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“Jamás pensé que me divertiría como villana”

Por primera vez, Marjorie Magri será la gran villana | Foto Cortesía Marjorie Magri

Por primera vez, Marjorie Magri será la gran villana | Foto Cortesía Marjorie Magri

Marjorie Magri hereda de Norkys Batista el papel de contrafigura en la versión original de Juana, la Virgen: “En mi vida diaria soy muy caída de la mata, y ahora es chévere hacer tantas maldades” 

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Llega a la cita de la entrevista con la nariz notablemente roja y pide una limonada con yerbabuena. Marjorie Magri Camacho, hija única de un padre de origen napolitano y una madre con sangre cucuteña, escapó por un domingo de las grabaciones de Virgen de la Calle, nueva versión internacional de Juana, la Virgen que se graba en los estudios de la ahora fantasmal sede de RCTV, y regresó insolada de la playa.

Por primera vez, será la gran villana: como Desireé Rojas, sucede a Norkys Batista en la telenovela original de 2002. Su cabello está más liso con respecto al personaje que tiene en este momento en pantalla: Amparo Montoya, mujer de a caballo y ombligo al aire, enamorada de un simple peón en Las bandidas, por Televen (todavía no está confirmado qué canal venezolano transmitirá Virgen de la Calle). Fue Chica Polar durante todo 2012, lo que teóricamente hace que el entrevistador esté sentado frente a una de las 29 mujeres más bellas de Venezuela.

—¿La regañan cuando llega muy bronceada de la playa a las grabaciones de una telenovela?

—Claro, uno tiene que tener cuidado con eso, porque salgo de la secuencia del personaje. Pero amo la playa. Uno también merece su descanso, ¿no?

—En general, ¿qué hace cuando tiene un día libre?

—Comer y dormir. Ir a la playa. Me gusta relajarme en mi casa.

—¿Rumbera o casera?

—Súper casera. Obviamente salgo, como todos. Pero si me ponen a elegir siempre voy a escoger estar en la casa. Con mi familia, viendo una buena película, cocinando. Siempre prefiero como las cosas más tranquilitas. La verdad es que nunca fui rumbera. Aunque tengo mis días.

—¿De qué aspecto físico partió para construir a su villana en Virgen de la Calle?

——Desireé tiene entre 28 y 30 años de edad. Es una mujer muy sexy.

—¿Sexy vulgar?

—¡No! Para nada. Sexy fina. Es muy sensual, sin intentar serlo. Porque ya su personalidad da para eso. Es muy ambiciosa. Y se lleva por el medio lo que le pongan, con tal de conseguir sus objetivos. Sabe hacia donde va y hace lo que sea por conseguirlo. Voy a hacer llorar a medio elenco. Les hago la vida imposible. Es una villana muy villana. Muy mala. Nunca había hecho algo así. Tendré un maquillaje marcado, porque es una mujer que se arregla mucho, que se preocupa por estar de punta en blanco todo el día y ser el centro de atracción. Volver locos a todos los hombres. Pero no te puedo adelantar mucho ahorita. Te puedo decir que van a disfrutar mucho de la historia.

—¿Se está divirtiendo?

—Un mundo. Jamás pensé que me podría divertir tanto haciendo una villana. Es muy rico. Desireé hace tantas maldades, trama tantas cosas y es tan calculadora… Particularmente, en mi vida diaria soy muy caída de la mata. Muy distraída. Nunca me fijo en nada. Para mí todo es bueno, todo es bonito y todo es chévere. Es chévere también experimentar cosas que yo no tengo: ese montón de frustraciones y ambiciones de Desireé. Tratar de sacar herramientas de alguna parte para hacer creíble algo que yo desconozco.

—¿Qué labor del campo aprendió en Las bandidas?

—Aprendí a montar caballo, básicamente. Les tenía mucho miedo a los caballos y lo perdí. Nos dieron un caballo fijo a cada una de las protagonistas.

—¿Cómo se llamaba su caballo?

—No me acuerdo. En las escenas en las que se ven cabalgatas muy largas utilizaban dobles para protegernos, porque no puedes grabar una telenovela con una actriz con un pie roto. Una vez mi caballo se me desbocó, pero logré atajarlo.

—Su papá es de Nápoles, y en Comer, rezar y amar, Julia Roberts engorda en esa ciudad en el sur de Italia.

 —Soy muy tragona. Y adicta a tres cosas: la pasta, el chocolate y el sushi. A esas tres cosas. Gracias a Dios tengo buena genética. Mi papá y mi mamá son muy delgados. He hecho natación casi toda mi vida, y como sufro de escoliosis, en algún momento me sirvió como terapia de rehabilitación. Aunque ahorita no puedo hacerlo por razón de tiempo. Para nadie es un secreto que mi gran amigo y entrenador, Richard Linares, es el que se encarga de, cuando me ve un poquito pasadita de peso, mandarme mi dietica y mis ejercicios. Él es el que está ahí pendiente: “¡Mira, mucha revolvera ya, hay que apretar la tuerca, deja de comer tanta pasta y chocolate!”.

—¿Y de su mamá colombiana qué heredó?

—Que me gusta el vallenato.


Las bandidas 

De lunes a viernes, 9:00 am

Televen