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El Miss Venezuela: el gran salto a la fama

El concurso es percibido como una oportunidad para salir adelante | Foto: Omar Véliz/El Nacional

El concurso es percibido como una oportunidad para salir adelante | Foto: Omar Véliz/El Nacional

Frente al televisor nacen las aspiraciones de muchas jóvenes del país que siguen viendo el Miss Venezuela como un trampolín profesional. Coronadas o no, saben que el concurso les dará proyección para desarrollar una carrera dentro o fuera del mundo del entretenimiento

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Las notas de “En una noche tan linda como esta” han acompañado los sueños de muchas niñas por varias generaciones. Y aunque no todas hayan logrado participar en el Miss Venezuela, a lo largo de sus 62 años el concurso de belleza se ha convertido en la meta de las jóvenes que se plantean salir adelante a punta de tacón, dietas, laca y maquillaje.

El estudio Miss Venezuela: su Impacto Simbólico en la Cultura Nacional Popular, realizado por la firma Hinterlaces en 2009, reveló que en el imaginario colectivo las candidatas del certamen representan a la mujer venezolana porque son bellas y emprendedoras. Y son vistas así especialmente por los estratos D y E.

“La gente percibe que las misses tienen que prepararse para triunfar en el concurso, que no es solamente belleza, sino que también tienen que ser inteligentes. Además, tienen que hacer sacrificios, como por ejemplo estar lejos de sus familiares. Y si ganan en los certámenes internacionales, tienen muchos más compromisos. Esto confirma los hallazgos que hemos hecho en otros estudios del marco de valores dominantes en la cultura nacional popular, que están asociados a la disciplina y la responsabilidad”, declaró Oscar Schemel a El Nacional en aquel entonces.

La encuesta también muestra que el concurso no es percibido como elitesco, sino como una plataforma para que las mujeres hermosas e inteligentes puedan triunfar.


Fábrica de éxitos. Superación es un sustantivo utilizado con frecuencia por las concursantes. El Miss Venezuela ha sido y es un trampolín que les permite a las mujeres que participan tener algo más que una banda y una corona.

La escritora Ana Teresa Torres, autora del libro Historias del continente oscuro, ensayos sobre la condición femenina, considera que en relación con el concurso se ha creado un mito por ser la belleza uno de los pocos campos en los que Venezuela triunfa internacionalmente. “A pesar de la crisis, mucha gente lo ve como una reivindicación”, agrega.

La psicóloga social Mercedes Pulido de Briceño indica que una de las claves para que el Miss Venezuela continúe siendo aspiracional es el éxito que han tenido algunas de las concursantes después del certamen. Hoy en día muchas de las que han desfilado bajo la batuta de Osmel Sousa tienen negocios y son reconocidas en diversas áreas que no están relacionadas con la industria del entretenimiento. “En Venezuela este concurso se interpreta como un elemento de ascenso con el que se puede aspirar a transformar la vida”, afirma. 

Gisela Kozak, quien escribió el libro Ni tan chéveres ni tan iguales, señala que hay mujeres que perciben el Miss Venezuela como una plataforma, que aunque está enfocada en la belleza puede ser usada para triunfar en otros ámbitos y así cambiar su vida. “Algunas concursantes han tenido carreras exitosas como modelos, artistas, empresarias. Para ellas fue una manera de llegar a tener visibilidad para comenzar su carrera con éxito. Eso ha sido así en montones de casos”, dice.


¿Quiénes pueden participar? De acuerdo con el censo realizado por el Instituto Nacional de Estadísticas en 2011, 50,3% de la población es femenina, lo que se traduce en 14.536.700 mujeres. De ese total, solo 16,07 % está en edad de participar en el concurso Miss Venezuela.

Esas 2.336.451 mujeres deben cumplir otros requisitos. El más importante es la estatura, que debe ser de 1,68 metros como mínimo. Según un estudio realizado por la Universidad Central de Venezuela, la mujer venezolana mide en promedio entre 1,58 y 1,63 metros.

Y aunque el físico importa, el origen social ya no tanto. Atrás quedaron los años en que los apellidos más frecuentes de las candidatas eran de familias adineradas. Ahora son cada vez más los grupos de participantes de diversos estratos sociales. Ejemplos sobran: Carolina Perpetuo creció en la parroquia El Valle, Veruzhka Ramírez era una niña en situación de calle en Táchira, Bárbara Palacios y Maite Delgado pertenecían a la clase media venezolana de los años ochenta.  

Casos como esos mantienen al Miss Venezuela como un concurso aspiracional. El sociólogo Tulio Hernández señala que hay síntomas que indican que todavía hay jóvenes venezolanas que sueñan con ser candidatas.

“Uno de ellos es la cantidad de escuelas y talleres donde se les enseña a las niñas, incluso provenientes de barrios pobres, las técnicas de modelaje y cuidado personal que les darán la base para aspirar a ser concursantes”, agrega.

Pulido señala que las expectativas en cuanto al certamen ya no están circunscritas a una clase social, sino que están planteadas con base en las aspiraciones y capacidades de quienes desean ponerse bajo las órdenes de Osmel Sousa.

Torres asegura que muchas de las participantes apuestan a los beneficios económicos que genera el concurso.


La belleza se gerencia. La popularidad del concurso y la cantidad de coronas obtenidas por las representantes del país en los certámenes internacionales hacen de la Organización Miss Venezuela una de las empresas nacionales más exitosas de todos los tiempos. Su fama, que crece con el paso de los años –y atrae a mujeres de otros países que vienen a perfeccionarse en la quinta rosada– se debe entre otras cosas a la visión de su presidente, Osmel Sousa.

Hernández señala que el llamado “zar de la belleza” se ha convertido en un símbolo de desarrollo empresarial. “Ha usado técnicas de mercadeo para lograr el posicionamiento de las misses venezolanas en el ámbito internacional. Se ha creado una matriz de opinión de que estas coronas son un logro detrás del cual hay mucho trabajo. Que el mismo Sousa sea imagen de su propia iniciativa es la prueba de su éxito”, indica.

Kozak piensa que el  presidente de la Organización Miss Venezuela ha creado una industria en torno a un modelo de belleza exportable “Hay que reconocer que Osmel Sousa es un extraordinario gerente. Podrá ser muchas otras cosas más, pero es un gran empresario. Creó una fábrica de belleza e hizo de ella un modelo de negocios. En una oportunidad, Manuel Silva Ferrer, investigador del Ininco, dijo que él consideraba que Osmel y José Antonio Abreu eran los gerentes culturales más exitosos de Venezuela”.