• Caracas (Venezuela)

Escenas

Al instante

Jackson: “La crítica no tiene la última palabra”

Peter Jackson | Reuters

Peter Jackson | Reuters

Hoy se estrena El hobbit, un viaje inesperado, la primera entrega de otra trilogía basada en la obra del escritor británico J.R.R. Tolkien que dirige Peter Jackson. Es en la audiencia, asegura el realizador, en quien piensa cuando hace una película 

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

El forzado regreso de Peter Jackson a la Tierra Media, patria imaginaria de elfos, enanos, orcos, magos, gigantes y dragones, le salpicó de canas la melena negra y la espesa barba, aunque el rostro travieso que caracteriza al peculiar neozelandés de 51 años de edad sigue estando ahí.

Con el estoicismo que aprendió durante la salvaje promoción de la trilogía de El Señor de los Anillos, el antaño rey del cine ultraindependiente recibe con un suspiro y un té entre las manos a la enésima y última periodista del día en un hotel londinense. Lleva un mes paseándose por el mundo concediendo cientos de entrevistas para contribuir al bombardeo comercial de una película de gran presupuesto, en este caso de más de 180 millones de dólares, como informa el propio Jackson.

Pero no es sólo una superproducción: es El hobbit, un viaje inesperado, la primera de 3 cintas basadas en el clásico El hobbit del escritor británico J.R.R. Tolkien, con millones de fans en todo el planeta, prólogo de la también adorada saga literaria El Señor de los Anillos (que adaptada al cine por Jackson cosechó 17 premios Oscar y recaudó casi 2.900 millones de dólares).

Y es a esos seguidores a quienes el cineasta dice deberse, sobre todo cuando acaban de publicarse las críticas no excesivamente halagadoras de la primera entrega de la nueva trilogía que juró que nunca dirigiría, y con las que, sin embargo, convive desde hace varios años, primero como guionista y productor y finalmente como el realizador que, en principio, nunca quiso ser.

“Me daba mucho miedo repetirme, volver a hacer una película que ya había hecho, y por eso dije que no y se lo propuse a Guillermo del Toro. Pero el proyecto se retrasó tanto por problemas de financiamiento que él tuvo que abandonarlo. Y llegados a ese punto sentí que quien tenía que dirigir el filme era yo. Además, creo que es muy diferente a El Señor de los Anillos porque Tolkien escribió el libro pensando en una audiencia más joven y hay muchos personajes nuevos”.

Quizás esa sea la percepción de los fans de los libros originales, que celebrarán tanto el regreso del mago Gandalf, encarnado por el brillante Ian McKellen, como la llegada de Bilbo Bolsón, interpretado por Martin Freeman, protagonista del libro, o de Thorin Oakenshield, a quien da vida Richard Armitage. Pero para los no conversos apenas hay diferencia temática con respecto a la saga anterior excepto en el look de la película, con la que Jackson siente que llegó al siglo XXI, al ser el primero que ha filmado en 3D a 48 fotogramas por segundo.

Y es precisamente eso lo que no le ha gustado a los críticos. “La industria ha ofrecido lo mismo desde 1927: proyecciones a 24 fotogramas por segundo. No podemos quedarnos de brazos cruzados cuando la tecnología nos presenta la posibilidad de mejorar. En 3D los 24 fotogramas por segundo funcionan mal. Lo que yo hice fue tomar nuevas herramientas y con ellas tratar de hacer el cine más atractivo a las nuevas generaciones, que apenas van a las salas porque prefieren ver películas en su iPad. Quiero darles motivos para regresar al cine y si los críticos no entienden que ese cambio es necesario ya lo harán. Ocurrió lo mismo cuando se pasó del vinilo al CD: a los críticos les sonaba demasiado limpio, pero se acostumbraron. El cine tiene que evolucionar y los críticos acabarán aceptándolo aunque en realidad la última palabra no la tiene la crítica sino la audiencia, que es en quien yo pienso cuando hago mis cintas”.

Jackson confiesa que no siempre fue así, que al comienzo buscaba el reconocimiento de los críticos. “Es imprescindible cuando eres un principiante porque necesitas labrarte una reputación, pero después… [sonrisa pícara]. La realidad es que yo no soy un artista, estoy en la industria del entretenimiento, del escapismo, trabajo en equipo y si la taquilla responde eso es lo que importa”, dice el director adorado por Hollywood precisamente por esa capacidad para arrastrar a la gente al cine pero que, curiosamente, nunca ha aceptado una película de encargo que él no haya escrito y que mantiene su base de operaciones en Nueva Zelanda.

Eso sí, admite que el dinero quita independencia y eso a veces le hace echar de menos sus humildes inicios, cuando cocinaba prótesis de látex en el horno de su madre para producciones como Mal gusto: “No se puede ser independiente cuando haces un filme con un presupuesto de 100 millones de dólares, pero también es cierto que cuando haces películas de bajo presupuesto tienes muchas limitaciones. No es fácil decir qué prefiero. Lo que sí sé es que cada vez que termino una cinta como El hobbit me vuelve a apetecer mucho hacer una película pequeña”.  Pero de momento aún le queda por montar la segunda parte, acabar de filmar la tercera y cerrar su reto con Spielberg, Tintín. El cine pequeño, parece, tendrá que esperar.

La cifra

190 millones de dólares, aproximadamente, fue el presupuesto asignado por Warner Bros. para la realización de El hobbit: un viaje inesperado