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Manolo Cardona: “El cartel de los sapos en realidad es una historia de amor”

El cartel de los sapos recrea la guerra entre los carteles de la droga de Medellín y Cali a comienzos de 1993 | Foto: Archivo

El cartel de los sapos recrea la guerra entre los carteles de la droga de Medellín y Cali a comienzos de 1993 | Foto: Archivo

El protagonista de la película preseleccionada al Oscar aseguró que no es una apología de los carteles de droga

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Entre salsa erótica y colombianismos ya no tan extraños para el oído venezolano (gonorrea, verraco, pelaos, marica, fresco, vuelta, boletear), El cartel de los sapos, una película que recrea la guerra entre los carteles de la droga de Medellín y Cali a comienzos de 1993, muestra un universo en el que los hombres mueren, pero las deudas quedan.

“En realidad el eje del filme es una historia de amor, la del capo Martín ‘Fresita’ y la mujer que ama desde niño; el narcotráfico es sólo el tema de fondo”, aseguró ayer en Caracas el protagonista y productor Manolo Cardona, quien se asoció con un empresario venezolano, Alejandro Morán, para agrandar al cine la adaptación de la autobiografía del ex narcotraficante Andrés López, ya llevada antes a una serie de televisión estrenada en 2008 con los mismos intérpretes.

El enfant terrible de Hollywood, Quentin Tarantino, conoció a Cardona y Morán en los estudios de la compañía estadounidense Lionsgate y les sugirió algunas modificaciones para el montaje final de las imágenes de El cartel de los sapos, que el galán colombiano no vacila en definir como una superproducción. “Nos quisimos arrancar ese estigma que siempre se le pone a la frase ‘película latinoamericana’, un prejuicio de inferioridad y autocompasión que debemos desterrar”, afirmó. “De hecho, el presupuesto está muy por encima del promedio de las películas latinoamericanas”, le secundó sin decir números Morán, acerca del filme que defiende a Colombia en la preselección de postulados a Mejor Filme en Lengua no Inglesa en el Premio Oscar de 2013.

“Ya la gente vio la serie de televisión y quisimos apartarnos un poco de ella. En la pantalla pequeña hay más espacio para la mamadera de gallo, como dicen ustedes los venezolanos. La película es más concreta. Le aportamos una gran dosis de alma como latinoamericanos, porque es una cinta en la que se refleja toda nuestra región. El cartel de los sapos es un filme urgente, en el que dejamos un documento de una época de nuestro país. Como artistas, queremos pasar por la vida dejando un rastro para nuestros hijos y la gente que vivirá en el futuro. En lo personal, estoy harto de mafia y perico en Colombia y no me ‘bacaneo’ (pavoneo) por interpretar a un narcotraficante. Pero esta es una historia que debíamos contar”, expresó Robinson Díaz (El Cabo en la ficción), uno de los integrantes del reparto que promociona el estreno en Venezuela, junto con Diego Cadavid (Pepe) y Julián Arango (Guadaña).

“Me llevo un hermano venezolano para el resto de la vida”, enfatizó Cardona acerca de su productor Alejandro Morán, a lo que el cáustico Arango replicó: “Con la serie y la película hemos hecho amistades tan profundas como una próstata”. De allí lo sencillo que fue reunir nuevamente al reparto, dirigido esta vez por el cineasta Carlos Moreno (Perro come perro). “Nuestras historias cambiarán cuando cambien las realidad de nuestros países. Estoy tranquilo porque El cartel de los sapos no es una apología del delito: el crimen no paga, mostramos que el destino de los que trafican con la desgracia ajena es la cárcel, la muerte o el dolor. Al final de la película uno no dice: ¡Uy, qué chévere! Ha habido una saturación de temas del narcotráfico en la televisión, pero no tanto en nuestro cine”, finalizó Cardona, que fue asesorado en el set de filmación por el mismísimo “Fresita” de la vida real, Andrés López, que aceptó entregarse a la justicia de Estados Unidos y pasar así de príncipe a sapo, o delator.

“Mi negocio más divertido”

Una cena en Caracas con la actriz Jessika Grau, en cuya sobremesa saltó el tema de la serie de televisión El cartel de los sapos, conectó al empresario venezolano Alejandro Morán (sobrino del fallecido actor Mariano Álvarez) con la producción de la película. Además de hablarle del proyecto cinematográfico, Grau lo puso en contacto con el actor y productor Manolo Cardona. “A los 30 minutos de conversar con Manolo sabía que lo apoyaría, pero le puse una condición: El cartel de los sapos se debía realizar según los más altos estándares internacionales. Gracias a mi tío, siempre me ha atraído el arte. Emilio Estefan me dijo que yo estaba loco por invertir tanto en una película, pero yo le respondí: ‘O la hacemos bien o no la hacemos’. Fue el negocio más divertido de mi vida. Hicimos un filme con un cuarto del presupuesto de una producción de Hollywood, y he visto cintas de Hollywood mucho más caras que son inferiores a la nuestra”. Sus próximas incursiones como empresario del cine, de las que prefiere no hablar todavía, abarcan géneros como la comedia y el terror.

El cartel de los sapos
Crimen. Colombia, 2011
Director: Carlos Moreno
Desde mañana en salas de cine