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Leonardo Azparren: “El Estado venezolano nunca ha tenido una política teatral”

FOTO Ernesto Morgado/ Archivo

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El investigador barquisimetano considera que el Movimiento de Teatro Infantil y Juvenil César Rengifo, oficializado recientemente por el gobierno, puede resultar en una experiencia con poco valor artístico y mucha orientación ideológica

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Licenciado en Filosofía, magíster en Teatro Latinoamericano por la Universidad Central de Venezuela, individuo de número de la Academia Venezolana de la Lengua y autor publicado, Leonardo Azparren Giménez tiene currículum más que suficiente para hablar sobre las artes escénicas venezolanas. Cuando el teatro en Caracas luce dividido entre los montajes que se presentan en el este y en el oeste, el gobierno nacional oficializa un proyecto orientado a formar a niños y jóvenes en un arte con muchas carencias aún por atenderse.

 

–Recientemente el gobierno inauguró el Movimiento de Teatro Infantil y Juvenil César Rengifo, que tiene como objetivo llevar las artes escénicas a primarias y liceos. ¿Qué piensa de la iniciativa?

–Llevar el teatro a los colegios es una práctica que tiene muchísimos años. Tanto en la educación pública como en la privada. El hecho de bautizarlo César Rengifo me parece un homenaje a un gran artista venezolano, aunque me preocupa que el empleo del nombre vaya cargado de encarrilamiento ideológico, habida cuenta de que este régimen considera a Rengifo como un portavoz importante de sus ideas y habrá que ver cuáles son los resultados. Cualquier plan masivo de desarrollo del teatro por lo general no termina en nada, porque supone que existe suficiente personal capacitado para formar en este arte, cosa que dudo mucho. Es muy probable que termine siendo una experiencia de poco valor artístico y con demasiada orientación ideológica. Siempre recuerdo a Bertolt Brecht, que decía que el teatro popular tenía que ser de una altísima calidad artística porque se trataba de educar, purificar y enaltecer los valores en los sectores populares y eso está por encima de cualquier camisa de fuerza ideológica, algo que aquí no se entiende.

–¿No hay nada qué rescatar del movimiento?

–La buena intención. Pero de buenas intenciones está empedrado el camino que conduce al infierno, como dijo Dante. Todo está supeditado a la calidad artística de lo que se haga. Los ideológicos olvidan que el teatro es belleza, calidad estética. Se le hace un grave daño si eso no se resuelve.

–¿Cree que el país tiene bajos niveles de capacitación en el arte?

–Siempre he sido de la opinión de que el gran problema de la formación en el teatro venezolano es que no tenemos maestros de actores. E insisto en la palabra maestro. Es algo que se ha comprobado en investigaciones universitarias. Fui tutor de una tesis sobre la presencia de Stanislavski en Venezuela y una de las conclusiones es que había profesores que no lo conocían, lo cual supone una carencia teórica y metodológica gravísima. En cuanto a la dramaturgia, ha alcanzado altos niveles de desarrollo y calidad, demostrados internacionalmente. Y se sigue escribiendo mucho. En este ámbito lo más grave es que la aplastante mayoría de las obras no son representadas, lo que es una lástima. Un dramaturgo que no se vea en escena es uno que está medio vivo.

–¿A qué se debe esa desconexión entre dramaturgo y director?

–Tiene que ver con la situación económica del teatro venezolano. Cuando el régimen decidió no solo no apoyar sino maltratar al teatro de arte sus hacedores tuvieron que trabajar para sobrevivir y el principal interés está en cómo cautivar al espectador, por eso el gran florecimiento del teatro comercial.

–¿En décadas pasadas se puso en práctica un proyecto similar al Movimiento César Rengifo?

–Cuando Germán Lester estuvo en la Dirección de Teatro del Conac se inició un proyecto que lamentablemente no prosperó, que fue la creación de compañías regionales que junto con la Compañía Nacional de Teatro debían ser la plataforma para un teatro popular de servicio público, que es lo que le corresponde al Estado. Pero eso fue decayendo por razones de carácter económico. Y este gobierno terminó de acabarlo cuando redujo a nada la Compañía Nacional de Teatro. En cuanto a los colegios, no sabría decirte. Desde décadas el teatro, al igual que la danza y el canto, ha formado parte del plan extracurricular. Pero como hecho en la cultura venezolana no ha habido. Habrá que ver por dónde va y cuántas escuelas hay en el país para que haya profesores de teatro.

–¿Cómo ha sido el apoyo que los gobiernos nacionales han prestado al teatro?

–El Estado venezolano nunca ha tenido una política teatral. Los gobiernos le han prestado apoyo en menor o mayor grado de acuerdo con diversas circunstancias, pero en todo caso esa ayuda significó el desarrollo del teatro de arte. En algunos momentos el Estado fue exageradamente generoso en la asignación de los subsidios, sin mayor control de cómo eran empleados. Pero hoy en día estamos padeciendo al gobierno más inculto del que se tiene memoria. Guardando las distancias, he dicho que es más inculto incluso que el de Juan Vicente Gómez, porque este es un régimen con una mentalidad militar muy chata, condimentada con unas anacronías ideológicas pasmosas que se traducen en una total insensibilidad.

–Más allá de colocarle el nombre de César Rengifo a un proyecto formativo, ¿considera que hay un verdadero reconocimiento de los creadores venezolanos?

–Aparte de que es muy fácil utilizar el nombre de los muertos porque no hay quien reclame, la valoración que este régimen le ha dado al arte es negativa. Por ejemplo, la tradición de décadas según la cual los premios nacionales de Cultura los entregaba el presidente en Miraflores desapareció. Lo que es una falta de respeto y una carencia de aprecio por la obra de los creadores. Ahora se otorgan unos reconocimientos que nadie sabe cómo los deciden. Además, el hecho de arrebatarles sus sedes a las instituciones pone en evidencia el desprecio del régimen por la cultura. O lo que ocurre con el Teatro Cajigal en Barcelona, una pequeña joya que está esperando para poder funcionar.

–¿Y cree que el teatro es incluyente?

–No sé qué entender por incluyente. El teatro es un acto en el que el ser humano se siente en comunión con sus semejantes. Eso le da un valor extraordinario. En cuanto al arte que se hace en las salas del este y las del oeste, hay un factor político negativo y es la forma en que quienes han organizado el Festival de Teatro de Caracas han ignorado lo que ocurre en la otra parte de la ciudad. Basta ver cómo las salas del oeste les fueron negadas al festival que impulsa el Ateneo de Caracas. Es una discriminación lamentable en el mundo de la cultura.


Pesimismo

Crítico acérrimo del llamado teatro comercial y confeso visitador infrecuente de las salas teatrales, Azparren Giménez dice que no es optimista en cuanto al desarrollo de las artes escénicas en los años por venir. “Cualquier impulso verdaderamente alentador es posible con una política de Estado democrática y abierta. Actualmente las obras tienen unos horarios reducidos a los fines de semana, cuando en otros tiempos podías ver, por ejemplo, El pez que fuma de miércoles a domingo. La situación está llena de incertidumbre y la gente de teatro, los grandes profesionales, hacen esfuerzos casi al nivel de mártires para mantener su profesión con la mayor dignidad posible”.