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Entre rural y urbano: Mirtha Rivero cuenta el siglo XX en nueve crónicas

Mirtha Rivero crea un subgénero en el que sus memorias se hilvanan a la crónica y los relatos de vida de casi una decena de personajes | Foto: Samuel Hurtado

Mirtha Rivero crea un subgénero en el que sus memorias se hilvanan a la crónica y los relatos de vida de casi una decena de personajes | Foto: Samuel Hurtado

Historia menuda de un país que ya no existe rescata anécdotas de todas partes de Venezuela

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De los reportajes de Mirtha Rivero pueden decirse muchas cosas; puede hablarse, por ejemplo, de la precisión de sus datos o de la agudeza de sus análisis; puede, también, hacerse hincapié en la emoción que le imprime a sus escritos, que es propia de quienes no se encuentran a sí mismos si no es “empujando las teclas de una máquina”. Pero lo que fundamenta sus obras se sabe con sólo leer sus títulos: es su obsesión con el pasado.

Como John Steinbeck en Las uvas de la ira (1939), Rivero se pregunta constantemente: “¿Cómo sabremos de nosotros si no tenemos pasado?”. Por eso esta frase es uno de los epígrafes de la colección de crónicas que presentará mañana en la Feria del Libro de Baruta, Historia menuda de un país que ya no existe (Alfa).

La obra reúne en nueve capítulos crónicas de diez personajes de la vida cotidiana de Venezuela provenientes de diferentes partes de la geografía nacional, con el objeto de contar a través de seres sencillos, lejos de las grandilocuencias y las epopeyas, la historia del país. Y, al final, la vida de la propia autora se ofrece como anécdota.

La periodista que en la década de los años noventa fue redactora y jefe de información de El Diario de Caracas, fundado en 1979 por Diego Arria y Tomás Eloy Martínez, ha pasado dos décadas tratando de ver cómo Venezuela terminó convirtiéndose en la República Bolivariana. Y sus lectores lo aprecian, pues La rebelión de los náufragos (2010), su reportaje sobre la caída en desgracia de Carlos Andrés Pérez durante su segundo período presidencial, ha vendido alrededor de 30.000 ejemplares.

Primero los últimos. Historia menuda es un proyecto anterior a La rebelión, aunque se publicara después. Rivero se dedicó a investigar las historias que integran el libro entre 1998 y 2001. Entre el año de la primera huelga general contra Hugo Chávez y 2006, cuando este fue reelegido Presidente, Rivero escribió las crónicas, las engavetó y las volvió a sacar para editarlas. En ese período también se mudó a México y comenzó su gran reportaje sobre CAP.

Si Historia menuda sale ahora no es porque la autora crea que va a serle más fácil vender este libro luego del éxito de La rebelión, sino porque no estaba segura de querer publicarlo: durante años fueron ejercicios para paliar sus nostalgias.

“Después de uno de los viajes que hice a Venezuela, llegué a México muy cargada porque no encontraba el país que recordaba. Estaba trabajando en La rebelión, pero me detuve. No tenía sentido. ¿Cómo podía todo haber cambiado tanto? Entonces fui a la gaveta donde tenía guardado el manuscrito de Historia menuda y lo releí para encontrar la nación que había dejado atrás. Luego, decidí agregarle un hilo conductor, como me había aconsejado Sebastián de la Nuez. Lo terminé en diciembre de 2006”, cuenta Rivero sobre el ejercicio que le devolvió el pasado en un momento “en el que la nostalgia y el sentimiento de pérdida eran enormes”, como escribe en el prólogo de la obra, titulado “Una cuenta pendiente”.

Lo que la periodista llama “hilo conductor” es una serie de crónicas íntimas que anteceden a las historias de cada personaje y que la vinculan a ella con cada uno, describiendo qué motivos personales o profesionales la llevaron a interesarse por sus anécdotas. Así, inadvertidamente, Rivero crea un subgénero en el que sus memorias se hilvanan a la crónica y los relatos de vida de sus entrevistados.

Por su formación y por la singularidad de las cruzadas periodísticas que se propone, Mirtha Rivero es una de las pocas representantes de aquel género que una vez en Estados Unidos se llamó Nuevo Periodismo y que en El Diario de Caracas, quizá por la estela que dejó Tomás Eloy Martínez al partir, se convirtió en una especie de utopía profesional. Por eso sus libros son necesarios: no sólo porque recuerdan cómo fue Venezuela, sino también porque describen qué significaba ser reportera en aquel país que ya no existe. Eso, para las nuevas generaciones de periodistas, no tiene precio.

Sobre el oficio: reportera de corazón

El periodismo es parte de la vida de Mirtha Rivero desde la niñez. En 1959, a los tres años de nacida, su familia se mudó al edificio Últimas Noticias, donde funcionaba el periódico homónimo; por eso, en los sueños de su infancia se escuchaba “el alboroto de las camionetas en la madrugada cuando salía la edición del periódico”.

Quizá esa sea la razón por la que nunca ha podido separarse del oficio que ha sabido convertir en arte. No sólo trabajó en El Diario de Caracas, también lo hizo en revistas como Dinero y Contrabando, y fue columnista de los periódicos 2001 y El Universal. Ahora que vive en Monterrey colabora con la publicación Emeequis.

Presentación de Historia menuda de un país que ya no existe
Mañana, 4:00 pm
Feria del Libro de Baruta, plaza Alfredo Sadel, Las Mercedes
Palabras de Federico Vegas