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Leyson Ponce: “Ahora hablamos de una danza profesionalizada”

Leyson Ponce | Foto: Henry Delgado

Leyson Ponce | Foto: Henry Delgado

El bailarín y profesor de Unearte, que fundó junto con Miguel Issa el grupo Dramo, señala que la programación de las artes escénicas debe abarcar toda la ciudad para romper con la politización

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Leyson Ponce trabaja la danza desde la metáfora. Para él las nuevas manifestaciones de ese arte –que se entremezclan con la tecnología, el performance, el teatro y la plástica– constituyen una ventana para entender el mundo que lo rodea. Es bailarín, coreógrafo, profesor en Unearte y cofundador de la agrupación Dramo. Ha dirigido piezas como una versión de Esperando a Godot de Samuel Beckett; Asonados –sobre el Caracazo–, una coreografía ideada por él mismo;  y La gula dentro del montaje de Los siete pecados capitales, entre muchísimas otras.

Una tarde cualquiera, el director habla sobre la nueva danza y su presencia en el país.

–¿Cómo ha evolucionado la danza que afloró en las últimas décadas del siglo pasado?
–Actualmente en Venezuela tenemos el formato de la universidad de la danza: Unearte, que es producto de cuatro institutos: el de Danza, el de Teatro, el de Artes Plásticas Armando Reverón y el de Música, que era el Iudem. Cada uno aportó su propia experiencia en las distintas disciplinas, lo que introdujo un elemento de diferencia con respecto a la época cuando yo era un joven coreógrafo. Podemos decir que ahora hablamos de una danza profesionalizada, tenemos licenciados. En mi época eso no existía. El joven de ahora, cuando llega a la universidad, se encuentra con una concepción del diálogo de lo multidisciplinario. El estudiante se mueve con mucha facilidad. En mi época era más difícil, porque las estructuras se enfocaban hacia la propia danza y éramos una especie de claustro de conocimiento.

–En ese contexto, ¿cuál ha sido, entonces, el principal aporte de la creación de Unearte?
–Es una forma de sobremesa en la que se depositan los conocimientos y comenzamos a crear un flujo de formatos interesantes en cuanto a la investigación. Unearte concentra un gran porcentaje del talento nacional de la danza, sus profesores son grandes maestros con muchos años de trayectoria. Eso permite la conjunción de visiones amplias. En la universidad creemos que la danza es una construcción.

–La universidad de las artes, el crecimiento de agrupaciones y la presentación constante de sus propuestas… ¿se podría hablar de un resurgir de la danza contemporánea?
–Sí. Ese resurgir lo vemos en las plataformas de los nuevos creadores. Y cuando ves que la demanda para entrar a Unearte es mucho mayor a la capacidad de cupos, dices: aquí hay una fuerza creativa. Y creo que tenemos la responsabilidad de fomentar el trabajo. Apuntamos a una generación de relevo, eso es importantísimo. Y es fundamental proteger y sumar nuevos espacios para la creación, además de fortalecer los ya ganados.

–La realización de festivales es también algo que cabe destacar. Por ejemplo, acaba de finalizar uno en el Trasnocho Cultural, un espacio poco usual para la danza.
–Quedé encantado con el Festival de Nueva Danza que se realizó en el Trasnocho. Son iniciativas que hay que apoyar y promover para tener siempre ese espacio, que el festival se repita y que se genere allí un público. Fue una muy buena experiencia como punto de partida. Cuando se dé una segunda edición habrá mayor respuesta de los espectadores.

–¿Cree que el público de la danza contemporánea ha aumentado? ¿Sigue siendo una expresión para élites?
–Sí hay un público, el venezolano es muy curioso y está a la espera de innovaciones, de vivir experiencias. Esa sensación de estar rodeado de espectadores se vivió en los años ochenta, en la época de Aktion Kolectiva y de bailarines como Lídice Abreu, Luis Viana y el grupo Danzahoy… Creo que abrió su territorio. Todo ha sido un proceso educativo en el que nosotros los artistas tenemos una cuota de responsabilidad, fomentar este tipo de manifestaciones culturales no queda sólo para las políticas de Estado o de entes privados. Hay que continuar atrayendo público porque allí están los futuros estudiantes, los críticos de arte, el futuro espectador constante. Es primordial fortalecer las redes de comunicación. En cuanto al arte elitista, ya eso no sucede. La misma danza en sus propios procesos fue rompiendo con las limitaciones que se crearon desde el movimiento modernista de los años cincuenta.

–Hay público, pero aún no hay espacios suficientes para el desarrollo de la danza. ¿Cree que ésta sigue siendo la principal carencia?
–Es así. La universidad no se da abasto como infraestructura. Son necesarios los lugares para el trabajo. Es una carencia contundente, porque sin un espacio de trabajo no hay producción. Actualmente existen dinámicas que hay que fortalecer. Por ejemplo, el Centro Nacional de Teatro agrupa varias salas de la ciudad y arma una programación, hacen circuitos con obras. Este tipo de iniciativas se tiene que promover, pero con todos los teatros que tengamos. Siento que la cuestión está muy sectorizada y los espacios tienen que ser abiertos a todos, no hablar más de este y oeste sino de Caracas.

–¿Cree que existe una politización en las artes?
–Veo que comienza una apertura, quizás por los mismos procesos políticos que vivimos. No es mentira que dividimos la ciudad terriblemente. Creo que romperemos con la politización cuando las redes la abarquen toda, pero eso es responsabilidad de quienes están a cargo de las salas teatrales. Las artes tienen un papel importantísimo porque generan equilibrio.

–¿Cuál es la búsqueda final de la danza?
–La necesidad de reconstruir la manera de concebir el mundo. El proceso de las artes es inagotable porque en la medida en que recodifique lo que lo rodea habrá nuevas propuestas. Tiene ese ingrediente que es su visión abstracta de las cosas: traduce el mundo en movimiento y ejerce una fascinación en quien lo ve.

Investigación. Metáfora que codifica la realidad
En 1995, y luego de su regreso de Alemania –donde absorbió los códigos del expresionismo y de la escuela de Pina Bausch–, Leyson Ponce creó junto con Miguel Issa –actual coordinador general estratégico del Teatro Teresa Carreño– la agrupación Dramo (Dramaturgia en Movimiento). Para ese momento, por las dificultades económicas, los bailarines solían trabajar proyectos. Pero la idea del grupo les pareció interesante como medio para enfocarse en un laboratorio de producción de nuevos conceptos artísticos. Para solventar el aspecto monetario y generar sus propios espacios de representación, los fundadores asumieron el papel de gestores culturales: no sólo dirigían las piezas sino que también se convertían en periodistas que reproducían la información.
La compañía nació con la idea de romper con las estructuras de la danza moderna, con la estética equilibrada y los ideales de belleza. Su intención es generar espacios para la integración de artes como la plástica, la música, la fotografía y el performance.