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Se fue Luis Brito, gran artista y mejor maestro

El fotógrafo venezolano Luis Brito falleció este 1 de marzo de 2015 / Foto Manuel Sardá

“Captaba una imagen o un conjunto de ellas y a partir de entonces elaboraba su discurso visual”Antolín Sánchez / Foto Manuel Sardá

Premio Nacional de Fotografía 1996, fue determinante en el nacimiento de la fotografía contemporánea en el país

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“Me hubiese gustado ser escritor o músico”. Pero no. La fotografía agradece que Luis Brito (Río Caribe 1945-Caracas 2015) haya elegido a sus 30 años una cámara como compañera y, desde entonces, se dedicara a mostrar su compromiso con la vida y consigo mismo a través de las imágenes que hasta el domingo registró y que tanto lo alimentaron.

Para sus amigos y discípulos ayer amaneció de golpe. Aún no salía el sol y su cuerpo yacía en la calle Caroní de Bello Monte: un infarto fulminante detuvo el paso de un hombre claro, radical, honesto, amigo de sus amigos, y de un profesional cuya obra resultó determinante en el nacimiento de la fotografía contemporánea en Venezuela.

Fue en 1975 cuando Brito asumió la fotografía como lenguaje. Hombre de pueblo, como se definía, encontró en la locura, la religión, la muerte y la vida los elementos fundamentales de su trabajo. En aquel entonces la serie Los desterrados, en la que registró la Semana Santa en Santa Teresa y San Francisco, marcó el inicio como fotógrafo de quien fue Premio Nacional de Cultura, mención Fotografía en 1996. Luego se sintió fascinado por el universo de la danza y el teatro, y bien sobre el escenario o detrás de él registró hermosas y dramáticas imágenes.

Para Nelson Garrido, alumno y amigo, fue un gran docente. Con él compartió Luis Brito su última noche, la del sábado. “Estaba bien, tranquilo. Hablamos mucho”, recuerda Garrido quien lo define como su maestro. De su trabajo Garrido destaca el nivel de contraste que había en sus obras. “Era un lenguaje personal extraordinario. Extraordinario en la composición y el contraste”, afirma.

Con su amigo y también fotógrafo Antolín Sánchez pasó la mañana del sábado. Cuenta Sánchez que anímicamente lo encontró mucho mejor que cuando se fue a Europa hace unos seis meses. Recién había regresado al país a comienzos de febrero y estaba enfocado en un trabajo sobre los descendientes de los alemanes llegados a la Colonia Tovar que quería exponer allí. “No es un lugar común, pero su trabajo irá ganando peso con el paso del tiempo”. Sánchez pone el acento en la manera de trabajar de Brito: “No se planteaba un concepto, un trabajo teórico. Captaba una imagen o un conjunto de ellas y a partir de entonces elaboraba su discurso visual”. Para Sánchez alcanzó elevados niveles de inteligencia visual.

Guillermo Suárez, también amigo y colega, lo recuerda como un ciudadano de a pie a quien la situación política del país lo tenía muy preocupado. “Era un hombre muy comprometido”, recuerda. Y afirma: “Era como el señor Miyagi, el de la película Karate Kid. Un extraordinario maestro que enseñaba a ver la vida a través de las imágenes.

“Eramos panitas-panitas”, dice entre lágrimas su discípulo Adán Zárate. Un maestro con el que a la vez que aprendía de fotografía, podía pasar horas escuchando desde Bach a Gardel, pasando por Lavoe; viendo clásicos de la filmografía italiana y analizando imágenes. El jueves coincidieron por última vez. “Hizo comentarios muy ácidos, como solía hacer”, recuerda Zárate y reflexiona sobre la gran enseñanza de Brito: “Fue un creador muy crítico para quien el ser humano y sus emociones estaba por encima de todo”.

Nelson Garrido lo tuvo siempre claro: el homenaje que mereció en vida Luis Brito se le hará a partir de ahora. “Desde hoy sus amigos asumimos con él y su trabajo el compromiso de recoger su obra en un gran libro, que le debimos haber hecho desde hace mucho”.

Hoy, a partir de las 2:00 pm, sus restos serán velados en la Funeraria Vallés. Allí, amigos y discípulos despedirán al creador que manifestó: “Creo que los fotógrafos están en la obligación de dejar algo, no se trata de ser solamente artistas”.