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Martín Morales fusiona paisajismo y cinetismo

Los paisajes de Morales capturan la luz y generan movimiento | FOTOS MANUEL SARDÁ

Los paisajes de Morales capturan la luz y generan movimiento | FOTOS MANUEL SARDÁ

El artista presenta una serie de pinturas y esculturas inspiradas en la naturaleza y el Sol

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Quien observa los paisajes de Martín Morales tiene la impresión de estar mirando a través de una celosía. Ello se debe a que las líneas horizontales forman parte de la composición. El pintor y escultor oriundo de Canaguá, Mérida, fusiona en sus obras cinetismo y paisajismo, dos de las corrientes artísticas con mayor tradición en el país.

Tenía tres lustros sin exponer de manera individual en Caracas. A partir de mañana lo hará en los dos pisos de la galería Dimaca. Casar dos lenguajes artísticos aparentemente opuestos ha sido un proceso que le tomado un par de décadas. “Me di cuenta de que el arte es un río con muchas vertientes y todas llegan a un mismo mar: el conocimiento. Mi primera fase fue de paisajista de bodegones, de obras figurativas. Luego hice un estudio de la geometría, del arte cinético, y después de haber dejado los planos de color, los cubos y esos elementos que realizaba en acrílico comencé a buscar otros espacios. Quise mezclar los códigos”.

Morales partió de un estudio de la forma y el color. Sus primeras obras geométricas lo condujeron a un taller en San José de Costa Rica, donde empezó a trabajar la línea. “Estudié su transparencia, las planteé onduladas o yuxtapuestas y ello me permitió generar movimiento, un efecto óptico, cinético. Sin embargo, constantemente volvía a sentir la necesidad de desprenderme de lo matemático y racional para observar la abstracción en la propia naturaleza, que lo contiene todo”.

El resultado es una visión muy personal y un tanto ensoñadora de autanas, tepuyes y montañas como el Ávila. A partir de la acumulación de líneas de colores, el artista compone paisajes cubiertos de niebla, que más que a la certeza de un territorio remiten a una atmósfera particular. “Para mí el paisaje es universal y encontré la posibilidad de llevarlo a la línea, primero en la serigrafía y luego en la tela. Vivo en Tovar y he crecido entre montañas, ese es mi paisaje, el que llevo a la pieza”, indica.

Uno de los aspectos clave en la obra de Morales es el manejo de la luz, que parte de una observación directa del Sol y sus tonos dorados y naranjas, que bañan literalmente el espacio pictórico. “Sin otra mediación que las siluetas de los paisajes que le sirven para desplegar la vasta gama cromática que sus rayos pueden crear: las montañas del macizo central y su emblemático cerro Ávila, la Sierra Nevada y las imponentes montañas de los Andes, el macizo guayanés y los lejanos tepuyes… Todas las montañas del mundo caen bajo su luz, que es la del Sol presente”, escribe el curador Juan Astorga en el texto de presentación de la muestra.

Sin embargo no siempre fue así. El artista cuenta que su primera fase fue totalmente blanca, casi transparente, velada. Luego lo fue atrapando el Sol: “Cuando salimos, como hicieron los impresionistas, lo hicimos para buscar la luz real, pero encontramos que es efímera. Eso es lo que me interesa. Ese proceso llegó hasta los cinéticos y yo me quedé con la espinita, preguntándome por qué no se podía atrapar la luz en el paisaje".

La aproximación al paisaje propuesta por Morales no es exclusivamente pictórica. El artista experimenta con esculturas realizadas en roca y metal. Algunas de ellas están policromadas y aluden al Sol, otras remiten a la lluvia. “Los paisajes de Morales, como los de los impresionistas, no son los de la materia sino los de fuerzas energéticas puestas en movimiento”, indica el crítico Adolfo Wilson.



La luz propia de Martín Morales

Inauguración: mañana, 11:00 am

Galería Dimaca, avenida Andrés Bello con segunda transversal de Los Palos Grandes

Horario: lunes a viernes, de 9:00 am a 12:30 pm y de 2:00 pm a 6:00 pm; y sábados, de 9:00 am a 2:00 pm

Entrada libre