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Manuel Borrás: No edito para público, sino para lectores

Manuel Borrás | Foto: Ernesto Morgado

Manuel Borrás | Foto: Ernesto Morgado

El editor español advierte sobre el espejismo de querer crecer de una manera desaforada en tiempos de crisis

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El sello Pretextos nació en 1976 como la realización del sueño de tres jóvenes editores que entonces no llegaban a los 20 años de edad: Silvia Pratdesaba, Manuel Ramírez y Manuel Borrás. Hoy, 37 años después, esta empresa es referencia indiscutible de calidad editorial en el mundo hispanohablante en los géneros de ensayo filosófico, narrativa (clásica y contemporánea) y poesía.
Es además un sello que se ha ocupado de promover la literatura venezolana al publicar en España poemarios de Vicente Gerbasi, Eugenio Montejo, Rafael Cadenas y, más recientemente, de Alejandro Oliveros, entre otros autores del país. Tanto es la mística profesional de sus editores que en 1997 obtuvieron el Premio Nacional del Ministerio de Cultura de España por su labor y 11 años después la FIL Guadalajara escogió a Pretextos como editorial del año.
Manuel Borrás, que estuvo de visita en la Feria del Libro de la Universidad de Carabobo y vino a Caracas para dar una charla en el ciclo Atlántida: el Arte de Escribir y Editar, accedió a conversar sobre las dificultades, pero también de las alegrías, de ser editor.

—¿Qué criterios deben regir la edición?
—A veces los editores visualizan la figura de clientes y no de lectores. Así ocurre en la política: nos ven como votantes y no como ciudadanos, los políticos tienen que favorecer nuestro ejercicio civil. Juan Ramón Jiménez decía que no escribía para público, sino para lectores y yo me apodero de esa frase, porque yo no edito para público sino para lectores.

—¿Cómo ha cambiado el mundo editorial en castellano con la entrada de los sellos latinoamericanos en los últimos 15 años?
—Respecto a América Latina hemos sido algo prepotentes, ejerciendo una suerte de neocolonialismo cultural. Los grandes grupos se han instalado en varios países de la región y han publicado a escritores nacionales haciendo una labor excelente, pero no ha habido un reciprocidad con Europa. Me llama la atención hasta qué punto queremos crear una base favorable con lo local, pero no hacemos que lo local tenga una presencia más internacional. En Pretextos, como una empresa pequeña, no tenemos el espejismo de crecer de una manera desaforada y siempre que hemos viajado ha sido con la intención de llamar la atención en España sobre cosas que aquí son interesantes.

—Otros sellos españoles señalan que por ser independientes han podido torear la crisis. ¿Es este el caso de Pretextos?
—Una editorial que se mantenga con una estructura sólida de negocios, que sepa controlar su catálogo y no sienta la tentación de dar enormes pasos cualitativos, creo que tiene muchas más posibilidades de sobrevivir que otras que dieron el paso de emular a los grandes grupos. Vivimos un momento muy interesante, poliédrico, no solo desde el punto de vista de la política, sino de la estética también.

—¿Cómo ve el avance del libro electrónico?
—Es que no veo avance. La plataforma Libranda, que se ha hecho en España con fondos públicos, ha sido un fracaso y el negocio en Estados Unidos, donde era la vanguardia, se ha retraído en cifras considerables. La industria ha querido vendernos la imagen de ese avance, que no es tal. Esto se debe a que vivimos en un momento perverso en que la sociología precede a la verdad y hay preceptores que quieren decir qué es lo que la gente quiere leer y nos llevan por la calle de la amargura.

—Con 37 años dedicados a la edición de libros en castellano, ¿qué cambios cree que han sido definitorios?
—Cuando comenzamos a trabajar, en 1976, tuvimos que sortear una censura de tipo ideológico y político, pues era la época del franquismo y las dictaduras se rigen por determinadas actitudes. Ahora ha sido sustituida la censura política por la económica.

—¿Hay fórmulas para batallar esto?
—Sí. Creo que lo fundamental es persistir en el proyecto cultural que se ha desarrollado. En este negocio se debe tener un perfil identificable, esto es lo que nos ha ocurrido a nosotros.

—¿Qué le hace falta a este mercado?
—Por un lado nos hacen falta libreros, pues aunque hay muy buenos, hacen falta muchos más. Por el otro, tenemos que desacelerarnos un poco, dejar de estar sujetos a la rotación loca de las novedades. Hay que tomárselo con más tranquilidad y verlo con cierta perspectiva.