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María Gómez: “En el negocio valía más la palabra que el contrato”

María Gómez acompañada de su gran amiga Rocío Dúrcal, de quien también fue manager | CORTESÍA PRODUCCIONES MARÍA GÓMEZ

María Gómez acompañada de su gran amiga Rocío Dúrcal, de quien también fue manager | CORTESÍA PRODUCCIONES MARÍA GÓMEZ

La empresaria artística dictará un taller para compartir lo aprendido durante 50 años en el mundo del entretenimiento

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Tiene 75 años de edad, 50 de ellos dedicados a la producción de espectáculos. Fue la responsable de colocar en los escenarios más importantes del país a Rocío Dúrcal y Paloma San Basilio, sus grandes amigas, así como Marcel Marceau, Raphael y Joan Manuel Serrat. Cuando aún eran unos auténticos desconocidos para el público venezolano apostó por Paco de Lucía, Alejandro Sanz y Mecano. Y en sus comienzos como empresaria artística, en ella confiaron Mercedes Sosa, Les Luthiers y Ella Fitzgerald para venir al país.

Ella, María Gómez, la que comenzó su acercamiento al mundo del entretenimiento como presidente del club de admiradoras de Alfredo Sadel, la que muchos llamaron la Dama de Hierro del espectáculo, cinco décadas después se siente satisfecha con lo alcanzado. Y, para poner punto final a un ciclo, ha decidido organizar un taller en el que compartirá sus experiencias en el negocio del entretenimiento aplicado a diversas áreas. Será, también, la última actividad que realizará en el país antes de partir a Miami, donde se residenciará a partir de marzo e impartirá clases en la Ana G. Méndez University System. “Continuar sería repetirme”, señala. “Además, quiero dar paso a las nuevas generaciones”, agrega.

Con el taller que se llevará a cabo en el Trasnocho Cultural  todos los martes y miércoles del 20 de enero al 4 de febrero, que contará con la participación de 21 ponentes entre los que se encuentran César Miguel Rondón, Leonardo Padrón y Carmen Victoria Pérez, Gómez tiene un objetivo claro: hablar de ética. “Cuando estuve en el negocio la palabra valía más que un contrato. Cuando dabas tu palabra, tenías que cumplirla. Ética era hacer todo como se debe de hacer sin escatimar. Hoy eso se ha perdido. Ya no importa traer un artista por el valor que tenga su mensaje. Lo importante es lo que está pegao”.

—Es también un signo de los tiempos que corren.

—Ciertamente hay una falta de valores, de saber qué es bueno y qué no. Me cuesta analizar y entender qué es lo que pasa. Y viene sucediendo desde hace unos cuantos años. Cuando traje el espectáculo Serrat sinfónico (2004) al Teresa Carreño, la sala no se llenó. Y Serrat vendía tres funciones completas. Allí me di cuenta de que el público había empezado a cambiar. Y tres años después, la gira Dos pájaros de un tiro con Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina fue un fracaso. Allí decidí parar. No se justificaba tanto esfuerzo.

—Pero es que el país cambió. 

—Sí, claro. El nuevo público ha bajado su nivel de exigencia en cuanto a lo que aspira a disfrutar. Aunque pienso que también tiene que ver con la oferta. No creo que el público venezolano, si presentan algo bueno, no asista. Otro tema es la accesibilidad a las entradas. La oferta mayor está en satisfacer los gustos de los jóvenes.

—¿Fue difícil tomar la decisión de parar?

—No, para nada. Es como cuando corres,  el cuerpo te dice cuándo parar. Para mí no fue difícil porque en 50 años he hecho un gran trabajo y ahora quiero volcar toda mi experiencia. Esto no se estudia, esto es ensayo y error.

Y cuando llega el momento de compartir lo aprendido, siente que en su momento le hubiera gustado recibir unos cuantos consejos para equivocarse lo menos posible. “Como en el mundo del espectáculo el imprevisto existe, y mucho, siempre hay que tener un plan b”. Hubiera agradecido, también, que la orientaran sobre cómo negociar con los managers, uno de los puntos más difíciles, según Gómez.

Dice que ha trabajado los 50 años con la misma gente. Gente que, asegura, aprendió de su estilo, para muchos duro y cuestionado. “Nunca me importó lo que dijeran de mí. Ahora, si hago un balance, pienso que hubiera dicho lo mismo sin tanta dureza, sin tanto enfado. No sé si herí a alguien. Pero de esa firmeza y dureza muchos aprendieron”, expresa Gómez, una mujer conocida por su mal genio. 

Aunque algunas personas que la reconocen en la calle le señalan que extrañan sus espectáculos, asegura que no le ha hecho falta volver. “El pasado pisado, como dicen en España. Solo te llevas las satisfacciones, el haber marcado la diferencia”.  Pero, además, sabe que el país no ofrece las mejores condiciones. “Y de vida. Porque no consigo, como todos, las medicinas necesarias para una persona con un marcapasos, por ejemplo”.

—¿Con qué espectáculo le habría gustado cerrar el ciclo?

—Con el Cirque Du Soleil y no pude por falta de presupuesto.