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Miguel Gomes: Los pícaros buscan la supervivencia

Miguel Gomes presentó su libro en Caracas y en la Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo | FOTO: Manuel Sardá/ Archivo

Miguel Gomes presentó su libro en Caracas y en la Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo | FOTO: Manuel Sardá/ Archivo

El autor venezolano residenciado en Estados Unidos vino al país para presentar su primera novela: Retrato de un caballero, la historia de un personaje libertino en una trama con guiños a los relatos policiales 

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Las maletas estaban hechas. Miguel Gomes ya no tenía por qué preocuparse del equipaje, que tampoco era mucho. Solo esperaba las horas para abordar el avión que lo traería el viernes a Venezuela desde Estados Unidos.

No venía desde 2013. Esta vez lo hace para presentar su primera novela: Retrato de un caballero (Seix Barral) en la librería Lugar Común y en la Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo. “Es la primera vez que me entrevistan por teléfono. Es como hablar con un amigo”, dice el escritor y profesor de español en la Universidad de Connecticut, ciudad en la que reside.

Se acaba de enterar por Internet que le otorgaron el Premio Nobel de Literatura a la bielorrusa Svetlana Alexievich. Confiesa que no la conocía.
Retrato de un caballero está compuesto por tres relatos, protagonizados por Lucio Cavaliero. “Son las memorias de un individuo confuso, humano, que trata de encontrar su camino pese a sus propios errores. El contexto en el que se desenvuelve es el horizonte que crea para los venezolanos esta dispersión en la que estamos. Se siente el deterioro de lo que debería ser el centro”, indica el autor.  

—Son varios cuentos y críticas de su autoría. ¿Qué lo motivó a escribir finalmente una novela?

—Cuando empecé a publicar cuentos, muchas personas se me acercaron y decían que no parecían relatos míos. Me veían como una persona muy seria y lo que escribía lo consideraban libertino. Cuando se repitió el comentario me empecé a preocupar, entonces apareció este personaje, Lucio Cavaliero, el protagonista, que cultivé en la imaginación como un amigo impertinente. Anoté sus comentarios y pensamientos. Se armó esto tan largo, que no era un cuento. No había remedio, me convertí en novelista.

—¿Cómo es la personalidad de este personaje?

—Lo veo con distancia, a pesar de ser una narración en primera persona. No me identifico demasiado con él, pero me fascina lo cambiante que es. Comienza como un adolescente eterno, pese a ser un hombre maduro. Me atrajo el cambio que se podía producir cuando se reencontrara con su padre. Pensé en el hecho de que Lucio es venezolano. Me impresiona cómo las imágenes de lo paterno siempre han servido para manipular, la paternidad tanto intelectual como colectiva, tergiversada.

—Los historiadores podrían llamar caudillo a esa figura paterna.

—Exacto. Finalmente Lucio se encuentra con un padre real, con defectos. Eso lo cambia y transforma. Esta novela tiene muchas similitudes con la picaresca española.

—¿A qué llama usted picaresca española?

—Me parece que el pícaro es una de las más importantes invenciones de la novela en lengua española. Son personajes imposibles de encajar en los moldes de la bondad o la maldad. Es inocente para ser malo y demasiado malo para ser bueno. Eso acercó nuestra literatura al realismo.

—¿La picaresca es positiva o negativa en un colectivo?

—Es una pregunta abierta. No es lo uno ni lo otro, sino una estrategia de supervivencia cuando obviamente las sociedades no te dan los materiales necesarios para vivir con dignidad.

—¿El contexto en el que se desenvuelve Lucio es el caldo de cultivo de la situación actual?

—El problema de Lucio y otros personajes como él, que están al margen de lo que debería ser su lugar de permanencia, es que el presente no les permite vivir donde quieren. Hay que ser venezolanos en términos del futuro. Es la experiencia del margen.

—¿Hablamos de una cualidad del venezolano que se basa en el deseo?

—No generalizo tanto. Por suerte no hay el venezolano, sino muchos  venezolanos. Sin embargo, creo que es un común denominador, tenemos una sensación de suspensión. Estamos cada día, como diría Gisela Kozak, reinventando siempre el país. Antes lo llamaban portátil. Ahora por la emigración parece un país aéreo.

—En la feria de Carabobo habló de los desafíos actuales del libro. ¿Cuáles son?

—Tenemos que pensar que el libro, como lo entendemos hoy, es un fenómeno relacionado con la modernidad y el capitalismo. Con esos dos horizontes tenemos rato para conversar. Si piensas que la modernidad es la constante invención de lo nuevo, el libro impreso ha contribuido a la circulación del conocimiento. Para que haya modernidad, debe existir lo nuevo; para que exista lo nuevo hay que inventar lo viejo. En estos momentos, el libro está cayendo en la categoría de lo viejo.