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Jesús Soto dejó un vasto legado de luz y movimiento

El fotógrafo José Grillo capturó una imagen del artista plástico, Jesús Soto, en 1971/ Archivo El Nacional

El fotógrafo José Grillo capturó una imagen del artista plástico, Jesús Soto, en 1971/ Archivo El Nacional

A más de un lustro de la muerte del creador cinético, su obra es exhibida en grandes museos y espacios públicos, y se cotiza cada vez mejor en subastas

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Para Jesús Soto, la divinidad no tenía cuerpo humano, sino que era luz. Esa fue la premisa que guió el trabajo artístico del creador nacido el 5 de junio de 1923 en Ciudad Bolívar. El miércoles hubiera cumplido 90 años. La fecha coincide no sólo con los homenajes que le dedica el museo que lleva su nombre en su ciudad natal, sino también con un repunte de los precios de sus obras en subasta y con la muestra que hasta hace pocos días le dedicó el Centro Pompidou de París.

Su legado como exponente del cinetismo ha cobrado vigencia en los últimos años, asegura el crítico Perán Erminy. “Soto llevó lejos su investigación sobre la vibración y el movimiento. Hizo obras perdurables, inscritas en una corriente internacional muy amplia”, indica.

Soto se formó en la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas de Caracas, ciudad donde expuso por primera vez. Su debut fue en el Salón Oficial de Arte, en el que participó por siete ediciones consecutivas. Después de su graduación, en 1947, trabajó en Maracaibo, como director de la Escuela de Bellas Artes. Dos años después presentó su primera individual en el Taller Libre de Arte, en la capital. Erminy recuerda que el guayanés llegó a París en 1950, con una beca del Gobierno venezolano. Según la biografía publicada en la página web oficial del artista, cuando tenía 27 años de edad se alojó en un cuarto en el hôtel De la Paix, 29, Quai d’Anjou, donde vivían Alejandro Otero y Mercedes Pardo, Rubén Núñez, el propio Erminy y el poeta José Lira Sosa.

En esa ciudad se reencontró con sus antiguos compañeros de Los Disidentes. “Se reúnen en torno a Aimée Battistini, pintora oriunda de Ciudad Bolívar y muy amiga de la madre de Soto, que había llegado a París en 1928. Ella guía a los recién llegados en su descubrimiento del arte moderno. Además, les da también apoyo moral y a veces material”, se lee en el sitio web.

En esa estancia Soto desarrolla sus primeras obras basadas en la repetición y la progresión y asiste a las conferencias del Taller de Arte Abstracto. También entra en contacto con Carmelo Arden Quin, máximo exponente del movimiento Madi y, a la postre, responsable de la primera exposición del venezolano en Francia. La muestra se tituló Espace-Lumière y tuvo lugar en la galería Suzanne Michel. En la colectiva participaron Luis Guevara Moreno, Rubén Núñez, Alejandro Otero, Mercedes Pardo y Jack Youngerman.

Cuando se le acabó la beca, Soto no regresó al país sino que permaneció en París, ciudad en la que se destacó en el oficio de guitarrista, que fue su modus vivendi por algún tiempo. En 1955, participó en la exposición Le mouvement, organizada por la galerista Denise René, a quien había conocido un año antes junto con Victor Vasarely.

Allí exhibió, entre otras piezas, Metamorfosis, de 1954. El historiador y crítico Ariel Jiménez, autor del libro Conversaciones con Jesús Soto, la describe como la primera en la que el artista logra producir círculos de luz. “Que fuera precisamente con esa obra que se diera su entrada ‘oficial’ en la historia del arte no deja de ser significativo y profundamente revelador de la dimensión simbólica –metafísica– que cobra la luz en su trabajo, y esto tanto en el plano personal como en el plano de las necesidades simbólicas de muchos venezolanos”, escribió Jiménez en 2005 en El Nacional.

La muestra en la que también participaron Yaacov Agam, Jean Tinguely y Pol Bury es considerada por los especialistas como la partida de nacimiento del arte cinético, movimiento del que Soto fue precursor y al que luego se uniría Carlos Cruz-Diez.

Soto pasó a la historia como creador de series emblemáticas. Sus Esferas, Cubos, Espirales y Vibraciones son dinámicas e irrepetibles. Lo mismo cabe decir de Penetrable, descrita por el periodista Edgar Alfonzo-Sierra como “una de las piezas más impresas en el imaginario nacional”.

“Creo que es el artista venezolano que ha hecho las obras de más alta factura más perdurables, además de que fue una de las cabezas más visibles de un movimiento internacional. Por eso es que ahora en las últimas subastas ha seguido subiendo su cotización”, dice Erminy en referencia al hecho de que la pieza Grand Relation Bleu et Noir se vendiera el 30 de mayo en una puja de Sotheby’s por 485.000 dólares.

La galerista Rosa Amelia Herrera explica que ello se debe a varias razones. “La primera es que es una gran referencia a nivel mundial; la segunda, no hay tanta obra suya en el mercado; y la tercera es que la Fundación Soto hace un buen trabajo de autentificación. Él ha sido de los creadores más internacionales que hemos tenido. En el futuro se consolidará aún más”.

 

Tributo en Ciudad Bolívar

El Museo de Arte Moderno Jesús Soto, de Ciudad Bolívar, fue creado en 1973 por iniciativa del propio artista. El año pasado, la institución fue tomada por la Gobernación. Aún conserva el nombre y parte de la colección del creador. El museo le rinde tributo con la muestras Sotobosque de Jesús Quintero y Jesús Soto, construcción y sensibilidad, inauguradas el miércoles. En la capital no se anunciaron actividades. La última individual del creador fue Color sobre color, en la galería Ascaso. Después de su muerte, en 2005, su obra pública comenzó a ser recuperada. Pdvsa La Estancia financió la restauración de la Esfera Caracas, pero el Estado aún no ha reparado las dos esculturas que forman parte de la estación de Metro de Chacaíto, que también fueron vandalizadas.