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Melissa Wolf: “Este es un momento muy difícil para el nuevo creador”

Melissa Wolf | OMAR VELIZ

Melissa Wolf | OMAR VELIZ

La ganadora del Premio Marco Antonio Ettedgui 2013 cree que existe mucha orfandad entre los estudiantes de teatro debido a la crisis económica, pero también piensa que la dificultad forja un artista íntegro

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Melissa Wolf es altísima, espigada. No deja tranquilo su rostro mientras habla. Con cada palabra agita las cejas, arruga la nariz, aprieta los ojos, sonríe. Es como si estuviera en el constante entrenamiento para un personaje. La comunicadora social de profesión, pero no de oficio, pasó de las dietas del concurso Miss Venezuela al teatro, arte que ha experimentado como actriz, docente, directora y asistente de montajes. Por esa cualidad de “mujer orquesta” ─según el veredicto del jurado─ recibió este año el Premio Marco Antonio Ettedgui que entrega el grupo Rajatabla a los jóvenes creadores. “Me sentía como si me hubiese ganado el Oscar, fue muy emocionante”, recuerda.

Actualmente protagoniza la pieza de Alan Ball Cinco mujeres con el mismo vestido, dirigida por Héctor Manrique. En ella, las ideas del amor, el sexo y las convenciones se tambalean con los monólogos de los personajes. “Es muy crítica. Me parece una obra con un contenido increíble, un desnudo social”.

─Ganadora del Premio Marco Antonio Ettedgui en un país en el que los galardones parecen haberse reducido y perdido el prestigio, ¿qué representa este tipo de reconocimiento?

─El premio es la respuesta del público, el trabajo constante, el que actores te encuentren en la calle y te digan que quieren trabajar contigo. Debería haber mil premios, deberían regresar todos los que había antes. Creo que las instituciones están más preocupadas por sobrevivir que por cualquier otra cosa. Me parece loable que Rajatabla haya recuperado este reconocimiento. Pero esos premios deberían ser un espaldarazo para que uno pudiera hacer montajes. Y hay dinero para esas cosas, lo que pasa es que no les interesa. ¿Por qué es tan difícil? Dejemos de regalar cosas afuera y empecemos a dar apoyo a nuestra gente.

─¿Politización de subsidios?

─Te dan apoyo si dices las cosas que ellos quieren que tú digas. Deja mucho que desear, por ejemplo, que el primer Festival de Teatro de Caracas no involucrara a grupos importantísimos que piensan diferente al Gobierno. El año pasado hubo una apertura; para nosotros presentar Acto cultural en el Teatro Nacional fue un gran regalo. Lo agradezco, pero eso no quiere decir que voy a dejar de decir las cosas que pienso. Un artista siempre tiene que ser crítico. No puedes asentir a todo. ¿Cómo en este momento alguien puede apoyar un Gobierno al que no le importa el teatro? Yo me pregunto: ¿cuánto subsidio deben recibir esas agrupaciones? No lo sé. Pero no debe ser mucho, porque dónde están los espectáculos que producen. Si fuera tan jugoso, veríamos 4 o 5 obras de creadores que están con este proceso. ¿Cómo alguien puede creer que hay un apoyo? Un festival o celebrar el Día Nacional del Teatro  no es respaldar la cultura. El arte debe ser un trabajo de todos los días. No se trata solamente de juntar a un grupo de jóvenes y meterlos en un edificio que no era para eso, como es el caso del Ateneo de Caracas. ¿Qué va a hacer ese muchacho cuando salga de ahí?

─¿Cómo ven el teatro las nuevas generaciones? ¿Cómo enseñarles en época de crisis?

─Es una cosa muy triste que ante este panorama los muchachos lo que quieren es que alguien los adopte. Lo primero que te pregunta un alumno cuando llega al taller es cómo hace para entrar al GA80. Yo siempre respiro profundo y pienso: es un trabajo muy arduo. Tal vez si hubiese muchas agrupaciones ellos tendrían más oportunidad, pero ahora todas están más preocupadas por sobrevivir. No van a adoptar a un muchacho. Nadie puede hacer eso. Este oficio depende de ti mismo, no puedes esperar a que alguien te llame porque vas a ser víctima de una profunda frustración. Tienes que generar tus propias ideas.

─La dinámica de hacer teatro parece haber cambiado: los actores se juntan por proyecto. ¿Esto de qué manera incluye en la forma de hacer arte?

─Es interesante y positivo. El hecho de que los jóvenes se junten para hacer cosas es algo muy formativo, porque todos deben tener el mismo compromiso. Siento que en este momento en que hay tanta orfandad esa es la solución: unirse, dedicarse y poner plata. Porque van a tener que poner plata. Uno tiene que financiarse. Es dificilísimo, pero no digo que sea imposible. La dificultad te forja, te convierte en un artista íntegro.

─Actriz, directora y asistente de dirección, ¿cuál es la clave para desempeñar estas funciones en época de crisis?

─En todo esto hay que tener una cuenta bancaria muy sólida (risas). Es entender que así lo estés haciendo con las uñas, lo tienes que hacer estupendamente bien. Todos estamos en el mismo barco y tenemos que remar con la misma fuerza.

─¿Cree que hay división en el teatro venezolano?

─Tristemente, sí. Son muy pocos los que van a ver los montajes de los otros. Es terrible, porque esa actitud no nos ha permitido alzar la voz de una forma contundente y decir: acá estamos, también los artistas somos importantes.

─El viernes se conmemoró el Día Nacional del Teatro. Ante este panorama, ¿cree que hay motivos para celebrar?

─Siempre hay que celebrar. No soy tampoco de las personas que dicen que todo está mal. Hay que celebrar el hecho de que se siga haciendo arte con entusiasmo, con rigor. ¿Qué cada día hay que poner más empeño? Sí, porque la situación cada vez es más dura. Yo tengo más de un año sin dirigir y eso es en parte una muestra de lo difícil que se hace. El no tener apoyo del Estado te obliga a hacer producciones sin grandes escenografías, con personas que no te cobren; te obliga a hacer todos los roles tú. No digo que no sea nutritivo, pero lo ideal sería que cada quien pueda concentrarse en lo suyo. Creo que la situación actual del teatro es de una profunda crisis no sólo económica sino creativa. Este es un momento muy difícil para el nuevo creador.


Miss que pinta escenografías

Se graduó cum laude de Comunicadora Social en la UCAB, pero en realidad Melissa Wolf no estaba segura de lo que quería hacer. Dice que llegó por accidente al Miss Venezuela -concurso en el que defendió la banda de Miranda- y que por cuestiones del azar terminó en la actuación. “Yo soy muy obsesiva. Me gustan los retos y me esfuerzo mucho”, señala. Por eso nunca dijo que no a los roles que se le presentaron en el camino. Gracias a un taller que hizo en Venevisión, dirigido por Héctor Manrique, entró en contacto con el GA80 y fue asistente de dirección en El día que me quieras. “Estaba enamorada del universo del teatro, ese descubrimiento fue maravilloso”. Pero antes de actuar, ella cosió trajes, pintó escenografías, recogió utilería. Luego vinieron las protagonizaciones en obras como Acto cultural, El matrimonio de Bette y Boo y Cinco mujeres con el mismo vestido. “Disfruto cada eslabón de la cadena con tal de poder convertir una semilla, que es alguien en casa leyendo un texto, en un espectáculo sobre el escenario”.