• Caracas (Venezuela)

Escenas

Al instante

Mario Morenza: Estudiar la literatura es conocer más nuestro país

El autor opina que es posible tener un acercamiento más efectivo a la historia de Venezuela si se leen novelas como "Las lanzas coloradas" de Arturo Uslar Pietri, en lugar de libros teóricos. Para este fanático de Peter Gabriel y David Bowie el internet no va a desaparecer el papel, por el contrario, se complementarán 

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Mario Morenza es un confeso amante de la literatura y el rock. Se le puede imaginar en un parque leyendo Crónicas marcianas de Ray Bradbury mientras escucha “Comfortably numb” de Pink Floyd. O en el Metro de Caracas haciendo maniobras para lograr prestar atención a la lectura sin que se le arruguen las hojas del libro entre el ajetreo y la muchedumbre.

Usa lentes grandes y habla pausadamente y, cuando de buenas lecturas se trata, la tertulia podría profundizarse en cualquier autor y pasaría la tarde entre uno y otro, no importa si es venezolano, latinoamericano o de cualquier otro país.

Considera que el papel no será desplazado por el auge del internet, aunque opina que es una gran herramienta para difundir la literatura y los narradores emergentes. Su argumento es que leer en una computadora cansa la vista y que tener un libro en las manos genera un nexo insustituible.

Morenza prefirió la ficción desde pequeño, para él esta puede ser una mejor herramienta para conocer un país, y argumenta al citar La teoría literaria de Wellek y Warren, a quienes define como un “dúo dinámico”: la literatura, en sí misma, es el alma de una nación.

Menciona, además, la diferencia que hay entre leer Las lanzas coloradas de Arturo Uslar Pietri y cualquier texto teórico sobre la historia de Venezuela. La imagen que legó el ganador del Premio Príncipe de Asturias sensibiliza al lector por su dura forma de mostrar solo un fragmento de la Independencia. 

Este fanático de Peter Gabriel es docente investigador en el Instituto de Investigaciones Literarias de la UCV, magíster en literatura venezolana y narrador, aunque en su Twitter se define como “obrero de la literatura”. Ha publicado Pasillos de mi memoria ajena (Monte Ávila Editores) y La senda de los diálogos perdidos (Equinoccio). También puede ser leído en el portal Letralia.

¿Como profesor de literatura, docente investigador y narrador, ves especial interés hacia la literatura en la actualidad?

Ciertamente sí. Me ha tocado dar talleres en distintos puntos de la capital, tanto en la UCV como en la Escuela de Escritores o en el Celarg. Y uno ve bastantes profesionales que quieren explayarse. Le buscan un sentido a la vida a través de la literatura. Porque uno busca en este arte los libros – respuesta. Uno explora en la narrativa y en la ficción aquellas respuestas que quizás la misma realidad no nos puede dar. O nos negamos a leerla en la propia realidad.

En mi educación siempre estuve más interesado en la ficción. En la literatura encontré más de lo que uno podría hallar en su propia vida, en la historia de Venezuela o en la prensa. Lo que sí encontré en los cuentos que mandaban esporádicamente en castellano y literatura. Por cosas del destino me imagino que también a muchas personas les ocurre lo mismo.

En la literatura, con los personajes, vives otra vida y a través de lo que le ocurre a estos personajes, de algún modo, consigues o buscas respuestas. No importa si lo que lees es de Albert Camus o Fedosy Santaella, porque son seres que viven en el mundo, que padecen en el mundo y que tienen los mismos problemas que uno.

La literatura es la historia de las emociones humanas, quizás, como yo y como muchas personas en esta ciudad tan caótica, buscamos más en este arte.

No todo el mundo se ha acercado a la literatura masivamente, pero sí creo que el internet nos ha colocado a un click de libros que puedes descargar, unos gratis y otros de manera pirata, sobre formas de explicar el mundo.

A mí me ha dicho más una novela como Las lanzas coloradas de la historia de Venezuela, acerca de la que, a lo mejor, cuando se escribió, algunos autores estaban encasillados en una corriente política de la época. En cambio esta prosa tan genial, tan hermosamente escrita por Arturo Uslar Pietri, me muestra desde las glándulas hasta los nervios de lo que pudo haber sido Venezuela.

Quién sabe, puede ser que ese mundo ficcional se acerca más al alma de los pueblos, como dicen Wellek y Warren, que publicaron un libro importantísimo llamado La teoría literaria, este arte en sí mismo es el alma de una nación. Estudiándola, conocemos más sobre nuestro país.

¿Tú crees que es necesario ser un intelectual para escribir literatura?

No, no. Quizás sensibilidad. Si alguien quiere ser escritor puede estudiar filosofía o teoría literaria para mejorar sus relatos.

Carlos Sandoval contó una vez en una clase que Herman Melville estuvo unos ocho años tratando de resolver una narración que estaba escribiendo. Creo que era un capítulo de Moby Dick. Si hubiera tenido más conocimiento sobre teoría literaria, habría resuelto este problema más rápido. Tardó ocho años, pero bueno, igual la novela es de las más reconocidas de la historia.

Muchos autores venezolanos no son licenciados en Letras. Por ejemplo, Federico Vegas es arquitecto. Uno se pone a buscar y muchos escritores son egresados o estudiosos de otras ramas del saber. Incluso hay como una legión de matemáticos, físicos y químicos de la Universidad Simón Bolívar: Luis Felipe Castillo es físico, Arturo Gutiérrez Plaza tiene estudios en Ciencias, José Luis Palacios es matemático y ha incursionado con bastante destreza en el mundo de la narrativa. Uno de mis autores favoritos es, de hecho, José Luis Palacios.

¿Cuál género de la literatura crees que más se lee?

Pienso que ensayos.

¿Sobre política?

Históricos, incluso. Por esa misma cuestión de querer conocer qué está pasando ahorita. Por supuesto, hay textos amarillistas que copan los primeros lugares de ventas. Pero también hay autores, como Elías Pino Iturrieta, que han avasallado todas las ventas en Venezuela o como en algún momento lo hizo Manuel Caballero. Son autores que se leen de manera constante. No digamos masivamente, pero están entre los más cotizados. Novelas históricas es otro género que la gente busca.

¿Por qué crees que no hay mucho interés hacia la ciencia ficción?

A mí me gusta mucho la ciencia ficción, aunque hay muy poco interés en ella. De autores, puedo citar algunos, Fedosy Santaella tiene relatos de ciencia ficción, pero aún no tiene un libro que reúna cuentos de este género. Pudiera decir que Las inéditas aventuras de Teófilus Jones es una novela distópica y tiene ápices de ciencia ficción.

José Urriola, también. Escritores, incluso, como Luis Britto García tienen relatos de ciencia ficción. Pero no es un género que se ha cultivado acá. Y, no obstante, uno ve a menudo ferias de ciencia ficción o los Comic Con. Hay una legión de lectores, pero tal vez en nuestra narrativa no se ha explorado mucho.

¿Es por los escritores o porque no se difunde?

Creo que no hay una gran cantidad de autores venezolanos como para asegurar que existe una tradición de literatura de ciencia ficción. Sí hay autores, desde luego, pero no con tanta profusión.

Uno puede rastrear ciertos relatos, por ejemplo, Juan Carlos Méndez Guedez tiene un cuento que se llama “Bradburyana”, que es en homenaje a Ray Bradbury. José Luis Palacios escribió un relato que se llama “Urbanos todos”, en el que hay máquinas para disolver puntos hamponiles. En dicha narración aparece un vehículo que explota si te lo roban.

Lo que se podría hacer es una antología y conseguir una buena cantidad de cuentos, pero un relato o una novela que sea la referencia de este género en Venezuela, pienso que aún no se ha escrito. Debería llegar en algún momento.

Quizás Carlos Sandoval hará la compilación de cuentos de ciencia ficción

Quién sabe. Él seguramente tiene una lista larga. No te puedo predecir si habrá historias de ciencia ficción a futuro, pero sí puedo vaticinar que en más de un relato venezolano o una novela aparecerán las colas, y no falta mucho porque hay autores que aprovechan el momento de un estallido social para publicar una novela.

¿Es favorable la situación del país para ti como narrador?

Uno quisiera que no existiesen los problemas. Porque uno también sufre. Bueno, frente a nosotros vemos una cola, y pienso en la que uno va a hacer la próxima semana porque se están acabando la harina pan, el papel sanitario, la leche o el café; que son necesarios cuando uno está trabajando. En algún momento eso va a fluir en un relato, sin querer, incluso. Pero, obviamente, uno desea estar en un clima social más templado.

Podría haber una historia de amor en una cola: dos chicos, que se conocen allí. Ella le da el teléfono a él, comparten y nace este relato en una cola.

Ya han aparecido temas de golpes de Estado fallidos, la tragedia de Vargas. Surgen en cada situación compleja. Como Balas perdidas, de Alberto Barrera Tyszka, en el que se narran los sucesos de abril de 2002. También en relatos de Miguel Gómes se relatan esos sucesos tan trágicos que ocurrieron.

En el futuro, seguramente habrá narraciones que abordarán el tema de las protestas estudiantiles del año pasado. Hasta podrían aparecer en la poesía. Aún no he leído un poemario que toque ese tema, pero seguramente está creándose o pensándose. Los poetas que tengan esa habilidad de sintetizar con pocas palabras la imagen de un momento así, yo lo admiraré mucho. Es una forma más elevada de la escritura, algo que para mí es inalcanzable. Me limito a escribir relatos; ficción, digamos.

¿Es más fácil para ti escribir narrativa?

Sí, aunque además escribo ensayos por mi trabajo como investigador. Me ha gustado porque de algún modo uno expone e informa sobre sus autores favoritos. Uno elige como tema de estudio a sus escritores predilectos. Por casualidad fue Miguel Gómes el narrador que seleccioné para trabajar en mi tesis.

También las temáticas, como el rock en la narrativa venezolana, que me gusta mucho. En ficción breve publiqué un ensayo en el que reflexiono sobre cómo estas dos formas de arte se vinculan muy estrechamente. Pronto saldrá un libro del Instituto de Investigaciones Literarias de la UCV que se llamará Prueba de sonido. El trabajo está constituido por Carlos Sandoval, Ángel Gustavo Infante, María Eugenia Martínez, María del Rosario Jiménez y Rebeca Pineda. Cada uno eligió un género musical para relacionarlo con literatura.

¿Tú escribes mientras escuchas música?

Sí, generalmente, pero en otro idioma. Porque si pongo a Gustavo Cerati podría influenciar en lo que escribo.

¿En qué idiomas?

En inglés mayormente.

¿Y música instrumental?

También. Soy desconocedor de la música clásica, pero si en algún momento llego a instruirme, puede que esta sustituya a Pink Floyd, Peter Gabriel, David Bowie, todos ellos; y me metería a oír Bach, Liszt, esos grandes de la música clásica. A lo mejor hasta escribiría mejor, me desconcentro menos. Cada quien busca sus maneras para esos breves y pocos momentos de creatividad.

Aunque uno está escribiendo siempre. Yo anoto en mi teléfono celular cualquier idea o frase, las ideas pueden llegar cuando se está en el Metro o haciendo una cola para comprar harina pan. Además, uno está constantemente pensando en lo que quiere escribir.

¿Qué opinas de la literatura en internet?

Se puede publicar ahora en blogs, y la gente te lee por allí. Estas herramientas no existían en la época de Adriano González León o Salvador Garmendia, cuando producían frecuentemente su narrativa. A lo mejor, si hubieran tenido uno, habrían cambiado sus formas de escribir. País pórtatil no sería una novela tan extensa, sino de capítulos breves.

¿Te has acoplado a la tecnología?

La verdad es que no. Ha sido difícil.

En Letralia está publicado un cuento tuyo, llamado “Vitrum”. ¿Es un relato acorde para internet?

No, no, para nada. Es largo para la web, pero me lo pidieron y lo envié.

¿En el futuro continuarán las publicaciones en papel, a pesar del internet?

Sí, claro. Van a convivir tanto el papel como la web. Cuando es un texto para internet, creo que piden que no superen las dos o tres cuartillas. Porque cuando se supera esta cantidad la gente se cansa. Uno tiene que acoplarse a eso. En colaboraciones recientes para revista Montero, un proyecto que es genial, invito a que lo visiten, el profesor Oliveros, poeta, me pidió cuatro páginas y yo produje ocho o nueve, así que tuve que modificarlo y obtuve más textos. Él tiene razón porque la pantalla cansa la vista. No es el papel, que ha sido un gran invento hasta hoy. Las computadoras seguramente se van a perfeccionar.

¿Por qué la gente debe leer literatura?

Eso es algo que uno siempre se pregunta. ¿Para qué sirve la literatura?, ¿para qué sirve escribir cuentos?, ¿por qué uno tiene esa necesidad? Yo no voy a ser millonario si escribo cuentos. Pero incluso uno amolda su rutina para escribir al menos dos horas, como si fuera un momento de meditación o parte de una religión fundamentalista en la que obligatoriamente debe leer y escribir.

La utilidad que puede tener este oficio es que a algunos los hace sentir mejor, a otros les da felicidad o se puede conocer qué se esconde detrás del velo de la realidad.

Cuando yo entré a la Escuela de Letras, Adriano González León nos preguntó para qué sirve la literatura y nos contestaba muy histriónicamente, como genial profesor que era: “Quizás la literatura no te ayude a comprar un vehículo, o no te dé las herramientas para curar enfermedades, o la tecnología necesaria para hacer el arma más poderosa y ganar una guerra, pero tal vez nos haga más felices en este mundo”. Ahí finalizó la primera clase de bienvenida. Es una de esas frases que están siempre inmersas en uno, como si fuera un tatuaje en nuestra memoria.

También hay novelas que pueden funcionar para denunciar lo que sufren las personas, como País pórtatil o Doña Bárbara, ¿no?

Quizás más de denuncia en País pórtatil y civilización del pueblo en Doña Bárbara. A lo mejor, estos autores tenían esas pretensiones. Por una parte denunciar. Así como Adriano González León, esos narradores de la década violenta, y Rómulo Gallegos en un momento terrible de nuestra historia, que se refleja en su obra. Él quería de algún modo que sus lectores siguieran determinados arquetipos, pero también puedes conocer cómo era Venezuela en ese momento.

Pienso que muchos han aprendido sobre la vida y han hallado respuestas a través de la lectura de novelas. Muchos se acercan a la literatura porque es un arte que puede ser común a todo. Yo no sabría nunca cómo resolver un algoritmo en computación o conseguir la fórmula para un medicamento, pero sí hay químicos y biólogos con los que tengo cosas en común, somos humanos y tenemos emociones. Estos profesionales pueden acercarse a la literatura y descubrir aquella, como decía Javier Marías, verdad que sabías, pero no conocías hasta ese momento.

O simplemente también es útil para entretenimiento. Leer una novela para el goce, el disfrute. Para acompañar al personaje a resolver crímenes, si es del género policíaco. La literatura está allí para aplicarse al nivel que sea.

Mario Morenza en gustos

Un libro

No voy a evangelizar, pero bueno, este libro es como mi Biblia y siempre lo tengo. Tiene un título apocalíptico: ¿Hay vida en la tierra?, de Juan Villoro. Lo leo y releo a cada rato. Son 100 crónicas en las que se encuentran “articuentos”, como el mismo autor les llama. Hay explicaciones a los detalles de la vida. Son historias obtenidas de lo rutinario. Nos hace ver la forma de cómo existir de forma distinta. Ayuda a codificar los misterios de la realidad.

Una canción

“Solsbury hill”, de Peter Gabriel. Es mi alarma para despertar.

Una pintura

Cualquier obra de Carlos Cruz – Diez, Jesús Soto o Alejandro Otero. Me encantan.

Una película

Una reciente y de la onda de la ciencia ficción: Another earth, dirigida por Mike Cahill y coescrita por Brit Marling, que también la protagoniza.