante y después de los conciertos. Todas las críticas coincidieron en la excelencia, emotividad, calidad técnica y entrega de los artistas. Cada espectáculo fue calificado de oportunidad única para el público melómano.

Una vez concluidas las presentaciones, los espectadores obsequiaron largas ovaciones y pidieron más y más a los músicos. Luego, los periodistas se hicieron eco de la emoción vivida en los shows y el encantamiento que produjo la ejecución de la sinfónica. En Buenos Aires felicitaron su sobriedad y elegancia; en Brasil resaltaron la mezcla de calidad técnica, hipnosis y emotividad; y en Bogotá también se deshicieron en elogios. La agrupación sigue enamorando a la audiencia, pero ahora hay algo más: los niños que conmovían por su entrega y calidad ahora son maestros, maduraron. Lo señalado por su director es cierto. Los muchachos crecieron, y mucho. Se trató de un proceso único: una orquesta que se desarrolló y maduró junta, y que el año próximo cumplirá 20 años de trabajo en equipo. Ahora cosecha un merecido éxito y obsequia noches de encantamiento.