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Luis Luksic: inocente huésped de la alegría de vivir

A Luksic le interesaba el arte que transforma la sociedad

A Luksic le interesaba el arte que transforma la sociedad

Desde el 20 de septiembre, en la Casa de la Cultura Cecilio Acosta de Los Teques, se podrá disfrutar de la exposición Luis Luksic: inocente huésped de la alegría de vivir , un homenaje al artista boliviano para conmemorar los 24 años de su muerte. Con la muestra Cultura Miranda, apoyados por Fundación Bigott, también busca rescatar valores culturales de la región, generar un acercamiento contemporáneo a su memoria y revindicar el lugar de Luksic en la historiografía del arte venezolano

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"Me interesa todo tipo de arte pero no aquel que sirve exclusivamente para colgarlo en una pared, sino más bien, aquél que cumpla una función transformadora de la sociedad". Así se expresó el propio Luis Luksic, definiendo en breves líneas su paso por este mundo: pintor, poeta, escritor, cuenta cuentos, titiritero y un ser profundamente político. 

Luksic nació en la legendaria ciudad minera de Potosí, Bolivia, el 20 de febrero de 1911. Hijo de madre yugoslava (actual Croacia) y padre boliviano. En Bolivia vivió hasta sus 18 años, donde estudió en la Escuela de Bellas Artes de La Paz. Luego viajó a Chile a estudiar Medicina; allí conoció a Pablo de Roka, Pablo Neruda y Vicente Huidobro quienes ejercieron gran influencia sobre él, al punto que, después de dos años de estudio, abandonó la Medicina y se dedicó al arte y a la actividad política. Fue expulsado de Chile por injuriar al Presidente de entonces, Arturo Alessandri, El León de Tarapacá, y a las Fuerzas Armadas chilenas. 

Tras un breve paso por Argentina, regresó a Bolivia donde, en 1948, fue nombrado Director de la Escuela de Bellas Artes de La Paz. Esa fue una época de luchas políticas, prisiones, persecuciones, destierros y largos viajes pero también, y siempre, de realizaciones artísticas. En su exilio en París, participó en el II Congreso Mundial por la Paz en el que conoció a Pablo Picasso y se reencontró con Neruda. 

Allí expuso en la Maison de l’Amerique LatinePermaneció dos años en París, y en 1950 se estableció en Venezuela. 

Como artista de múltiples expresiones, resulta difícil concentrarse en una sola de ellas, ya que una es consecuencia de la otra y todas de su vasta experiencia como ser humano en franco contacto con las minorías de la sociedad: los indígenas, los obreros, los mineros, los campesinos. La obra de Luksic también es producto de su enorme capacidad de asombro y su gran sensibilidad ante la belleza de los paisajes naturales de nuestro continente y el magnífico colorido de los pueblos y sus fiestas tradicionales. 

En el área de las artes plásticas, Lucho como le dirían afectuosamente su allegados  irradió su creatividad de diferentes maneras y en diversos frentes. Su pintura es reconocida por su apasionado uso del color. No se le puede encasillar en una determinada tendencia; él mismo no se reconoce ni como surrealista ni como abstraccionista, en todo caso, como dijera Rafael Strauss (catálogo de la exposición Un día el hombrehará correr un ferrocarril sobre un rayo de luz..., Congreso de la República, 1985): "Sus figuras [son] fácilmente reconocibles, muestran lo simbólico y lo emblemático de la realidad que se desea plasmar. Lucho pinta lo confiesa  porque el universo está lleno de formas, pero en sus representaciones no se pierde en fantasías, no se demora en curiosidades sino que marcha de frente con todos los conocimientos de su época, los asume como experiencia que son, como nutrientes de una creación plástica que en [sus] manos e intencionalidad se transforman en pintura social". Y es que para Luksic lo más importante es comunicar, "siento un gran placer, el placer de comunicarme. Por eso mi pintura es figurativa y mi poesía es un tanto surrealista". ("El Arte es para la salvación", El Nacional , C14, 1985). En cuanto a su técnica, tampoco hay cómo definirla. Empleó materiales tan diversos y mezclas tan atrevidas que creó un estilo propio. Su primera exposición en Venezuela ocurririó en 1959, en el Club Paraíso, presentada por Miguel Otero Silva y comentada en nota crítica por Armando Lira. En registro formal cuenta con apenas una docena de exposiciones individuales, pero es que, una vez que Lucho se interesó en la cultura venezolana no dejó de realizar actividades artísticas de altísimo nivel, pero de muy poca difusión, porque le importaba poco el circuito de los salones y de las galerías de arte. 

A Lucho le interesaron mucho los niños. Sensible e inteligente como era, sabía que darles libertad y herramientas de expresión creativa era proporcionarles una base segura para su realización humana más plena y más justa. Por eso, desde 1960 hace actividades de gran trascendencia en lo conceptual y en la práctica en pro de la creatividad infantil, como por ejemplo con las orientaciones artísticas en el extinto Consejo Venezolano del Niño, que en ese tiempo era más una cárcel que un centro de desarrollo infantil. 

Sus otros frentes de acción dentro de las artes plásticas fueron como Director de la Escuela Armando Reverón en Barcelona, Anzoátegui (1961) donde proyectó y realizó múltiples murales y tomas callejeras con diversas manifestaciones artísticas. En Caracas, junto con Jacobo Borges y Manuel Espinoza plantearon la transformación de la Escuela Cristóbal Rojas para que los artistas se convirtieran en diseñadores industriales, se relacionaran con la sociedad y no fueran meros "hacedores de cuadros". 

Luis Luksic perteneció al grupo fundador de El Círculo del Pez Dorado, agrupación contestataria que funcionó entre 1963 y 1965, y donde militaron figuras consagradas de las artes plásticas. También fue profesor de escenografía y de títeres en Valencia y Maracaibo, además de ser el primer cuenta cuentos en Caracas. 

Valgan a modo de conclusión sus propias palabras: "Creo que la cultura popular es la base de toda la cultura, el pueblo es la fuente de donde emana toda forma de expresión; el que quiere apartarse es porque tiene una actitud que lo traiciona (...) Habrá una época de completa dignidad en que será posible que no existan ladrones ni vende patrias, ni los que se aprovechan del poder para embolsillarse inmensas sumas a costa de la vida del pueblo (...) Espero que toda la humanidad corra a la velocidad de la luz y que esa carrera sea para liberarnos a todos, absolutamente a todos, de la miseria, de las enfermedades, del desamparo". 

(Entrevista a Luis Luksic, Revista Caracola Nº 20, 1986). 

Luksic murió el 16 de septiembre de 1988 en el Hospital Universitario de Caracas, víctima de la enfermedad y el desamparo. 

Luksic y su legado en Los Teques

Melin Nava Hung

Un aura de orgullo aún se palpa en las calles de Los Teques como reflejo de un pasado de glorias y de hermosas vistas que pueblan la memoria de sus habitantes. Desde su elevación como capital en 1927, un entusiasmo sincero envolvió a la población que asumió el compromiso de una ciudad que veía con recato pero con optimismo su nuevo rol. 


Los Teques fue destino frecuente para atemperamiento de personalidades y personajes caraqueños que, agobiados por la vertiginosa vida moderna, buscaban en sus cumbres de verdes infinitos, de densa neblina y agradable clima, el descanso necesario a las pupilas y refugio confortable al cuerpo cansado del ritmo frenético de la modernidad. 

Tal vez por la casualidad o acaso por el destino, no debemos desconocer dos hitos fundamentales en la ciudad: el parque Los Coquitos que fue el primer Jardín Botánico de Venezuela, y la Casa de la Cultura de Los Teques, primera en su tipología en el país y temprano intento de lo que al poco tiempo se conoció como La Síntesis de las Artes. Así, Los Teques se resignificó como un escenario interesante de la década prodigiosa de los años cincuenta. 

Luis Luksic (1911 1988), llega a Venezuela en 1950. Lucho, como bien le llamaban sus amigos y conocidos, artista boliviano que bien merece la pena poner en valor y en perspectiva. 

En valor, porque Luis Luksic se definió a sí mismo, ante todo, como un poeta y fue un artista con una obra integralmente poética. Su trabajo se caracteriza por la diversidad de modos de expresión de su poesía. 

En perspectiva, porque fue rebelde a los cánones estéticos formales, y aún así, está considerado como uno de los poetas bolivianos de mayor compromiso político y más próximo al surrealismo. Desde su llegada supo hermanarse rápidamente con la sociedad venezolana, siempre interesado por la cultura popular y tejiendo afectos sinceros con los artistas, escritores y políticos más representativos de su época. Dos nombres sobresalen por sus vivencias y afectos compartidos: Jacobo Borges y Aquiles Nazoa. 

En 1952 es invitado para realizar cinco murales en la nueva Casa de la Cultura de Los Teques; obras en gran formato e innovadoras en su técnica que están íntimamente integradas al proyecto arquitectónico. 

Con estas pinturas buscó rescatar valores culturales autóctonos, donde fiestas y costumbres populares venezolanas fueron motivo de inspiración: El Sebucán, La Procesión del Niño Jesús, Diablos Danzantes, Tambores de Barlovento y Piladoras. El actual estado de conservación de estas obras exige una oportuna intervención para garantizar su preservación a futuras generaciones y, por ello, Cultura Miranda se encuentra en un proceso de localización de aliados que se unan a esta causa. 

El Gobierno de Miranda, a través de su dirección de Cultura y consciente de la trascendencia de la memoria cultural, formula una serie de actividades de puesta en valor de la obra integral de este artista y su posición dentro de la historiografía del arte en Venezuela; hasta ahora poco conocida y apreciada en el contexto actual. En el marco del Plan Miranda Valora inauguramos el 20 de septiembre, en conmemoración de los veinticuatro años de su pérdida física, la exposición-homenaje Luksic: inocente huésped de la alegría de vivir que se estará presentando hasta finales de octubre. En el marco de la muestra se desarrollará una actividad lúdica de promoción cultural para los niños, su público favorito, que será llevada a algunos de los espacios públicos frecuentados por el artista en vida, en los municipios Guaicaipuro, Sucre y Chacao durante el marco de la muestra. Esta actividad, que cuenta con el apoyo de Fundación Bigott y otros aliados, ha convocado a numerosos amigos, admiradores y artistas unidos al recuerdo de este creador, desconocido por muchos y que sin embargo dejó huella en el corazón del arte venezolano contemporáneo, constituyéndose en una sencilla y emotiva forma de dar vida a quien en vida, mucha vida dio.