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De tu James Bond particular

Joaquín Riviera / Manuel Sardá

Joaquín Riviera / Manuel Sardá

"Joaquín Riviera inventó un país llamado Miss Venezuela. Aunque sólo duraba una noche cada año, ese país tenía algo aspiracional al mismo tiempo que una férrea, efectiva y poderosa capacidad de organización", manifestó Boris Izaguirre

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Siempre he creído, muy sinceramente, que si Joaquín Riviera hubiera sido presidente de Venezuela, al menos por un mandato, seríamos un país completamente organizado. Un país bien dirigido.

Pero Joaquín era demasiado inteligente y prefirió hacer lo que él sabía, dirigir no sólo los mejores y más espectaculares momentos de nuestra televisión, sino el sentido histórico, el legado, la identidad cultural que esa televisión iba a ejercer sobre todos nosotros.

Joaquín Riviera inventó un país llamado Miss Venezuela. Aunque sólo duraba una noche cada año, ese país tenía algo aspiracional al mismo tiempo que una férrea, efectiva y poderosa capacidad de organización. Y una de las razones de que todo funcionara como él quería era porque él creía y vivía para ese momento. Era un profesional y le gustaba cada vez superarse en su profesión.

Para muchos de los que hemos podido conocerle y disfrutarle como director, Joaquín Riviera era el Maestro. He tenido la gran suerte en mi vida de trabajar y conocer a dos grandes Maestros. José Ignacio Cabrujas en la literatura y Joaquín Riviera en el espectáculo, las dos vertientes principales de mi carrera. Nos conocimos quizás un poquito tarde, a partir de la primera vez que acudí como animador invitado al Miss Venezuela 2009. Repetí, por invitación suya, en 2010 y el año pasado los dos nos alegramos mucho de poder estar juntos, esta vez conmigo como presidente del jurado. Como siempre sucede, no podía imaginarme, ni nada lo habría presagiado, que sería nuestra última vez. Es curioso que el día antes de viajar a Venezuela para los ensayos, pasé por una tienda religiosa cerca de la iglesia del Cristo de Medinaceli en Madrid y vi una figura de la Virgen de Lourdes, de la cual Joaquín era muy devoto. Nunca había hecho algo igual, pero me decidí a llevársela a Caracas y aparecí en el Tamanaco con mi Virgen muy bien envuelta y él se emocionó vivamente. Lo vio como una deferencia de mi parte (mucha gente sabe que no soy tan creyente) y en realidad tenía razón, porque le respetaba mucho. Muchísimo, porque Joaquín ha sido una de las personas que con más respeto me ha tratado en esta profesión.

Siempre me decía: “Tú haz todos tus escándalos, pero llega a tiempo a los ensayos”. Para mí fue algo tan emocionante la primera vez que lo vi detrás de su escritorio en el Poliedro, lleno de carpetas y con Ricardo Di Salvatore y Peggy Navarro (sus leales espadas) al lado y él dando órdenes con su bocina. Después de saludarnos, él me subió al escenario y yo de verdad temblaba, porque para muchos venezolanos que por alguna razón hemos dejado el país el Miss Venezuela es como nuestro momento patriótico. Joaquín me enseñó las escaleras en la escenografía. “Boris, ¿tú crees que puedas bajar sus escaleras?”, me preguntó casi guiñándome un ojo, porque él sabía lo que me estaba proponiendo. Y yo pensé en decirle: “Te las voy a bajar mejor que Carmen Victoria Pérez”, pero no me atreví porque Joaquín inspiraba mucha seriedad, muchísima. No hacía falta, yo creo que él me leía el pensamiento.

Joaquín podía estar ensayando hasta las 3:00 o 4:00 de la madrugada. Su capacidad de observación era inigualable y es eso lo que lo hará todavía más irremplazable. Joaquín podía ver a alguien haciendo lo que no debía al fondo de un megaescenario, detrás de ochocientas personas vestidas con trajes gigantescos y mandar a parar el ensayo. “El de la esquina superior, al fondo de la escalera última, estás demasiado a la derecha, no se te va a ver”. Y en alguna ocasión subía hasta la persona y volvía a reposicionarla. Tengo tanto orgullo y tanta emoción de haber asistido a esos ensayos y esos momentos. Aprendí tanto, no sólo de cómo se construye una escena televisiva extraordinaria sino de lo que importas sobre el escenario. Joaquín era el heredero de una forma de hacer espectáculo que se muere con él. Ha sido un gran privilegio haberlo compartido. Haberlo visto.

Gracias a Joaquín yo no puedo bajar ninguna escalera sin sentirme que lo estoy haciendo en el Miss Venezuela. Eso es lo que diferencia a un director de otro: Joaquín me dio a mí los mecanismos para crear una nueva relación entre mi persona y el escenario. ¡Él creó a ese Boris Izaguirre que baja las escaleras del Miss Venezuela, mezcla de James Bond y Maritza Sayalero! Y para mí es la vaina más arrecha que he hecho en mi vida. No hay otras palabras ni lágrimas para poder agradecerlo. Cuando terminamos ese ensayo, él cogió la bocina y dijo: “Boris, ni en Telecinco ni en Antena Tres ni en Televisión Española te han hecho aparecer como yo en el Miss Venezuela”. Y desde entonces no se me va de la cabeza que Joaquín ha sido de las poquísimas personas que de verdad entendieron quién era yo, como showman, como animador, como escritor y como persona. Gracias, no me dio tiempo de decírtelo, pero te quiero siempre.