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Otra novela de Marcela Serrano psicoanaliza al género femenino

Serrano compara el trabajo del escritor con el del terapeuta / EFE

Serrano compara el trabajo del escritor con el del terapeuta / EFE

En Diez mujeres una terapeuta reúne a sus pacientes en unas vacaciones que las obligarán a abrirse

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Con el objetivo de romper el silencio que hace sufrir a nueve de sus pacientes, la psicóloga Natasha decide reunirlas en una mansión para temporadistas. Guiadas por la especialista, estas hijas, esposas, madres y amantes -"todas tan honestamente aplicadas en vivir la mejor de las vidas dentro de lo que les tocó (...) cada una cargando con quien inevitablemente es", escribe Marcela Serrano- dejan ver sus miedos y entretejen el argumento de Diez mujeres (Alfaguara, 2012), una novela en la que se ven obligadas a reinventarse.

La autora nacida en Santiago de Chile en 1951 cuenta que el argumento de Diez mujeres nació una tarde en que conversaba con su hermana psicóloga en su casa de campo sobre lo entretenido que resultaría reunir a varias mujeres para que relataran sus historias personales. La fórmula es la típica de sus proyectos narrativos: desarrolla la especial relación que entabla el género femenino con la melancolía, como puede leerse en otros títulos suyos como El albergue de las mujeres tristes (1997) y Nuestra señora de la soledad (1999). En el primero, una posada en la isla de Chiloé se convierte en una clínica de mujeres heridas de amor. El segundo es una novela policial en la cual la desaparición de una escritora es la excusa para conocer las historias de sus fracasos amorosos: con su marido, también autor de varios libros, y con su amante, un guerrillero.

En su primera novela, Nosotras que nos queremos tanto (1991), juntó a cuatro amigas en un lago del sur de Chile, todas más o menos con la misma historia que contar: una llena de vacíos, consecuencia de que en la sociedad machista iberoamericana la voz femenina ha sido silenciada durante siglos. "¿Por qué la mitad de la humanidad se llevó un peso tan grande y dejó descansar a la otra?", se pregunta la autora desde la voz de la protagonista de Diez mujeres.

Y, mientras Diez mujeres llegaba a los anaqueles venezolanos, a Serrano le dio tiempo de publicar en España otro título, Dulce enemiga mía (2013), una colección de 20 relatos cortos que redundan en el mundo interior femenino. Allí reúne anécdotas ambientadas en América Latina y en Europa para, de nuevo, dejar en evidencia que en los terrenos más diversos del sentimiento las relaciones entre las mujeres están marcadas, la mayoría de las veces, más por las antipatías que por las simpatías. "Ha sido un trabajo gozoso, un viento fresco luego de haber escrito tantas novelas", dice la autora.

-No parece casual que la historia de Diez mujeres se narre a través de las sesiones de terapia, pues los estudios de género deben mucho a la teoría del psicoanálisis. Pero, en la novela, ¿cuál es el significado de la relación psicóloga-paciente?

-Creo que la literatura y el psicoanálisis son primos hermanos. En ambos hay una trama con personajes, con conflictos, con lo dicho y lo silenciado, que son escenificación del mundo interno que el analista, como el escritor, intenta ver y develar. La literatura es la versión estética, o hecha arte, del inconsciente.

-Muchas veces se ha señalado que su literatura ha reivindicado la voz femenina. ¿Qué luchas sociales le quedan por librar a la mujer y cuál es el papel de las escritoras en ese proceso?

-Quizás las escritoras pudiesen aportar su grano de arena en lo siguiente: a que la mujer se reconozca en cuanto a sí misma, como los hombres, y no siempre en cuanto al otro. Las luchas son aún necesarias. Ya no estamos en la etapa de la queja. Ahora observamos un poco atemorizadas: sabemos que hemos llegado lejos pero que aún somos secundarias. Somos como una nueva república, un país nuevo que debe librarse de sus colonizadores y que debe constituirse, desde armar una constitución hasta aprender a usar el poder y las nuevas leyes, pero siempre con la garra del colonizador a la mano.

Otra novela de Marcela Serrano


psicoanaliza al género femenino


 


En Diez mujeres una terapeuta reúne a sus pacientes enunas vacaciones que las obligarán a abrirse


 


MICHELLE ROCHE RODRÍGUEZ


mroche@el-nacional.com


Con el objetivo de romper el silencio que hace sufrir anueve de sus pacientes, la psicóloga Natasha decide reunirlas en una mansiónpara temporadistas. Guiadas por la especialista, estas hijas, esposas, madres yamantes -"todas tan honestamente aplicadas en vivir la mejor de las vidasdentro de lo que les tocó (...) cada una cargando con quien inevitablementees", escribe Marcela Serrano- dejan ver sus miedos y entretejen elargumento de Diez mujeres (Alfaguara, 2012), una novela en la que se venobligadas a reinventarse.


La autora nacida en Santiago de Chile en 1951 cuenta queel argumento de Diez mujeres nació una tarde en que conversaba con su hermanapsicóloga en su casa de campo sobre lo entretenido que resultaría reunir a variasmujeres para que relataran sus historias personales. La fórmula es la típica desus proyectos narrativos: desarrolla la especial relación que entabla el génerofemenino con la melancolía, como puede leerse en otros títulos suyos como Elalbergue de las mujeres tristes (1997) y Nuestra señora de la soledad (1999).En el primero, una posada en la isla de Chiloé se convierte en una clínica demujeres heridas de amor. El segundo es una novela policial en la cual ladesaparición de una escritora es la excusa para conocer las historias de susfracasos amorosos: con su marido, también autor de varios libros, y con suamante, un guerrillero.


En su primera novela, Nosotras que nos queremos tanto(1991), juntó a cuatro amigas en un lago del sur de Chile, todas más o menoscon la misma historia que contar: una llena de vacíos, consecuencia de que enla sociedad machista iberoamericana la voz femenina ha sido silenciada durantesiglos. "¿Por qué la mitad de la humanidad se llevó un peso tan grande ydejó descansar a la otra?", se pregunta la autora desde la voz de laprotagonista de Diez mujeres.


Y, mientras Diez mujeres llegaba a los anaquelesvenezolanos, a Serrano le dio tiempo de publicar en España otro título, Dulceenemiga mía (2013), una colección de 20 relatos cortos que redundan en el mundointerior femenino. Allí reúne anécdotas ambientadas en América Latina y enEuropa para, de nuevo, dejar en evidencia que en los terrenos más diversos delsentimiento las relaciones entre las mujeres están marcadas, la mayoría de lasveces, más por las antipatías que por las simpatías. "Ha sido un trabajogozoso, un viento fresco luego de haber escrito tantas novelas", dice laautora.


 


-No parece casual que la historia de Diez mujeres senarre a través de las sesiones de terapia, pues los estudios de género debenmucho a la teoría del psicoanálisis. Pero, en la novela, ¿cuál es elsignificado de la relación psicóloga-paciente?


-Creo que la literatura y el psicoanálisis son primoshermanos. En ambos hay una trama con personajes, con conflictos, con lo dicho ylo silenciado, que son escenificación del mundo interno que el analista, comoel escritor, intenta ver y develar. La literatura es la versión estética, ohecha arte, del inconsciente.


-Muchas veces se ha señalado que su literatura hareivindicado la voz femenina. ¿Qué luchas sociales le quedan por librar a lamujer y cuál es el papel de las escritoras en ese proceso?


-Quizás las escritoras pudiesen aportar su grano de arenaen lo siguiente: a que la mujer se reconozca en cuanto a sí misma, como loshombres, y no siempre en cuanto al otro. Las luchas son aún necesarias. Ya noestamos en la etapa de la queja. Ahora observamos un poco atemorizadas: sabemosque hemos llegado lejos pero que aún somos secundarias. Somos como una nuevarepública, un país nuevo que debe librarse de sus colonizadores y que debeconstituirse, desde armar una constitución hasta aprender a usar el poder y lasnuevas leyes, pero siempre con la garra del colonizador a la mano.