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Leonardo DiCaprio, el último Gatsby

El actor Leonardo DiCaprio / AFP

El actor Leonardo DiCaprio / AFP

De él hablan bien directores, guionistas y compañeros de trabajo en Hollywood, aunque la Academia siempre lo ha mantenido al margen. Vuelve a actuar bajo las órdenes de Baz Luhrmann en El gran Gatsby. Soltero, sin hijos, en 2014 cumplirá 40 años de edad 

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A Baz Luhrmann le gusta recordar al muchacho de 18 años que era Leonardo DiCaprio cuando protagonizó Romeo y Julieta y compararlo con el hombre que es 20 años más tarde. “Un hombre de verdad”, como lo describió el duro de Vladimir Putin. Alguien que es bueno “porque disfruta con lo que hace”, ha dicho Clint Eastwood. Alguien capaz de dejar a Martin Scorsese sin palabras “porque no las hay” para describir lo que ocurre cuando actúa. Y es difícil dejar mudo al director de El aviador, Pandillas de Nueva York y Los infiltrados, algunas de las cintas que lo convirtieron en una de sus musas. Luhrmann tampoco se anda con reservas: “Conocí a un muchacho con talento y ahora es un hombre en control. Un gran actor. Y no hemos visto ni la mitad de lo que es capaz de hacer”.

DiCaprio no necesita los halagos. Él será eternamente “rey del mundo” en la proa del Titanic. Lo sabe. Sentado, con el tobillo encima de la rodilla, la chaqueta Armani a la espalda y el gesto altivo, es un hombre de pocos movimientos, pero de los que miran a la cara cuando habla.

Siempre quiso ser tomado en serio. Su conversación parece querer dejar claro que es más que una cara bonita. Nunca le gustó esta parte de su trabajo, la de hablar con la prensa. Aunque prefiere volver una y otra vez a su obra para mantener su verdadero yo fuera de cámara, parece que está dispuesto a bajar la guardia para hablar de El gran Gatsby, la nueva adaptación cinematográfica del clásico literario de F. Scott Fitzgerald.

“Es uno de los personajes mejor escritos que he leído”, sopesa el actor. Una obra que leyó como deberes de instituto cuando era adolescente y que entonces no apreció. Da una calada al cigarrillo electrónico que lo ayuda a combatir un vicio que lo acompaña desde joven y reflexiona: “Nunca antes me di cuenta de la gran tragedia que se esconde detrás de esta historia de amor, una persona obsesionada con Daisy Buchanan, que es su pasado, alguien a quien necesita poseer para convertirse en ese hombre triunfador, hecho a sí mismo, que siempre soñó ser”.

DiCaprio ve en el personaje una figura fuerte, estoica: “Ese hombre rodeado de misterios que se los gana a todos”. Las descripciones del personaje le pegan a él, carne de la prensa del corazón gracias a su éxito y a la galería de bellezas de su historial sentimental, desde Erin Heatherton a Blake Lively, Bar Refaeli o Gisele Bundchen. De él se sabe poco, tiene aplomo y maneja la situación. Como recordaba un ejecutivo de los estudios Warner, productores de El gran Gatsby, no hay proyecto de DiCaprio que no vea la luz.

Desde Titanic, su filmografía no ha incluido un galán. “No eres la primera que me pregunta por qué no interpreto historias románticas”, se rebela. “Con la mano en el corazón: si no lo he hecho antes es porque lo único que le pido a una película es que me ofrezca un personaje de peso. De otro modo es aburrido. Jay Gatsby tiene todos los elementos. Ha perdido todo contacto con la realidad. Lo que ha creado a su alrededor son grandes fiestas a las que todos quieren ser invitados, pero nadie acude a su funeral después del escándalo. Yo crecí rodeado de mi familia y de grandes amigos que han estado conmigo toda la vida. Pero sí me identifico con la ambición, con quien trabaja incansablemente para convertirse en ese gran hombre que quiso ser desde niño”.

Habla de corazón cuando se refiere a sus amigos, ese grupo en su día bautizado como el Pussy Posse y que además de Tobey Maguire incluye a Lukas Haas y Kevin Connolly, gente de la que no se ha separado desde los años noventa, cuando cambió su billete de primera para ir a Australia a rodar Romeo y Julieta por varios billetes de sencillos mortales y poder así volar con su séquito. “No estuve en esa ocasión, pero me acuerdo de la hazaña”, añade Maguire con sonrisa pícara.

Los lazos siguen aunque los tiempos cambien. DiCaprio continúa soltero y sin hijos, pero fue testigo de la boda de Kate Winslet y es padrino de los vástagos del ex Hombre Araña. “Y uno de los buenos”, añade Maguire.

Los 40 se vislumbran en el horizonte y su sombra le asusta, como a cualquier otro. “¡Me quedan 2 años y me voy a agarrar a ellos como pueda! Aunque la verdad es que ahora me siento más cómodo que nunca. Supongo que pasa con la edad. He crecido en la industria. Actúo desde que tenía 13 años. ¡Desde que conozco a Tobey! He crecido a la vista de todos. No es especialmente agradable. Pero ahora estoy por fin en ese momento en el que me doy cuenta del gran viaje que ha sido mi vida, capaz de hacer realidad mis sueños de juventud, de cuando vivía en Hollywood y soñaba con actuar. No acababa de sentirme parte hasta que, como dice mi madre, me tocó la lotería. No fue un accidente, porque siempre quise ser actor, pero tuve la suerte de hacer Vida de este chico y ¿A quién ama Gilbert Grape? en lugar de una de las franquicias juveniles de Disney”.

Insiste en que lleva una vida normal. No le gustan las fiestas, más allá de juntarse con sus amigos a decir tonterías; ni la moda, a excepción de las chaquetas, por las que siente debilidad. Es un lector infatigable y le interesan los deportes, pero desde las gradas, aunque practica submarinismo porque ahí se aísla de todo. Y básicamente lo seduce el cine, cuando trabaja (con El gran Gatsby son tres las películas rodadas en dos años, junto con Django sin cadenas y The Wolf of Wall Street) y cuando no lo hace. En esos períodos se vuelca a su labor altruista en defensa del medio ambiente.

Un optimista, como Gatsby, dentro o fuera de Hollywood. Pero con los pies en la tierra. “Por supuesto que en ocasiones me siento desencantado con la industria. O superado por el mundo en que vivimos. Nos pasa a todos. Pero cuando digo que me siento más cómodo de lo que me he sentido nunca, lo digo en serio. Tendrá que ver con la edad. O con la experiencia. Pero lo digo con toda honestidad”. Sus ojos aún chispean.