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Marillion fue ovacionada en un salón de fiestas

Marillion | Foto: William Dumont

Marillion | Foto: William Dumont

Los británicos, que dieron un show de dos horas, fueron antecedidos por la agrupación EntreNos

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Fue una locación extraña para un concierto de rock. El elegante salón Plaza Real del hotel Eurobuilding, acostumbrado a banquetes, fiestas y brindis de alta sociedad, sirvió de espacio para el show de Marillion, una banda británica que debutó en 1983 con el álbum Script for a Jester’s Tear y que vino a Venezuela por primera vez en 1992, para actuar en el Poliedro de Caracas en medio de uno de sus picos de fama y fortuna.

A las 8:00 pm EntreNos, presentada por Ramón Castro, comenzó su actuación. Interpretaron un puñado de piezas de su repertorio habitual, incluido el hit “La dejé sola”. La agrupación, que ha producido tres trabajos en su carrera, contó con un invitado especial: Arístides Barbella, de Malanga.

“Esperaron 20 años por nosotros y ahora nos verán 2 veces”, había dicho Steve Hogarth, vocalista de Marillion, días antes del show que ofrecieron en la Terraza del CCCT en abril. Y cumplió. El cantante, con el que se inició la segunda etapa en la historia de la agrupación –la primera corresponde a los años en los que Fish era el frontman–, salió vestido totalmente de negro para interpretar “Splintering Heart”.

“Cover my Eyes (Pain and Heaven)”, el tema que acababan de editar en los días de su primera visita al país, no tardó en sonar y levantó a la audiencia de los asientos. Los aproximadamente 1.200 asistentes estaban distribuidos en mesas, sobre las que posaban pasapalos y güisqui: una imagen que es tan roquera como un daiquirí de fresa.  

“Beautiful” cautivó a los presentes. Algunos de ellos fueron adolescentes a mediados de los años noventa, cuando la pieza llegó al tope de las listas de popularidad. Le siguieron “Fantastic Plan” y “King”, que fue antecedida por la frase: “Esta es una canción sobre ser famoso. Es bueno ser famoso, pero también es terrible”.  

El concepto de la agrupación se construye sobre la guitarra de Steve Rothery, único miembro que ha estado desde 1979 de manera ininterrumpida en la banda. Es un sonido muy limpio que, aparte de la ejecución, requiere de depuradores, con una marcada influencia de David Gilmour (Pink Floyd).

A “Sounds that Can’t Be Made” le siguió “Kaleigh”, un tema en el que la audiencia cantaba las estrofas y Hogarth se encargaba de los coros. El vocalista se movía de un lado a otro, se desarmaba y acentuaba las transiciones con sus movimientos. La guitarra de Rothery fue silenciada, pero después de varios segundos de suspenso volvió recargada.

Después de “Lavender”, “The Great Escape” y “Neverland” llegó la salida en falso. Los músicos –y el frontman vestido con flux y lentes de corrección– volvieron para tocar “Invisible Man”, una canción que dura casi 14 minutos. Luego de otra pausa, en la que realmente parecía que el concierto había culminado, regresaron para interpretar “No One Can”, “Easter” y “Garden Party”, que le sirvieron de epílogo al tercer encuentro de Marillion con sus fans venezolanos.