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María Gabriela Isler: Una Miss Universo de roca la Mole

Los vecinos le dedicaron la cartelera de condominio | Foto Francesca Commissari

Los vecinos le dedicaron la cartelera de condominio | Foto Francesca Commissari

Su círculo íntimo la conoce solo por el apodo Moly y su destino lo definió una tragedia cercana

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Chuly Valentina, viuda de Truffly José (falleció durante la preparación para el Miss Universo), recibe a las visitas en el apartamento de clase media en la capital de Aragua. La perrita yorkie forma parte del círculo más íntimo de María Gabriela Isler, reunido en una sala de estar en la que destacan un reloj cucú y los portarretratos de la hija ausente. “Esto es pequeño, como una casita de miss”, se excusa la mamá, Emperatriz Morales, junto a la hermana mayor de la monarca, Karen Alejandra, de punta en blanco y también de porte aristócrata; el atlético yerno, Paúl; la sobrinita, Ana Paula; y la empleada de servicio desde hace 14 años, Carmen.

Lo de María Gabriela solo se usó cuando era niña y se portaba mal. En casa, más que en ningún lado, la séptima Miss Universo nacional es Moly. Karen (el otro fruto del matrimonio hoy separado de Morales y Juan Isler) echa el cuento del apodo: “Nació pesando casi 5 kilos, con 57 centímetros de talla, muy gorda, sin cejas, sin pestañas y pelirroja, algo que viene de la familia paterna. Una de mis tías la asoció con la Mole de la comiquita Los Cuatro Fantásticos. Y así se quedó: ‘Ahí viene la Mole’. Pero a mi mamá le parecía horrible, de varón. Lo feminizó como Moly”.

“Fue gordita como hasta los 13 años de edad y en la pubertad se echó un estirón. No era una niña tan agraciada. Muy glotona, muy chuchera. Se llevaba la bolsa full de todas las piñatas. Introvertida, un poquito tímida”, se sincera mamá Emperatriz, ejecutiva de ventas que viajó a Moscú con su otra hija para la coronación de hace tres sábados.


Un pan de avena. “Una pierna mía era un brazo de ella. Parecía un pan de avena: redonda, gorda, pecosa, con esos cabellos rojos y esos cachetes encendidos por el sol”, condimenta Karen, que le lleva 7 a su hermana de 25 años de edad, y agrega: “De las dos, Moly siempre ha sido la más apegada a mamá. Uno de sus grandes temores es que ahora tiene que vivir sola”. Morales lo confirma: “Es la parte que más le pega”. Siempre la vio con ojos de mamá, y en la familia, fue de las pocas que le vio potencial de reina.

Karen debe narrar cómo empezó la aventura que desembocó en Moscú: la historia hace llorar a su mamá. “En 2002 tuvimos una situación familiar difícil. Falleció una tía que había sufrido un accidente. Moly estuvo todo el tiempo a su lado, en plena transición para hacerse mujercita, y descuidó su aspecto. Mi abuela sugirió meterla en clases de protocolo y Moly aceptó para que ella no se sintiera deprimida”.

Luego, el modelaje de pasarela. Después, el Miss Venezuela 2012, en el que debía tener otra actitud. “Le costaba reírse cuando desfilaba, pero yo le decía: acuérdate de Ana Paula (la sobrinita), su adoración”, recuerda su madre, que la convenció de que hiciera caso a Osmel Sousa y participara en el concurso. “¿Tú sabes lo que es rezar para no ganar? Decía: ‘¡Dios mío, haz que no sea Miss Venezuela! ¡Amén, amén!’. Siempre ha sido de bajo perfil y muy pocas amistades. Va a lo que va. No le gusta jactarse de sus logros. No salió con cantantes, ni se fotografió en trajes de baño de dos piezas, ni amaneció en locales nocturnos”. Por eso, insisten, se habla poco de la graduada en Gerencia de Mercadeo.

Un tema que irrita en casa es que se cuestione la legitimidad de la reina. “Aquí la operada soy yo”, deja bien claro la hermana mayor. “Moly no se ha hecho nada”. Mamá no gasta pólvora en zamuros: “No voy a ir de puerta en puerta por toda Venezuela jurando que mi hija no se ha hecho cirugía. Como dice ella: búsquenme los puntos. ¿Qué puedo aclarar? El tiempo le dará la razón. No tengo dinero para cirugías, ni para pagar una corona o vestido. Tampoco pude comprar el cupo de la carrera que mi hija quería estudiar: Medicina. Solo tengo para el mercado y las cosas básicas”. 


Mirada matadora

“Le favorece el metabolismo, pero ella come. Una vez a la semana le gusta un volcán de chocolate o una polvorosa de manzana con crema pastelera. Muere por las panquecas y el pasticho de mamá” (Karen Isler). “Se puede comer dos bombones Ferrero antes de dormir, pero al día siguiente son tres horas de gimnasio, con Richard Linares parado al lado como el soldado desconocido. Nunca hizo dieta ni yo le quité comida” (Emperatriz Morales). “A los 25 años, hay un rasgo que conserva: destapa todos los regalos antes de tiempo” (Karen). “Fue muy aplicada con las notas, quizás un poquito menos en Física, Química y Matemáticas, en las que podía sacar 17 o 18” (Emperatriz). “Siempre la aconsejé: ‘Moly, suéltales tu mirada matadora'. Mi esposo Paúl, uno de los que más la apoyó en el Miss Venezuela, le decía: ‘Tus ojos son tu arma letal” (Karen).