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Julio Iglesias: Soy un estoico. Mi disciplina está hecha de hierro

Julio Iglesias / EFE

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Desde cualquier remoto punto del mundo en donde se encuentre cantando mantiene una comunicación constante, diaria, con su esposa, Miranda, y sus hijos, a los que adora. Sigue la actualidad política de España y conserva una viva curiosidad por todo

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Julio Iglesias pertenece a la estirpe de artistas que hacen de su entrega un arte exigente, sin desmayo, con un ritmo de trabajo que asombra (inicia este año una nueva gira mundial) y, sin embargo, causa la impresión de tener tiempo para todo. Nadie sabe cómo lo consigue.

Desde cualquier remoto punto del mundo en donde se encuentre cantando mantiene una comunicación constante, diaria, con su esposa, Miranda, y sus hijos, a los que adora. Sigue la actualidad política de España y conserva una viva curiosidad por todo.

Posee a sus 70 años un excedente vital casi temerario. Es infatigable. Ha hecho de la disciplina costumbre. Los más de 300 millones de discos vendidos y el viaje infinito de país en país cantando son muestra de un talento que da siempre en la diana y una fuerza de seducción y de voluntad que nunca le han dejado.

Directo y locuaz, perfeccionista e impredecible, con un sentido del humor burlón, confiesa que los años le han descubierto que "el azúcar es malo y que se te cae el pelo". Pero también "a no juzgar a la gente, a no sentirme culpable y a distinguir la generosidad de la avaricia", dijo hoy a Efe en una entrevista telefónica.

Julio Iglesias ha cautivado a jóvenes y no tan jóvenes de todo el mundo con lo que no se ve. La voz. Una extraordinaria voz cálida y visceral, de un timbre seductor. A través de los años ha ido acumulando esta voz afectos, bohemia, amores que hacen y deshacen, plenitud de experiencias y el convencimiento de que la felicidad, como decía el escritor Ramón Pérez de Ayala, es, a la postre, un producto de fabricación casera.

Hoy, cuando se le oye cantar "El amor" o "Caruso", uno no puede dejar de pensar en que hay una estirpe de cantantes que todavía no se ha perdido.

El próximo 22 de febrero el cantante español más universal se encontrará con el público de Miami en el American Airlines Arena, para continuar su larga gira estadounidense con actuaciones en Clearwater, Naples y Jacksonville (también en Florida), y en los estados de California, Arizona, Nuevo México, Nueva Jersey, Texas y Nevada. El 24 de abril cantará en el Carnegie Hall de Nueva York en una gala en homenaje a Óscar de la Renta.

Una gira de conciertos que le llevará también por Latinoamérica (México, Panamá, Nicaragua) y por toda Europa, con actuaciones en España, Inglaterra, Francia, Holanda, Suecia o Irlanda del Norte, entre otros países.



PREGUNTA. ¿Qué emociones despierta en usted esta larga gira mundial con más de 80 conciertos, una treintena de ellos en Estados Unidos?



RESPUESTA. Lo bueno no es eso. Lo bueno es que tengo ganas de hacerlos. Si yo no cantara me moriría física y psíquicamente. El cantar me da la alegría de saber que estoy vivo.



P. Una gira que debe exigir un enorme trabajo de preparación física y mental...

R. A los 70 años salir a un escenario no es tan fácil. Son dos horas de concierto donde hay una grandísima intensidad y estoy solo en el escenario; todo es pasión y emoción y dar toda tu vida ahí.



P. ¿Y cómo resiste ese ritmo de actuaciones tan intenso? ¿Es muy severo con usted mismo?

R. Mi vida es total y absolutamente disciplinada hasta el masoquismo. Mi disciplina está hecha de hierro. Conmigo soy severo, disciplinado. Soy un estoico.



Julio Iglesias nunca esconde que el éxito forma parte integral del tejido de su vida, frente a los que creen que es un espejismo al que no hay que prestar atención. Éxito, sí, pero producto del sacrificio.



"El éxito es una maravilla, porque te permite tener luces en los ojos; pero si no es un éxito que tenga sacrificio al lado, entonces no es un éxito honrado", afirma el cantante español, que recibió en abril de 2013 el trofeo Guinness Récords al artista latino que más discos ha vendido en el mundo.

Pone como ejemplo de esta indisoluble forja de éxito y sacrificio el caso del tenista Rafael Nadal. "Mi Rafa del alma, jugando con la mano llena de yagas (en sus partidos del Abierto de Australia), en un acto de voluntad y sacrificio total y un dolor constante", cuenta con admiración.



P. O sea, al final, ¿todo lo que vale la pena en la vida cuesta esfuerzo?

R. Sí. La felicidad es un esfuerzo grande. La felicidad no es gratis nunca. La única felicidad gratuita es la de la lotería.



P. ¿Cuántos idiomas habla?

R. Pocos. Español, portugués, italiano, inglés, francés...



P. ¿Cuál es el mejor idioma para hacer el amor?

R. El idioma que tienen los ojos. Las palabras se olvidan y se las lleva el viento. Los ojos quedan para siempre.



Hace una pausa el cantante madrileño, queda como pensativo, y salta directamente a hablar de su relación con Miranda: "La relación con mi mujer es de un amor profundísimo y de un respeto grandísimo. Desde hace años yo ya no me imagino sin ella. Miranda es una generosa total con la vida y tiene unas cualidades excepcionales".

Se refiere a continuación a sus hijos y a lo difícil que resulta descifrar "lo que van a hacer los más pequeños" en el futuro, qué cualidades apuntan. Por ejemplo, explica: "No esperaba que Enrique fuera el fenómeno que es, la cualidad humana y artística de Julio (Iglesias Jr.) o la bondad de mi hija mayor (Chabeli)".

Sobre los cinco hijos que tiene con Miranda (Miguel, Rodrigo, las gemelas Victoria y Cristina y Guillermo), aseguró que lo más importante es que sean, "primero, generosos como su mamá, y después competitivos. Tienen que darse cuenta de que han tenido, que tienen muchas luces y que tienen que merecérselas".