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Juan Bonilla: “Los artistas juegan mejor a la contra”

Bonilla nació en Jerez de la Frontera en 1966 | Foto Archivo El Nacional

Bonilla nació en Jerez de la Frontera en 1966 | Foto Archivo El Nacional

El autor de Prohibido entrar sin pantalones, la primera obra galardonada con el Premio Bienal Mario Vargas Llosa, destaca la obra de Antonio Arráiz

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“Pushkin, Dostoievski, Tolstoi, etcétera, etcétera, deben ser tirados por la borda del vapor del tiempo presente”, reza un manifiesto que a principios del siglo XX firmaron varios poetas futuristas, entre ellos Vladimir Maiakovski, protagonista de Prohibido entrar sin pantalones, obra con la que el español Juan Bonilla ganó la primera edición del Premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa.

No es una biografía, aunque para su desarrollo el autor consultó libros, documentos y películas sobre un personaje obsesionado por desplazar las formas de quienes entonces contaban historias y que llegó a ser uno de los artistas predilectos de la Unión Soviética, aunque luego fue desechado.

Para Bonilla es un escritor que debía rescatarse en la literatura en español.

—¿Qué descubrió mientras escribía la novela?
—Me interesaba esa trayectoria de alguien que empezó como un poeta callejero, que iba por los cabarets con los futuristas de San Petersburgo y Moscú. Luego, con la Revolución bolchevique se convierte en el poeta nacional de Rusia. También me llamó la atención esa visión de la poesía como medicina para cambiar la vida de la gente.

¿Por qué Javier Marías se sorprendió cuando le comentó que escribiría sobre Maiakovski?
—Nos vimos en la estación de trenes de Barcelona. Al preguntarme amablemente sobre lo que estaba haciendo, me dijo: “¿Pero si nadie se acuerda de él?”. Me dejó ver efectivamente que en el español había sido muy olvidado.

¿Cuándo vincula al poeta con lo que sería el movimiento punk?
—Si repasamos cómo nacen el futurismo y el punk, es obvio que son movimientos contestatarios que tratan de responder a la autoridad y los modos de vivir impuestos. En la concepción ideológica de la vida hay pocos parecidos. Los futuristas creían en una sociedad altamente tecnológica. En el punk no hay futuro.

¿Cómo vería la actualidad un poeta como Maiakovski?
—Él y los futuristas rusos e italianos pensarían que tenían razón, que efectivamente lo que ellos cantaron como algo novedoso se ha instalado en nuestra cotidianidad. No hicieron otra cosa que prestarle voz artística a ciertas partes de la sociedad. Cuando Filippo Tommaso Marinetti decía que un carro de carrera era más hermoso que una escultura clásica, había gente de acuerdo. Las fábricas son los nuevos templos.

En las primeras páginas da la impresión de contar una historia de pandilleros que se enfrentan por las formas.
—Me gusta eso de pandilleros. Son pandilleros de la literatura, de la poesía. Para ellos era una obsesión casi enfermiza, por lo que pensaban que podían cambiar la vida de los demás. Llegaron a esa conclusión de que a la poesía había que vivirla, no escribirla. Todo eso nace de la pasión juvenil que perdió fuerza con los años. Las mejores obras son las de cuando eran pandilleros. Al instalarse en el poder, pierden fuerza.

¿Su novela es una advertencia en ese aspecto?
—Más que una advertencia, constata un hecho probable históricamente. Los artistas, poetas e intelectuales juegan mejor a la contra que al servicio del poder. Cuando están a sueldo de ese poder pierden su naturaleza. Esto vale para Maiakovski y muchísimos otros nombres, sin importar cuál sea el signo de la autoridad que los utiliza.

¿Cuáles escritores futuristas destaca de Latinoamérica?
—En América Latina el influjo fue muy grande. Me gusta un poeta peruano que se llama Alberto Hidalgo, que recibió la influencia del futurismo, como también Jorge Luis Borges. En Venezuela está Antonio Arráiz. En Áspero hay ciertas notas de ultraísmo, la versión española del futurismo.


Sobre el galardón
El año pasado se anunció la creación del Premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa con el objetivo de galardonar a la que el jurado considere la mejor obra en español publicada en ese período.

En marzo se anunció el ganador: Juan Bonilla por Prohibido entrar sin pantalones. Los otros dos finalistas fueron el español Rafael Chirbes por En la orilla y el colombiano Juan Gabriel Vásquez por Las reputaciones.

El jurado estuvo integrado por la escritora brasileña Nélida Piñón; el director de la Real Academia Española, José Manuel Blecua; el ensayista mexicano Christopher Domínguez Michael, el crítico chileno David Gallagher y el presidente de la Academia Peruana de la Lengua, Marco Martos. El premio está dotado de 100.000 dólares.

En diciembre, Juan Jesús Armas Marcelo, director de la Cátedra Vargas Llosa, dijo a El Nacional que se busca contrarrestar al Premio Internacional Rómulo Gallegos. “Por las manipulaciones políticas, que son evidentes, se vino a menos”, indicó.