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Lorenzo Silva: La novela negra florece en épocas de crisis

Lorenzo Silva | Foto: EFE

Lorenzo Silva | Foto: EFE

El ganador del Premio Planeta 2012 por el título La marca del meridiano sorprendió este año con una historia detectivesca

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Antes que escritor fue auditor de cuentas, asesor fiscal y abogado –hasta el año 2002–, de ahí quizás el aplomo ejecutivo de la americana azul marino que viste esta mañana o el aspecto de profesional liberal con el que sonríe a la cámara. Pero la verdad es que Lorenzo Silva escribe historias desde los 14 años de edad.
No son todavía las 9:00 am en Barcelona, España, cuando el 61° premio Planeta, que se encuentra en el hotel Princesa Sofía, ha contestado tres entrevistas telefónicas y bebido dos tazas de café Lungo Forte. No para de hablar y agradecer. Hoy, como buen día siguiente del galardón, todo son halagos.
La novela con la que Silva ganó la edición más reciente del Planeta, otorgado esta semana en Barcelona, es La marca del meridiano, una entrega más de la saga detectivesca protagonizada por la pareja de guardias civiles Bevilacqua y Chamorro, que le valieron el Nadal en 2000 con El alquimista impaciente.
La historia, cual clásico del género negro y del policial, comienza con el hallazgo de un cadáver. Ocurre en Barcelona, en octubre de 2011. El mismo día en que la ETA anuncia el cese definitivo de su actividad armada y que Gadafi aparece muerto luego de caer en manos de una turba enfurecida que lo aplasta y lo golpea como a una fruta madura frente a una cámara de televisión.
El viaje de Bevilacqua para esclarecer el asesinato de una víctima que resulta ser su amigo pone en marcha un libro en el que coinciden crimen, ética y moral. “Esta es una historia de hombres que, por error o por estupidez, se saltan un código”, dice Silva.

–Bevilacqua y Chamorro están presentes en su literatura desde hace 17 años, desde El país de los estanques. ¿Ha querido hacer de ellos testigos de la sociedad española en las últimas 2 décadas?
–Cuando escribí mi primer libro quería hacer una novela policiaca que sucediera en España, que tuviera personajes españoles, que mirara la realidad española sin complejos. Ellos me sirven como testigos, pero también como exploradores. Ellos acceden al lado oculto de las personas, a ese espacio donde las cosas no siempre son como parecen.

–¿Y qué han encontrado sus detectives a lo largo de siete libros?
–Las contradicciones de este país. España es capaz de cosas extraordinarias y es capaz de cosas tremendamente decepcionantes, por su estupidez.

–Comenzó a escribir novela negra cuando nadie en España apostaba por el género…
–Bueno, bueno! La novela negra era casi una leprosa en aquel entonces. Mi primera novela negra me la devolvieron seis editores, ¡seis!

–Y sin embargo ahora vive un momento de esplendor. En parte por la capacidad que tiene el género para reflejar el malestar social.
–La novela negra es un género que florece en las crisis. En estos momentos es más necesario que nunca explorar la parte desagradable de ese descontento, también para exorcizarlo. Yo creo que no es para nada casual que el gran boom de la novela negra estadounidense se produjera después de la Gran Depresión.

–En La marca del meridiano, el viaje que se hace para resolver un crimen que ocurrió en el pasado, en Barcelona, supone también la historia de quienes cruzaron un límite ético.
–Hay unos personajes evidentes: policías corruptos que ponen su placa y su pistola al servicio de los delincuentes. Ellos son los que cruzaron la raya. Sin embargo, quería huir de ese discurso que sitúa el mal fuera, por eso a lo largo de la historia también hay una reflexión de los personajes sobre sus propios errores.