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Mariana Rondón: "No podemos seguir reutilizando utopías en Venezuela"

Mariana Rondón, al recibir la Concha de Oro del Festival de San Sebastián / EFE

Mariana Rondón, al recibir la Concha de Oro del Festival de San Sebastián / EFE

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La directora venezolana Mariana Rondón, ganadora del premio principal del Festival de Cine de San Sebastián por "Pelo malo", cree que su país debe reflexionar sobre las utopías y dejar de reutilizarlas sin antes cuestionarlas.


En una entrevista a Efe en Lisboa, la cineasta afirmó que Venezuela necesita hacer recapitulación de las utopías que se han prolongado en su vida pública desde finales de los años 50 y que, en su opinión, se han ido repitiendo en diversas formas sin ser suficientemente debatidas.

"Pelo Malo", premiada con la Concha de Oro de San Sebastián y proyectada esta semana en el Festival de Estoril y Lisboa (Leffest), retrata de manera implícita esas utopías "reencauchadas", de acuerdo con sus palabras.

Los escenarios elegidos para el rodaje fueron los barrios construidos a partir de finales de los años 50, según una filosofía utópica que aspiraba a que una clase media dominara el espacio público en una era de progreso.

Estas barriadas de edificios de exagerada verticalidad muestran hoy una imagen destartalada de paredes desconchadas y sucias, no tan idílica y en la que se sobrepone el conflicto y el desorden frente a los avances vaticinados.

Para Rondón, son una metáfora de las utopías que se han arrastrado en la sociedad de Venezuela: aunque emanan energía, esconden al mismo tiempo un caos urbano y social que nadie se para a cuestionar.

"Grabar allí era como lanzar una pregunta para que hablemos sobre las utopías, para que recapitulemos, las cuestionemos y no sigamos reencauchándolas sin haber conversado sobre ellas", añadió.

Ese mensaje enmarca el tema principal de la película: la intolerancia de un país que vive bajo el dominio de la polarización política y cómo esa falta de respeto penetra "en lo más íntimo de las relaciones personales", resaltó Rondón.

Junior, un niño mulato de nueve años que quiere alisarse su pelo crespo y ensortijado, se enfrenta a una madre que recela de esas "rarezas" de su hijo en las que puede insinuarse una orientación homosexual.

"El público encuentra (en la historia) un espacio donde volcarse e identificarse. Es una historia de cómo ves al otro, de miradas, de ver el grado de tolerancia de cada uno y su miedo al otro", reflexionó la directora.

Los fructíferos dos meses de proyecciones de la obra parecen "un año" en la vida de la cineasta, que ha recorrido cerca de una decena de festivales y a la que se han planteado nuevos contratos para proyecciones.

Además del momento álgido vivido durante el premio de San Sebastián, la directora recordó con emoción la gran acogida en el estreno mundial del filme en el Festival de Cine de Toronto.

"Lo más bonito fue cuando nos pidieron que saliéramos de la sala porque ya no había butacas. No hay nada más maravilloso que ver al público que se esté peleando por ver una película", afirmó.