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La poeta Jacqueline Goldberg novela la historia de una casa francesa

Jacqueline Goldberg había perdido la esperanza  de ver publicada su obra | Foto: Alexandra Blanco

Jacqueline Goldberg había perdido la esperanza de ver publicada su obra | Foto: Alexandra Blanco

El verso y la prosa se unen en una obra basada en la historia de la Villa Saboya de Le Corbusier

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Jacqueline Goldberg casi había perdido la esperanza de ver publicada su primera novela, Las horas claras, cuando se anunció el fallo de la XII edición del Concurso Transgenérico de la Sociedad de Amigos de la Cultura Urbana, que la declaraba a ella ganadora y recomendaba la publicación de las obras Con trazos de seda de Cecilia Rodríguez, Alambrada de Patricia Valdivia y Santa Ángela del Cerro de Eloi Yagüe.

La autora, que ha recibido galardones como el de Literatura Infantil Miguel Vicente Pata Caliente (1993) y el de la Bienal de Poesía Mariano Picón Salas (2001), recuerda que envió el manuscrito a varias editoriales antes de hacérselo llegar también a varios agentes literarios en España. “En todos los casos –dice– me respondían muy amablemente, pero se negaban. Los europeos aludían a la crisis y los editores nacionales rechazaban el formato en el que estaba escrito”.

Y es que su novela está en verso. Por eso, el acta del jurado, que estuvo integrado por Gina Saraceni, Héctor Torres y Joaquín Marta Sosa, señala que es un “hermoso e inclasificable híbrido que une poesía, historia y novela”.

Recitar una historia. La novela hace ficción de la relación que tuvo Emile Savoye con el paradigma de la vivienda como machine à habiter (máquina de habitar) del que Le Corbusier había hecho la Villa Saboya (Ville Savoye, en francés). Ella sobrevivió a su esposo, que fue quien encargó la casa al célebre arquitecto, y fue muy crítica del trabajo de esta figura central del modernismo.

El grueso de la novela es la perspectiva de la protagonista sobre el lugar que habita, pero también la indiferencia que se vivía en París durante el período de entreguerras y la misoginia de Le Corbusier. Goldberg toma como referencias reales el hecho de que la familia Savoye tuvo que abandonar la casa –una de las primeras en tener estacionamiento– porque se inundaba y que fue ocupada por el Ejército francés y luego bombardeada por los nazis. Al final, la novela incluye una nota histórica y un recuento de cómo la autora nacida en 1966 hizo la investigación.

“No estoy muy segura de que esto sea una novela: es un texto narrativo que primero estuvo escrito completamente en verso”, indica antes de recordar que algunos amigos la llamaban terca porque estaba empeñada en mantener el texto en el formato de verso, hasta que accedió a transformarlo en prosa. “Lo que hice fue subir líneas, nada de la puntuación lo cambié. El libro sigue siendo un libro en clave poética”.

La novelista se declara seguidora del ejemplo de Oscuro bosque oscuro de Jorge Volpi, El mismo mar de Amos Oz, Poetas en la noche de José María Fonollosa, The Golden Gate (La puerta de oro) de Vikram Seth, Del natural de WG Sebald y Yevgeni Onegin de Alexandre Pushkin. Señala que aunque no todas estas obras están propiamente escritas en verso o no usan la fragmentación poemática, sí se sirven de frases muy breves. Por eso, define su novela como “un texto escrito con la respiración de la poesía, frases cortas, silencios; una forma novelística, que pese a su voz poética abraza todos los requerimientos de la narrativa y la ficción”.