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Inés Quintero: “Miranda no apeló a la polarización”

Quintero ya había escrito sobre Miranda para la Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional | Williams Marrero

Quintero ya había escrito sobre Miranda para la Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional | Williams Marrero

La historiadora Inés Quintero enriqueció su primera biografía de Francisco de Miranda, editada en 2006

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De lectura amena y afable, Inés Quintero logró con El hijo de la panadera un acercamiento más humano a la vida del Generalísimo Francisco de Miranda, un personaje al que quiso volver con más detenimiento luego del trabajo que hizo para la Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional, a solicitud de Simón Alberto Consalvi.

La distancia entre ambas biografías le permitió sedimentar mejor sus ideas y hallazgos. Aquí desarrolla con más detalle distintos aspectos de su vida personal, su actuación en la Revolución francesa y el polémico episodio de la entrega de Miranda por parte de Bolívar.

— ¿Se casó con Miranda?

— Con Miranda no hay forma de casarse porque anda muy realengo siempre.

— ¿La portada del libro ya es una revelación?

— Descubrí esa imagen gracias a la curadora colombiana Beatriz González y desde entonces supe que era la foto que quería para la portada del nuevo libro. Me pareció fabulosa.

— ¿Con el título del libro pretende marcar el signo trágico de la vida de Miranda?

— No tengo la menor duda de que lo que determina su partida de Venezuela fue el episodio de discriminación que vivió su padre por parte de los blancos criollos que cuento en la primera parte del libro. En Caracas sería siempre el hijo de un canario y una panadera. Cuando regresa 40 años más tarde, su trayectoria enjundiosa ha sepultado ese origen, pero es coherente que hayan sido los descendientes de aquellos los que terminaron por entregarlo a España, aunque hay que aclarar que no por las mismas razones.

— ¿Qué les desagradaba de Miranda?

— Su formación militar, su mundanidad y su sentido de la autoridad que no admitía titubeos.

— En el libro hace referencia a la divergencia entre los historiadores sobre el papel de Bolívar en la entrega de Miranda…

— Si Bolívar no hubiera estado allí, todos habrían dicho que al pobre viejo lo traicionaron sus compañeros. Hay que entender que el momento estaba lleno de todo tipo de intrigas políticas. Si bien todos sabían que su prisión no iba a ser fácil (Miranda era el enemigo número 1 de España), cuando él mismo escribe sobre su prisión jamás emite juicio contra nadie. Eso habla muy bien de él. Deja claro que el enemigo era la monarquía.

— Tuvo la oportunidad de visitar La Carraca. ¿Cómo fue la experiencia?

—Yo amo Cádiz y tuve la oportunidad de ir mientras estaba en proceso de producción del libro. Tomé un taxi y me lancé para allá con mi esposo como quien va a Fuerte Tiuna. Cuando llegué los oficiales me preguntaron a cuenta de qué yo quería entrar allí. Me informaron que muchos venezolanos van con el mismo cuento. “Este no es el Arco del Triunfo, señora”… Me quedé con las ganas. Pero durante otra estancia en España contacté a una profesora de la Universidad de Cádiz y nos hizo el puente. El cuarto está ruinoso mas no caído, pintado de blanco. Tiene un catrecito con una bandera de Venezuela, flores plásticas y algunas placas del gobierno. Tenía la emoción, la sorpresa de ver aquello destruido, pero me estremecí con las ventanas. Una lateral y otra en la parte trasera desde donde se ven unas marismas. Fue muy emotivo ver el mismo paisaje que veía Miranda cuando estuvo allí.

— En el libro desarrolla con detalle el carácter seductor de Miranda…

— Era un tipo ultradelicado. Un exquisito. Se hizo llamar el conde Miranda. Imagínate. Lo curioso es que no tenía fortuna. No sé cómo hacía para darse esa vida tan extraordinaria. Aunque las erogaciones que hizo el gobierno inglés fueron sumas importantes y lo que recibió de Catalina de Rusia tampoco fue despreciable, no hay relación entre su patrimonio y su estilo de vida. Igualmente, por muy hijo de la panadera que fuera, tenía una cultura, unos hábitos, una dinámica, una práctica, unas expectativas que no comulgaban con que todos fuéramos iguales. Fue un tipo que vivió y se nutrió de la vida cortesana.

—¿Quedó flechada por Miranda?

— Despierta pasiones, pero como historiadora tuve el gran reto de establecer distancia porque personajes como él terminan apropiándose de la historia y para mí fue muy importante saber que el libro lo iba a escribir yo y no él.

— ¿Qué viene a decirnos El hijo de la panadera en este momento histórico que vive Venezuela?

— Nos habla de la integridad política de Miranda. Estuvo preso en la Revolución francesa, en el templo de los jacobinos, y nunca apeló a la polarización. Cuando fue prisionero en 1812 reclamó que se estaba violando la propia Constitución de la monarquía española porque hubo una capitulación que no fue respetada. No recurrió a la confrontación sino a la ley. También rescato su tenacidad y esfuerzo, más allá de sus errores políticos. Su contexto político era muy conflictivo y pese a ello se mantuvo apegado a sus principios, valores y convicciones.

— ¿En qué está trabajando ahora?

— Estoy muy preocupada por el tema de la enseñanza de la historia. Escribí un ensayo corto para Prodavinci.com sobre los libros de la Colección Bicentenario. Asimismo, tengo en proyecto escribir la historia sobre la lucha de los venezolanos por enfrentar el autoritarismo. No echar el cuento desde el poder, sino del otro lado de la talanquera. Este 5 de Julio estamos promoviendo que se celebre como el Día del Ciudadano. Vamos a apropiarnos de la fecha para celebrar actividades de reforzamiento de la ciudadanía junto con la Fundación Cultural Chacao. Estén pendientes de la programación. Es una causa histórica.


@joseluisavila21

jlavila@el-nacional.com