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Norberto José Olivar: Mi análisis es crítico y paranoico

Norberto José Olivar es el autor de la trilogía protagonizada por el profesor Ernesto Navarro | CORTESÍA NORBERTO JOSÉ OLIVAR

Norberto José Olivar es el autor de la trilogía protagonizada por el profesor Ernesto Navarro | CORTESÍA NORBERTO JOSÉ OLIVAR

En El fantasma de la Caballero el escritor se adentra en un crimen famoso de Maracaibo para desentrañar comportamientos de una sociedad. El autor busca acabar con los estereotipos sobre las ciudades 

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A Norberto José Olivar le gusta hacer conexiones desquiciadas, al menos eso dice sobre las historias que escribe. “Mi obra es producto de una investigación histórica. Luego viene lo entretenido, le aplico lo que llamo el método crítico-paranoico de análisis”, señala en referencia a lo que comúnmente se conoce como la búsqueda de la quinta pata del gato.

“Creo que los escritores siempre andamos tras eso. Es nuestro deber”, dice el autor de El fantasma de la Caballero, la más reciente novela del autor marabino que parte de la leyenda de Josefa Caballero, asesinada en el siglo XIX en la capital zuliana. El caso es uno de los primeros cangrejos de la ciudad, recuerda el autor, que usa el hecho para una historia que forma parte de la trilogía que tiene como protagonista al profesor Ernesto Navarro.

El escritor indaga en la ciudad gótica, fantasmal, sobrenatural. “Es esa Maracaibo que en la realidad tiene explicaciones muy verosímiles y cercanas a nuestra historia. La historia sobre un fantasma busca desviar la atención, el escrutinio ciudadano de lo ocurrido, al convertir el asunto en una leyenda. En mi obra trato de configurar una ciudad diferente a la que se ha vendido a los marabinos y al resto del país”, afirma sobre un crimen que tiene como principal sospechoso al poderoso juez Jorge Valbuena.

—¿A qué se refiere con la imagen de una ciudad que se le ha vendido a las personas?
—Hay un marketing sobre Maracaibo, de folleto turístico, que también se transforma en discurso de políticos y animadores culturales. Intenta construir una Maracaibo chistosa y alegre. Es el estereotipo que se tiene de la ciudad, pero eso ocurre en muchos lugares. No creo que esa sea una identidad muy especial. Esa creencia no permite conocernos bien. Todo mi trabajo intenta construir una Maracaibo distinta, lo que no implica que sea la única versión.

—Hay una intriga policial inquietante alrededor del asesinato de Josefa Caballero. Incluso, la casa en la que se sospecha que ocurrió el crimen tiene diferentes usos, como si buscara presentarla como un símbolo.
—Todo lo que se narra sobre la casa es cierto. Entró en una deriva en el tiempo. Finalmente, fue convertida en un museo, lo que parece ser su destino más estable. Una vez entré como incógnito y un guía dedicó más tiempo a hablar con los niños sobre el fantasma que de la capitulación de Francisco Tomás Morales. Esa casa refleja mucho cómo hemos tratado la historia. Tiene más valor en la leyenda. Además, dice mucho el devaneo en los usos que se le ha dado, el poco mantenimiento.

—¿Es su obra un producto de ese proceso de fermentación de la realidad?
—En el artículo que escribí en julio al respecto (“De qué hablamos cuando hablamos de la realidad”) uso lecturas lejanas a la realidad venezolana para hacer reflexiones sobre el problema político. Ahora, en mi obra he tratado de reflejar las percepciones y sentimientos que esa contrariedad provoca. En El fantasma de la Caballero hablo de un momento histórico pertinente a todos los venezolanos. La conversación sobre un hecho del pasado se transforma en una reflexión sobre la vida íntima.

—¿Qué es para usted la realidad?
—Cuando comencé a escribir cuentos y novelas era porque estaba completamente convencido de que la verdad era imposible. No había manera de certificar que lo que dices puede ser absolutamente cierto. Fue un choque que tuve con mis maestros de Historia. Para librarme y construir mi propia versión preferí la literatura. Hay que leer montones de novela para acercarse a la verdad.

—¿Quién es más sincero, un historiador o un novelista?
—Los dos pueden ser igual de sinceros o de mentirosos. El problema del historiador es cuando se cree científico; lo mismo pasa con la literatura, que no puede convertirse en guía de una sociedad, pero sin duda construye la memoria, que no necesariamente está constituida de hechos reales y fidedignos. ¿Qué sería de nuestras vidas sin el Quijote? Mucha gente no lo ha leído y tiene las claves como referentes de esa realidad. Se construye la memoria de un pueblo para que tenga sus referencias locales.

—¿Qué tan fácil es hacer una novela negra en un contexto como el venezolano?
—Creo que la novela negra es el género más llamado a coger vuelo en estos días. La realidad va a terminar imponiendo una mezcla entre novela negra y novela política, que podría ser interesante. Sin duda, desde el punto de vista literario, va a necesitar mucho trabajo. El problema es que cuando asumes los hechos de manera frontal puedes caer en el panfleto. Nuestros escritores han tenido mucho cuidado en eso. Creo que aún no terminamos de entender lo que está pasando. Sin embargo, hay cosas en los que estos elementos se cuelan.

—¿Enemigo de las redes sociales?
—Para nada. En absoluto. Prendo la computadora y me conecto a todo inmediatamente. Las redes, sin duda, van a cambiar nuestra estética sobre lo que es la prensa, la literatura y la lectura en general. Desde hace tiempo tengo un Kindle y ya disfruto de la estética en el aparato. Me costaba mucho.