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Johnny Jiménez: El arpa da para todo

El joven se hizo famoso con su versión de “Me voy enamorando”

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Hace tres semanas Johnny Jiménez caminaba por el centro comercial Líder. Era un paseo como cualquier otro, pero ese día hubo un quiebre en su rutina. “Estaba con mi prima, pendiente de comer y echar broma. De repente se me acercaron unas personas y una me preguntó si yo era el que tocaba la canción de Chino y Nacho en Youtube. Hasta se tomaron una foto conmigo”, recuerda.

No han pasado tres meses desde que abrió una cuenta en el portal donde sube las versiones que hace de canciones de Maluma, Romeo Santos y Miley Cyrus. Sin embargo, fue la interpretación que hizo de “Me voy enamorando” la que se volvió viral. Ha sido vista más de 60.000 veces, uno de esos clic fue el de los intérpretes del tema.

“Una persona puso el video en el Facebook de ellos. Yo me alegré, na’guará, en esa página hay millones de seguidores. Mi cuenta colapsó con la cantidad de mensajes, entre esos el de ellos. Querían contactarme”, relata Jiménez.

Chino y Nacho querían que el arpista participara en el espectáculo que iban a ofrecer en el Forum de Valencia el 17 y 18 de julio. “Al final estuve en el concierto. Al terminar el show, en los camerinos, Nacho agarró un cuatro y tocamos la pieza, además de un joropo. Conversamos un rato, echamos broma. Vamos a ver si salen nuevos proyectos. También conocí a Víctor Drija, quien lloró cuando me oyó tocar su tema ‘Amanecer”.

El joven de 17 años de edad también toca el cuatro y las maracas. Desde pequeño recibió en casa conocimientos musicales gracias a su padre, Abigail Jiménez, artista de música llanera que falleció en 2011. Estudiaba en el núcleo de Montalbán del sistema nacional de orquestas, pero dejó de asistir cuando le rompieron el violín. “Fue en el ajetreo del Metro. No tengo para comprar otro. Están muy caros”, dice sobre un instrumento que puede costar más de 40.000 bolívares.  

Desde que ocurrió lo de Chino y Nacho el interés en él ha aumentado. “Me han llamado para seis bodas, en las que piden versiones de Marc Anthony y Romeo Santos. Menos mal que no han llorado por el precio. A muchos les parece caro, pero en realidad no lo es”. Jiménez cobra entre 20.000 y 30.000 bolívares por una hora de música si la presentación es en Caracas, pero un juego de cuerdas para el arpa le cuesta 15.000 bolívares. “Tengo problemas para conseguirlas. Antes eran baratísimas. Hace 4 años costaban entre 200 y 300 bolívares”.

En Canadá también están interesados en él. “Quieren que incluya mi arpa en un proyecto de música urbana de Little Joseph”, cuenta sobre la posible colaboración con el cantante nacido en Montreal de padres venezolanos.
 
Jiménez vive en uno de los bloques de Ruiz Pineda, en Caricuao. El apartamento está en el piso 14, pero el ascensor llega hasta el 12. Es pequeño. Ahí también habitan su madre y dos hermanos menores. Una habitación la convirtió en un estudio, donde tiene su computadora, mezcladora, monitores y micrófonos. En ese lugar graba música que le piden y composiciones propias, que aún no tienen nombre.

“Desde hace años toco músico llanera, es lo mío, pero hace poco empecé a experimentar con otros ritmos. Tengo amigos que me enseñan otro tipo de música. Las saco rapidito, a puro oído”, expresa quien ha sido arpista de cantantes como José Gregorio Oquendo, Ignacio Rondón y Reynaldo Armas. También ha colaborado en los discos de Carlos Yustre, Domingo Rendón y Gerardo Valentín. “He estado con ellos en programas como Sábado Sensacional y Portada’s. Con mi hermano mayor, Gailabi, he viajado a Colombia”, dice sobre el bajista que se convirtió en su manager.

La madre lo mira con orgullo. También toca el cuatro, pero sabe que su hijo está en otro nivel, que la exclusiva dedicación a la música ha incrementado su destreza. Es inquieto. No quiere dejar de mostrar nada de lo que sabe. Mientras habla de lo fácil que fue sacar “Propuesta indecente” de Romeo Santos, afina las cuerdas del arpa para llegar a los tonos adecuados. Lo mismo hace cuando interpreta “Mi niña bonita”.
Cuando se habla de música en casa es el líder. La familia tiene un grupo llamado Armonía Venezolana. Su mamá, Visi Yépez de Jiménez, es docente especialista en música y toca el cuatro; mientras que sus hermanos menores, Harvey y Abigail, están a cargo de las maracas y del bajo, respectivamente.

Es el arpista quien da las indicaciones y todos se acomodan a su alrededor. Cuando empieza la música, entra como en un trance. Se desconecta del entorno, solo toca tierra cuando escucha que alguien desafina. La mirada es la batuta de quien tiene las manos en las cuerdas del arpa.

Con entusiasmo guarda los videos de los programas en los que apareció como músico acompañante y en los que la cámara lo enfocó apenas unos segundos. “Mira, acá estoy más chamito”, “en este tengo el cabello más largo”, “esa vez toqué el violín”, comenta con entusiasmo. “Mi objetivo es viajar alrededor del mundo y demostrar que el arpa da para todo”.

Epígrafes
Tengo problemas para conseguir las cuerdas, que ahora cuestan 15.000 bolívares. Antes eran baratísimas. Hace 4 años costaban entre 200 y 300 bolívares”

Al terminar el show, en los camerinos, Nacho agarró un cuatro y tocamos la pieza, además de un joropo. Conversamos un rato, echamos broma. Vamos a ver si salen nuevos proyectos”