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The New Yorker, el clásico de la Gran Manzana, cumple 90 años

<i>The New Yorker</i> es tan célebre por sus textos y viñetas como por sus portadas, ilustradas por artistas de todo el mundo / Cortesía El Comercio

The New Yorker es tan célebre por sus textos y viñetas como por sus portadas, ilustradas por artistas de todo el mundo / Cortesía El Comercio

La publicación de Harold Ross es considerada por los neoyorquinos como sinónimo de lectura de alta calidad

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Elegante, sofisticada, inteligente: The New Yorker, la revista que representa quizás como ninguna a la exigente clase cultivada de la Gran Manzana, acaba de soplar 90 velitas, un aniversario festejado con sobriedad, fiel a su estilo.

Fundada por el periodista estadounidense Harold Ross, The New Yorker empezó a publicarse el 21 de febrero de 1925 y actualmente tiene una circulación de algo más de un millón de ejemplares y una audiencia total estimada en 4,47 millones, según la editorial Condé Nast, su casa matriz.

Para los neoyorquinos, la revista es sinónimo de lectura de alta calidad, con su combinación de largos reportajes de investigación, ensayos, ficción y críticas en un centenar de páginas en las que se destacan sus viñetas.

Si bien su contenido está centrado en lo que ocurre en Nueva York y Estados Unidos, sus reportajes abarcan la actualidad mundial y por ello es también una referencia a nivel internacional.

The New Yorker es tan célebre por sus textos y viñetas como por sus portadas, ilustradas por artistas de todo el mundo y que son reproducidos y vendidos luego en todo tipo de formato.

Los 90 años fueron festejados con una doble edición, una velada en la prestigiosa universidad privada Cooper Union de Nueva York y la presentación del documental The New Yorker Presents, en asociación con Amazon.

Para la edición impresa de fines de febrero, la revista pidió a nueve artistas neoyorquinos, entre ellos Roz Chast, Carter Goodrich y Barry Blitt, crear su propio dibujo del famoso personaje mascota de la publicación, Eustace Tilley, un dandy con galera y monóculo que apareció en su primera edición de 1925.

Una audiencia exigente

El perfil de la audiencia del New Yorker no es mito: el 62% son graduados universitarios y el 41% profesionales. El 41% se encuentra en la franja de 18 a 44 años, según cifras de Condé Nast.

En la velada en Cooper Union, a la que asistieron unas 600 personas, en su mayoría suscriptores, cinco miembros del equipo de la revista contaron historias vinculadas con la publicación, entre ellos el dibujante Matthew Diffee, la escritora y periodista Larissa MacFarquhar y el editor David Remnick.

"¿Se dan cuenta que están cantando el feliz cumpleaños a un objeto inanimado", dijo al público Andy Borowitz, el presentador de la noche organizada junto al colectivo The Moth, apenas terminaron de entonar la canción en honor al New Yorker.

Una de las historias más originales fue presentada por la correctora y escritora Mary Norris, que trabaja desde 1978 en la revista, conocida por su obsesión estilística y sus particularidades gramaticales (como colocar una diéresis en palabras con doble vocal).

Norris relató con honestidad su envidia por los escritores y periodistas que publicaban en la revista mientras ella pasaba sus días en el anónimo departamento de corrección y estilo, hasta que finalmente le llegó el turno de ser aceptada por una editorial para publicar su primer libro.

De su lado, MacFarquhar se refirió a otra leyenda de la revista, el "verificador", encargado de chequear cada dato que será publicado para evitar errores o informaciones falsas.

Una vez por año, a principios de octubre, la revista celebra el The New Yorker Festival, que dura tres días y es presentado como una "celebración de ideas y artes", con la presencia de escritores, editores e invitados.