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Iván Diéguez: Si pretendemos ser un país exportador debemos ser competitivos

“Entendemos que se proteja la industria nacional, pero en países como España, México o Argentina, que son grandes editores, no hay un autoabastecimiento de libros porque asumen que en primer lugar está el derecho humano de la bibliodiversidad”, sostuvo Dieguez | Foto: Leonado Noguera

“Entendemos que se proteja la industria nacional, pero en países como España, México o Argentina, que son grandes editores, no hay un autoabastecimiento de libros porque asumen que en primer lugar está el derecho humano de la bibliodiversidad”, sostuvo Dieguez | Foto: Leonado Noguera

El director de la Cámara Venezolana del Libro informa que las imprentas han comenzado a recibir papel, pero como muchas tienen una larga lista de publicaciones en espera, las novedades de algunas editoriales nacionales tardarán aún más

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La Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo cerró ayer con el orgullo de haber presentado el mejor esfuerzo en sus 14 años de convocatoria, sin embargo, a pesar de las largas colas de gente que fueron a visitarla y de las altas ventas que registró, la industria venezolana del libro no puede esconder que está pasando por su peor momento: la mayoría de las editoriales y distribuidoras están facturando menos que en 2012, de por sí un mal año.

No sólo son escasas las divisas para la compra de insumos para la impresión de títulos en el país –como el papel y la tinta–, sino que como los libros no están en la lista de bienes prioritarios para la adjudicación de dólares Cadivi, las distribuidoras de textos importados deben recurrir al Ministerio de Industrias Ligeras y Comercio para recibir un certificado de no producción. Este trámite se ha vuelto más engorroso el último año y con frecuencia tarda mucho, por lo que las empresas no han podido honrar los compromisos que habían hecho para 2013 con las librerías del país. Una situación que ha tenido como consecuencia la falta de novedades en los anaqueles.

De acuerdo con una encuesta hecha hace un mes entre los agremiados a la Cámara Venezolana del Libro, el ministerio apenas estaba aprobando 16% de las solicitudes del certificado de no producción, cuando hasta principios de año el promedio no había bajado de 70% . “Otro problema se refiere al tiempo de respuesta, que ahora es como de tres meses”, señala Iván Diéguez, presidente de Cavelibro.

Resulta una gran ironía para los editores nacionales que, luego de décadas quejándose de los bajos índices de lectura, justo ahora en que estos muestran sus picos más altos, sea por falta de insumos que no puedan ofrecer títulos nuevos para satisfacer el mercado, en vertiginoso ascenso desde 2003. Diéguez, sin embargo, se muestra positivo al evaluar la voluntad del gobierno para resolver el problema y advierte que el sector de las publicaciones está sufriendo los mismos embates para la adquisición de divisas que el resto de los rubros empresariales del país. “En los últimos meses hemos tenido reuniones productivas, incluida la mesa sectorial de Cadivi del 19 de septiembre, a la que asistió el presidente de Indepabis, Eduardo Samán, así como funcionarios del ministerio y otras instancias gubernamentales para hablar de la situación”, dijo quien dirige la junta directiva del ente gremial que representa a casi una centena de editoriales, librerías y distribuidoras. Informa también que, debido a la aprobación de dólares para los insumos de las imprentas, se verán algunas novedades nacionales a finales de año; pero en el caso de las distribuidoras de títulos extranjeros, los trámites todavía tardarán más.

—¿Las principales trabas que tienen las importadoras para la adquisición de divisas están en la aprobación del certificado de no producción?

—Las empresas que estamos en la lista de bienes no prioritarios tenemos la obligación de tramitar los certificados de no producción en el ministerio, donde evalúan las solicitudes y, a veces, otorgan el permiso, aunque en otras ocasiones no aprueban completa la cantidad de dólares pedida. Si la empresa solicitante no está de acuerdo con la cantidad aprobada, puede pedir un recurso de reconsideración. Las reservas del ministerio, en muchos casos, se deben a que hay argumentos que no están bien justificados como la utilidad del libro y las cantidades de un título que se deben importar. Hace una semana el presidente de Cadivi, José Khan, dijo que se había coordinado con algunos sectores para acelerar el tiempo de aprobación del certificado, de manera que empezaran a llegar los productos; en este esquema está la industria gráfica, que reportaba las demoras para la importación de papel y otros insumos para imprimir.

—¿Esto no atenta contra la bibliodiversidad, que es un derecho humano?

—Es que los criterios son muy técnicos. Cavelibro le ha hecho saber al ministerio que si bien el libro es un producto, no puede ser medido en los mismos términos que un tornillo o un vaso, pues a pesar de sus características técnicas –el gramaje del papel, su tipo de tapa o su tamaño– sus usos son variados. Allí surgió una solicitud de información del ministerio en conjunto con Cadivi, porque ahora empiezan a estudiar los sectores que forman parte de la cadena de producción de un libro, que va desde el escritor (representado por el derecho de autor) hasta la promoción, incluido su soporte físico (papel, cartón y tinta, por ejemplo) o digital, así como los correctores y diagramadores, entre otros. Se nos explicó que querían tener esta información para el nivel de operaciones de los certificados de no producción y qué insumos se necesitaban para cada bien.

—Esta desinformación sería la fuente de malentendidos.

—A veces el técnico que evalúa no tiene la información completa que se requiere para conocer la necesidad de un libro y pudiera dar prioridad a la autorización de otras cosas. Ya Cavelibro envió esta información al ministerio y a Cadivi, así que esperamos buenos resultados. Entendemos que se proteja la industria nacional, pero en países como España, México o Argentina, que son grandes editores, no hay un autoabastecimiento de libros porque asumen que en primer lugar está el derecho humano de la bibliodiversidad.

—¿Qué ha hecho Cavelibro para solucionar las dificultades y se puedan surtir las librerías?

—Las instituciones del Estado se están apoyando en los entes gremiales porque han descubierto que hay muchas empresas de dudosa procedencia. El ministerio nos convocó a una reunión hace unos meses en el Banco Central en la que descubrimos que había una cantidad de empresas que no conocíamos. Por esto se nos solicitó una data actualizada de nuestros agremiados, como un filtro precisamente para saber qué empresas están en el sector. Entendemos que eso va a tener un resultado.

—¿Qué medidas está tomando Cavelibro con respecto a esa situación?

—Para nosotros estar presentes en esas mesas sectoriales es crucial, por ser los espacios naturales para dar a conocer los problemas que tiene nuestro sector y de allí surgen soluciones. Todos los sectores estamos teniendo problemas de divisas y de importaciones. Nos sentimos satisfechos, pues llevamos tiempo participando en las mesas técnicas y ese espacio lo atesoramos porque allí podemos informar a los entes competentes sobre las preocupaciones que existen.

—¿Qué aprendizaje ha tenido el sector editorial de esta crisis?

—Como nación y como sector debemos ser previsivos. La solicitud de información sobre los entes de encadenamiento nos da a entender que las instituciones se han dado cuenta de que hay más involucrados que los editores y los distribuidores en el negocio del libro. Si pretendemos ser un país exportador, debemos ser competitivos. Venezuela aún tiene elevados costos de impresión y esto no ayuda a la exportación, porque cuando uno va a colocar el producto afuera, las naciones que tienen tradición editorial se alarman con nuestros costos de producción.