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Mariana Rondón: Estoy ansiosa por estrenar Pelo malo en mi país

El 1° de mayo se estrenará en Venezuela | Foto Archivo El Nacional

El 16 de mayo se estrenará en Venezuela | Foto Archivo El Nacional

La cinta ganadora de la Concha de Oro estará en la cartelera de 15 naciones antes de llegar a Venezuela

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Cuando el joven Samuel Lange Zambrano llegó al Festival Internacional de Cine de Guadalajara, la semana pasada, el público presente lo aclamó con desenfreno, como si se tratara de la celebridad de cabello liso a la que su personaje en Pelo malo quiere parecerse.

El hecho le produjo curiosidad y ternura a Mariana Rondón, pues el cine de autor del que es fiel exponente no siempre genera en la gente tal reacción, más acorde con la que suscitan los filmes comerciales.

La venezolana, sin embargo, es consciente de que su cinta, que obtuvo el año pasado la Concha de Oro del Festival de San Sebastián, tiene un público menor al de otras. Aunque haya alcanzado una proyección internacional destacada. “Hice una película pensando en y por Venezuela, pero se me está devolviendo como muy universal”, señala desde México.

Pelo malo, protagonizada también por Samantha Castillo y Beto Benites, fue el filme venezolano con mayor participación en festivales de cine internacionales en 2013, récord que mantiene en lo que va de 2014.

Tiene 4 semanas en la cartelera española y hoy se estrenará en Francia. En unos días le tocará el turno en Suiza, Hungría y Brasil, entre otros países del total de 15 donde podrá verse antes de que llegue a Venezuela, el 16 de mayo.

“Me muero de curiosidad, tengo mucha ansiedad de ver la película allá y solo estoy esperando a que llegue ese día”, dice Rondón. La directora asegura que no teme que el público nacional muestre indiferencia hacia su largometraje por no ser comercial. “Quisiera que lo vea la mayor cantidad de gente. Aunque el objetivo final no sea la compensación económica, es importante. Quizás nunca me había imaginado un proyecto tan venezolano, que me importara la audiencia de Venezuela no por cantidad sino por calidad, como una posibilidad sobre lo que somos y cómo estamos viviendo”, agrega.

“Venimos haciendo cine de autor desde hace mucho tiempo y lo que nos ha pasado es que cada vez tenemos más público, sobre todo venezolano. Por ejemplo, El chico que miente –que escribió junto con su realizadora, Marité Ugás– fue la película que más taquilla hizo en 2011”, explica.

Rondón no ve con malos ojos que algunos proyectos tengan como objetivo final el divertimento y la ganancia económica, pues para ella tienen que convivir todas las maneras de hacer cine.

“Para mí el cine es un arte que se debe investigar como lenguaje. Hay que poder realmente elaborar un discurso y ser consecuente”, destaca.

Con la casa productora que fundó junto con Ugás, ambas han realizado otros títulos también protagonizados por niños: A la media noche y media (1999) y Postales de Leningrado (2007), además de El chico que miente (2010).

La barquisimetana atribuye el hecho de que se hayan decantado por historias contadas desde la perspectiva infantil a una cuestión de inspiración, aunque añade que el trabajo de la productora dará un giro a partir de ahora. Con Pelo malo espera cerrar lo que cataloga como una trilogía sobre Venezuela.
Actualmente, Ugás se encuentra en Francia trabajando en el nuevo proyecto de ambas.

Encontrarse

En el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, Pelo malo recibió dos premios simbólicos de dos grupos: uno LGBT y otro católico. “¡Y el veredicto era casi el mismo!”, recuerda la cineasta. “La película tiene la capacidad de hablarles a quienes ni siquiera abren espacios para reencontrarse. Por eso traté de no hacerle juicios a nadie”, indica.

De acuerdo con lo que ha observado en proyecciones por el mundo, la directora de Postales de Leningrado confía en que hay tres aspectos que los espectadores, dependiendo de su experiencia, determinarán al ver Pelo malo: el racismo, la crítica social y la sexualidad, por lo que se esmeró en construir un discurso equilibrado.

Sobre la crisis en Venezuela, lamenta no acceder a más información en el exterior: “Me angustia no saber cómo buscar un espacio para que la muerte no sea una alternativa. Eso no tiene ningún sentido”.