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Miguel Gomes: “El personaje ante todo”

Miguel Gómes | Foto: Manuel Sardá

Miguel Gómes | Foto: Manuel Sardá

El camino por recorrer como metáfora de la vida humana está presente en cada cuento de la colección

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Julieta en su castillo de Miguel Gomes presenta un motivo que retoma siete veces en los relatos allí compilados: la relación entre la expansión del mundo individual y la visión de la vida como camino.

En la publicación que inaugura el catálogo del sello Artesano Editores, aunque quiso analizar la imagen del caminante compulsivo, Gomes trasciende la analogía proponiendo un giro en la interpretación del cuento, un género tradicionalmente manejado por la anécdota y no por el personaje. El autor sustenta el relato –que es la forma narrativa que disfruta escribir– no en el efecto sino en la descripción de protagonistas definidos por sus circunstancias. Y ello es un tropo interesante, no sólo en la literatura nacional sino en la escrita en castellano, que ha venido a obsesionarse últimamente por lo extremadamente anecdótico.

“El interés está en el personaje y sobre todo en la creación de una voz. Me aburre oír la fórmula de que el cuentista debe contentarse con la anécdota y no ahondar en la psicología de sus criaturas. Esa fórmula no sirve para explicar los relatos que más admiro de Margaret Atwood, John Cheever, Joyce Carol Oates, Jhumpa Lahiri o incluso varias de las obras maestras de Julio Ramón Ribeyro”, explica quien ganó dos veces el Concurso de Cuentos de El Nacional.

 

El exiliado como personaje. Desde 1989, Gomes vive en Estados Unidos; por eso, ese país y el que dejó atrás son constantes en sus relatos. Pero lo que es impresionante es que la estética de sus textos se mantenga tan cercana a Venezuela.

“Fui reconociendo las urbanizaciones mientras glosaba aquí y allá los cambios para peor, aunque me esforzara en no sonar monótono. La suciedad y el abandono me hartaron; de la tristeza me abstuve de hablar, suponiendo que Gabriel había tenido una sobredosis”, escribe en “Australia”, un cuento en el que un hombre vuelve a Venezuela para desmantelar la casa paterna y que, en la obsesión de su hermano por emigrar, encuentra las imágenes de su propia soledad. Para Gomes, ese narrador se desprendió del mundo en que creció, por lo que nunca salió realmente de Caracas aunque lleve años fuera. El tema le es familiar al venezolano hijo de portugueses: “Migrar es una fuente de identidad”, asegura.

Por eso es que su literatura se construye sobre retazos de ausencia y presencia. “La narración es indisociable de cierta óptica originaria que existe en la lengua española que aprendí en Venezuela. Incluso cuando mis personajes no son de allí los construyo a partir de las diferencias que existen entre su habla y esa que para mí es la fuente de mi vocación literaria”, apunta.

El también crítico literario no está de acuerdo, sin embargo, con que lean sus textos exclusivamente como metáforas del país: “El personaje ante todo. Pese a que estamos viviendo tiempos difíciles en Venezuela, los peores retos son siempre los del alma. La gente puede llegar a ser muy infeliz en sociedades prósperas o estables, y lo contrario es igualmente posible: hay momentos de iluminación y felicidad en los entornos más deteriorados”.

Por su conexión con la realidad del país donde nació y se crió, por la profundidad de su análisis de la sociedad donde habita y porque cada anécdota de sus relatos es una alegoría que puede leerse a través de múltiples claves, los cuentos de Gomes comienzan a inscribirse en la universalidad.