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"Muestro lo común de las cosas que Hollywood retrata como dramáticas"

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Las ideas son el motor que guía al colectivo Luceo, del que forma parte el fotógrafo estadounidense Matt Slaby, quien ha publicado sus trabajos en medios tan reconocidos como US News & World Report y Time. "Nuestro éxito se debe en gran medida a la flexibilidad y habilidad para crear ideas para hacer frente a los retos del presente. En 2012 la fotografía es ubicua; con 380 millones de imágenes producidas cada año, sobre todo mediante teléfonos celulares, lo que distingue a los fotógrafos es cómo piensan y presentan su trabajo", afirma en un correo electrónico el reportero gráfico que visita Venezuela gracias al Proyecto Trocadero, que lleva adelante Carlos de Castro y Roberto Mata Taller de Fotografía y que incluye un taller que dictará en el marco de las elecciones presidenciales, así como una charla abierta al público y una muestra fotográfica.

­Ha cubierto las elecciones en Estados Unidos. ¿Qué expectativas tiene con las venezolanas? ¿Qué le gustaría poder captar con su lente? ­He seguido la política en Venezuela durante más de una década y estoy fascinado con la fluctuación entre políticas socialmente progresistas como las misiones y cuestiones más centradas en el poder, como la eliminación de los impedimentos para la reelección indefinida. Lo que me interesa de cualquier cobertura política es su producción, su comunicación y sus (usualmente) flagrantes intentos por reducir asuntos complejos a divisiones políticas por medio del cuidadoso manejo de lo que los operadores políticos en Estados Unidos llaman "ópticas". Cómo el candidato es presentado, cómo es reproducido y diseminado el mensaje y cómo los temas son enmarcados tiene mucho que ver con cómo los poderes tratan de manejar a los profesionales que se encargan de la cobertura de estos eventos. Siempre he disfrutado apartando mi lente de las pancartas y de los gestos del candidato para enfocarme en la gente que rodea y produce el evento. Quiero que el espectador vea que hay una zona fronteriza donde la opulencia y proyección del poder da paso a gente corriente haciendo cosas corrientes.

­Antes, durante y después de las elecciones, dictará el taller práctico The Production of Politics: Making Personal Pictures in Impersonal Spaces. ¿Cómo realizar una aproximación autoral a un hecho tan público como unos comicios presidenciales? ­Tú puedes ser el autor de una visión única siendo consistente en tu aproximación al tema. Generalmente no fotografío noticias puras y duras para el consumo diario. Hago fotografías que captan el tono de un tiempo o espacio particular guiado por un eje vertebral conceptual. Para mí, la política no se trata de las "ópticas" que los candidatos nos proporcionan para fotografiar, sino de los fundamentos conceptuales acerca de cómo esas "ópticas" son producidas.

­El marketing político ha llevado a la estandarización de los códigos utilizados en las campañas electorales. Un ejemplo es el uso por parte de los candidatos del color azul, que según los expertos aporta credibilidad. Incluso el presidente Hugo Chávez, quien ha hecho del rojo el color que signa su proyecto político, suele vestirse de azul cuando se aproximan unas elecciones. ¿Cuál es la clave para lograr hacer fotografías distintivas en un ámbito tan dominado por la fachada como el político, en el que las imágenes son fuertemente controladas? ­Siempre hay un cierto fervor hacia los mítines y eventos políticos. Es deliberado, y el papel del fotógrafo es dilucidar si ese fervor existe para beneficiar la "óptica" del evento o si hay algo más profundo que eso. Lo que quiero decir quizá se puede ilustrar mejor con la toma de posesión de Obama. Su elección significó algo para la gente que sobrepasó las fronteras tradicionales de la política en Estados Unidos. Acabábamos de elegir al primer presidente negro en un país en el que buena parte de su historia social más oscura se debió a las divisiones raciales. Su toma de posesión reflejó el orgullo y el festejo social. Fue el acontecimiento más multitudinario realizado en Washington. Desbordó el National Mall y llegó hasta las calles circundantes con, literalmente, millones de personas. En ese escenario, el trabajo del fotógrafo es buscar imágenes que representen el gran significado social del evento más allá de la pompa y de la típica celebración. Lo contrario también es cierto: acontecimientos que carecen de algo excepcional eventualmente logran aparentar serlo y, en esos casos, también el papel del fotógrafo es descubrir imágenes que muestren que se trata de algo en esencia manipulado.

­Su experiencia como bombero del servicio forestal en el oeste de Estados Unidos y como paramédico en un servicio metropolitano de ambulancias, ¿cómo ha influenciado su fotografía? ­Esas experiencias me permitieron pasar mucho tiempo en situaciones de crisis y modificaron la lente a través de la cual veo el drama. Una de las cosas que subyace en buena parte de mi trabajo es la representación de lo común y banal de cosas que Hollywood retrata como dramáticas.

Muerte, heridos y destrucción son sorprendentemente comunes; forman parte de un ciclo natural. Lo único sobre lo que verdaderamente tenemos control es sobre cómo reaccionamos cuando estas situaciones ocurren y eso ha influenciado mi aproximación a la fotografía. En pocas palabras, no creo realmente en el melodrama. Estoy fascinado por la separación entre lo que Hollywood nos muestra y cómo son las cosas en realidad.

Por ejemplo, una persona que fallece en su habitación. Lo que siempre me ha sorprendido cuando estaba trabajando era cómo la vida continuaba justo al otro lado de la ventana, como si nada fuera de lo común estuviera sucediendo dentro. Y, en realidad, nada fuera de lo común sucedía. La muerte forma parte de un ciclo en el que existimos.