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Leonardo Padura: “Una de mis grandes frustraciones es no haber sido un buen pelotero”

El escritor cubano, que también tiene la nacionalidad española, vive en La Habana, en el mismo barrio donde nació | FOTO ARCHIVO

El escritor cubano, que también tiene la nacionalidad española, vive en La Habana, en el mismo barrio donde nació | FOTO ARCHIVO

El autor, que ganó el Premio Princesa de Asturias de las Letras, prefiere no hablar sin propiedad sobre la situación en Venezuela 

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Entrevistar a Leonardo Padura por teléfono es un ejercicio de insistencia. La llamada a La Habana, donde reside, suele caerse constantemente. Lo sabe y lo lamenta. “Es horrible lo de la comunicación. Esto es tremendo, no paro de hablar”, advierte el escritor cubano que el miércoles ganó el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015.

El autor reconoce, sin embargo, que la primera de las tres veces que se cortó la comunicación fue su culpa. “Es que metí el dedo donde no debía”, afirma luego de contestar por segunda vez en su casa, en el barrio de Mantilla. “Es para mí, una entrevista que me harán”, le dice a su esposa, la guionista Lucía López Coll, que acaba de levantar el auxiliar.

Han sido días ajetreados. Los medios no han dejado de buscarlo para conocer sus impresiones después del anuncio del galardón. “Es el reconocimiento a años de dudas y temores, a un trabajo que hago en soledad con la incertidumbre de no saber si funcionará”.

Cuando sonó el teléfono de su casa el miércoles en la madrugada no se asustó ante la posibilidad de recibir una mala noticia. “Sabía que era para informarme que era el ganador”, cuenta el escritor de El hombre que amaba a los perros que viajará a Oviedo el 23 de octubre para recibir el premio. Un día antes le habían notificado que estaba entre los finalistas, al igual que el japonés Haruki Murakami y el poeta sirio Adonis.

En una entrevista reciente el novelista nacido en 1955 afirmó que el reconocimiento lo hace sentir como parte del tridente del Barcelona, en alusión a Lionel Messi, Neymar y Luis Suárez. Es seguidor de ese equipo, pero prefiere el beisbol. “Lo que pasa es que en Cuba es más fácil ver los juegos de los conjuntos europeos que las Grandes Ligas. Una de mis grandes frustraciones es no haber sido un buen pelotero o manager, porque creo que sé bastante de pelota. Acá soy fanático de Industriales y en Estados Unidos del que tenga más cubanos”.

Tratará de ponerse al día con la Copa América, pues el primer partido no lo pudo ver por estar fuera de casa. “¿Quién ganó?, pregunta sobre el juego en el que Chile venció a Ecuador 2 a 0. “En este torneo no sé con quién quedarme entre Argentina, México o Brasil”.

—¿Qué le dijeron sus vecinos en Mantilla?
—Era muy temprano. No quise despertar a mi madre, que tiene 87 años de edad y vive en la casa vecina. Fue ella quien tuvo que subir a felicitarme y yo nunca pude despegarme del teléfono. Muchos amigos han venido a verme.

—¿Lo llamó alguien del gobierno cubano para felicitarlo?
—No. Tampoco lo esperaba.

—Habla de no sentirse seguro cuando escribe. ¿Cómo se puede decir eso cuando ha ganado premios importantes?
—Los premios gratifican, dan una sensación de seguridad intelectual y económica. Pero el problema es encontrar el adjetivo que mejor matice el carácter del sustantivo que has usado.

—Varias veces ha afirmado que su esposa es su más sincera editora. ¿Qué ha sido lo más duro que le ha dicho?
—Que todo es una mierda y debo escribirlo de nuevo (risas). Me ha ayudado mucho. Recuerdo que cuando el personaje de Mario Conde dejó la policía y hubo que buscarle un oficio, acordamos que fuera comprador y vendedor de libros viejos.

—Si Cuba es un personaje, ¿qué momento atraviesa en este momento?
—En los ochenta era una sociedad muy homogénea; pero, como decía George Orwell, había unos más iguales que otros. En los noventa todo empezó a fragmentarse y en los últimos años ese proceso se ha acelerado. Ahora los jóvenes tienen perspectivas diferentes. Surgen personas que con pequeñas empresas privadas hacen cantidades importantes de dinero.

—¿Percibe esos cambios como positivos?
—Eran necesarios. La sociedad igualitaria se basaba en la subvención soviética. La de ahora es más real, pero el principal problema es la eficiencia. Para lograrla se están produciendo cambios muy imperceptibles desde una mirada superior, pero con mucho efecto a nivel social.

—¿Cómo sería la vida de Mario Conde ante el posible afianzamiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos?
—Es difícil desde la literatura captar toda la dimensión de una situación que está en proceso. La historia de la novela que estoy escribiendo ahora terminará el 16 de diciembre de 2014, un día antes de que se anunciara el inicio del diálogo.

—¿Esa novela tiene nombre?
—Tengo uno que me sirve para trabajar, pero no te lo digo porque es muy malo.

—En Venezuela la diáspora es un fenómeno creciente, ¿qué opina sobre el tema un escritor que tiene la emigración tan presente en su obra?
—El ser humano debe tener el derecho inalienable de vivir donde y como quiera. En Cuba actualmente hay un fenómeno similar. Ahora es más fácil salir de la isla porque no se necesitan permisos. Lo hacen los más preparados. Eso tendrá una consecuencia para la sociedad, que tiene que asumirlo o crear las condiciones para que no haya un desangramiento.

—En el cuento “La Puerta de Alcalá” habla de quienes se van y quienes se quedan, una discusión que se está dando en Venezuela en la que ambas partes consideran tener la razón.
—Siempre se crean conflictos, muchas veces permeados por la política. Son discusiones que no deberían convertirse en un problema personal. Yo me quedé en Cuba, una decisión que tomé libremente.

—¿Por qué?
—Como escritor necesito el contacto con mi realidad, con mi lengua. A veces puede ser traumático en muchos sentidos. Hace rato mi esposa estaba llamando a unos albañiles que hacen un trabajo en casa de mi suegra y tienen tres días sin ir. La realidad te toca la puerta, entra a tu casa y se acuesta en tu cama.

—Como periodista, ¿cómo ve la situación actual de Venezuela?
—Es una pregunta que nunca respondo. Para conocer un país hay que vivirlo. Me molesta cuando alguien viene a Cuba, se aloja en un hotel durante una semana con dólares en el bolsillo y trata de explicarnos cómo es todo acá.

Herejes es una novela de pérdida y desarraigo. ¿Alguna vez se ha sentido así, sin rumbo y resistiendo como sobreviviente?
—Muchas veces. El ser humano vive en una lucha constante. En Cuba ha sido una de supervivencia. He tenido la fortuna de que mi trabajo me ha permitido viajar y sostenerme económicamente. En los años terribles de los noventa fue cuando más escribí, lo hice como un loco para no volverme loco.

—Con esa novela busca una reflexión sobre la libertad individual, especialmente en sociedades como la cubana. ¿Pero realmente existe la libertad plena en otras sociedades?
—Por eso no solo se refiere a la experiencia cubana. Tiene mucho que ver con la condición humana. El desafío de la realización del albedrío es una lucha constante en todas las situaciones. El hombre ha pagado un precio tratando de obtener ese derecho.

—¿Es el escritor que soñó ser cuando joven?
—(Risas) No sabría decirlo. En esa época quería ser como Ernest Hemingway. Luego me di cuenta de que era un gran escritor, pero también un gran cabrón como persona. Lo que he hecho es tratar de hacer mi carrera con mucho trabajo. Por supuesto, no imaginaba lo que he logrado.

—Ha dicho que en el alma de las cosas suele estar lo peor de las personas. ¿Cómo es el alma de Leonardo Padura?
—Trato de ser un ciudadano más. No me creo superior en ningún sentido. Practico la amistad de la manera que lo he hecho siempre. No hay ninguna persona que pueda decir que lo perjudiqué para beneficiarme. Mi vida ha sido lo más limpia posible.

Del papel al cine
Hace cuatro semanas comenzó el rodaje de cuatro películas basadas en las primeras novelas de Leonardo Padura: Pasado perfecto, Vientos de cuaresma, Máscaras y Paisaje de otoño. “Los guiones los escribimos mi esposa y yo”, dice el autor de quien se acaba de publicar la antología de cuentos Aquello estaba deseando ocurrir (Tusquets).

El director es Félix Bizcarte y Jorge Perugorría será quien interprete al detective Mario Conde. La producción está a cargo de la compañía española Tornasol Films.

En 2016, el protagonista de la saga policíaca de Padura cumple 25 años de su aparición pública. “Qué mejor manera de celebrarlo con el salto al cine. Fueron 15 años de lucha. Fue en 1999 cuando el director español Jaime Botella se acercó con la idea adaptar el primer libro, pero nunca se llevó a cabo”.

—¿Qué tipo de películas está viendo actualmente?
—Me gustó mucho Birdman de Alejandro González Iñárritu. Sin embargo, mis preferencias son actualmente las series. Mi esposa y yo acabamos de terminar Better Call Saul y Breaking Bad. Nos encantó. Vamos ahora con Game of Thrones.

—¿Y música?
—Oigo poca porque cuando escribo no puedo, pero suelo escuchar siempre la misma. Cuando tengo tiempo pongo Mamas & The Papas, los Beatles, Rubén Blades, Norah Jones y una mezzosoprano que se llama Katherine Jenkins.

—¿Ha leído obras recientes de autores venezolanos?
—No estoy informado de lo último, ni de lo venezolano ni lo cubano. Me he dedicado a leer historia y literatura que me ayude a encaminar mis novelas. Cuando escribo tampoco trato de hacer descubrimientos, voy a lo seguro. Vuelvo a Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier y a los estadounidenses.

—¿Por qué le gusta el Barcelona?
—Hubo una época en la que tenía muchos jugadores holandeses y a mí me encantan los futbolistas de ese país. Luego está Ronaldinho, a quien considero uno de los grandes genios del fútbol, al igual que Pelé, Maradona y Messi. Este último es otra de las razones.


Tres obras fundamentales

Pasado perfecto (1991)
Es la primera obra en la que aparece el personaje de Mario Conde, un detective que se vuelve recurrente en la saga de novelas policíacas escritas por Leonardo Padura. El personaje empieza a servir al autor para mostrar el lado más oscuro de una Cuba que se vendía como inmaculada por la Revolución. La corrupción y otras intrigas que debe desentrañar el policía dan muestra de una sociedad con serios problemas. La trama se basa en cómo un viejo compañero de colegio construye una reputación basada en dudosas acciones.


La novela de mi vida (2001)
Leonardo Padura se inspira en la vida del poeta  José María Heredia para esta novela. Según sus propias palabras, es uno de los primeros exilados políticos de Cuba, un tema sobre el que ha reflexionado mucho. Heredia murió en México en 1839, por lo que el escritor hace sus acostumbrados paralelismos en estas páginas entre el siglo XIX y el siglo XX a través del personaje Fernando Ferry, cuyo objetivo es hallar un manuscrito de la autobiografía inédita del poeta.


El hombre que amaba a los perros (2009)
Considerada por muchos como la novela más ambiciosa de Leonardo Padura, quien reconstruye lo que fue el paradero en La Habana de Ramón Mercader, el militante comunista que asesinó en México a León Trotski. En 2011 el Instituto Cubano del Libro le otorgó el Premio de la Crítica en Cuba por esta obra, una crítica directa y sin contemplaciones al estalinismo. Es uno de los libros del autor que se pueden conseguir en Venezuela.