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“Sé que me estoy muriendo,  y me gustaría volver a vivir”

Sofía Ímber: 90 años dedicados al arte

Sofía Ímber | Foto: Williams Marrero

Mañana, a las 7:00 pm, en el Hotel Tamanaco, se le rendirá un homenaje en la XXIII Feria Iberoamericana de Arte 

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En una casa amplia, incrustada en una colina caraqueña, allí donde en otros tiempos se guarecía de la curiosidad ajena quien era la mujer más mediática de Venezuela, vive Sofía Ímber su larga vejez. En un primer momento, apenas verla como está, instalada en un sillón, rodeada por cierto aire majestuoso, parece un ícono de capilla medieval. Si antes su cabello, de destellos ocres y dorados y siempre bien peinado, era el marco espléndido de un rostro poderoso, hoy ilumina los gestos de una señora que dice, con una ferocidad desengañada: “Yo sé que me estoy muriendo, y me gustaría volver a vivir”. Al replicarle el periodista: “¡Pero son 90 años, y usted ha hecho de todo!”, alza los hombros e insiste, terca: “No lo suficiente”.

Fue persona de éxito en la prensa escrita, la radio y la televisión; fundó el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas y lo convirtió en uno de los mejores de América Latina; estuvo casada con dos hombres incomparables, Guillermo Meneses, con quien tuvo sus cuatro hijos, y Carlos Rangel; conoció o fue amiga de Gérard Philipe, de Picasso, de Reverón, de Neruda, de Vasarely, de medio mundo; se dio el lujo de tener enemigos y de sobrevivirlos; hoy es abuela y una mujer admirada dentro y fuera del país. ¿Qué más quiere? Sofía Ímber se parece a esa frase de Oscar Wilde que dice que nada triunfa tanto como el exceso.

“Yo pienso en mi forma de ser y no sé si es pasión o malacrianza. Me encanta trabajar y quisiera seguirlo haciendo. Lo que pasa es que mi carapacho no me ayuda –se refierea su cuerpo, según ella ‘un fracaso’, puesto que ya no la acompaña tanto como querría–. Por eso es que, a pesar de que amo los espejos, no me miro en ellos”.

–¿Le da nostalgia?

–No conozco esa palabra. Incluso si alguien me pregunta si siento nostalgia por algo tan grande como el Museo… no. Lo hice y se acabó. Como cuando uno tiene un novio y lo deja. Ya está.

–Actitudes como esa hacen creer a mucha gente que usted es implacable. Quedó a la vista cuando apareció en Buenos días, sola, al día siguiente de haber enterrado a Carlos Rangel, su marido, el coanfitrión del programa.

–Cuando el suicidio de Carlos, Arturo Úslar insistió en venir a mi casa. Me dijo: “Te ruego que no vayas al programa. Cuando dijiste que irías no sabías lo que decías” .Yo le respondí: “Arturo, te agradezco la amistad, pero yo voy a ir”. Y fui. Dijeron de todo de mí: que era cruel, fría, insensible. No me importa. Hice lo que a Carlos le hubiese gustado que hiciera.

Comienza a llover. La señora solicita ir al baño. La acompaña Carmen, su enfermera. Unos minutos más tarde, regresa. Sofía ha caminado 40 pasos y está cansada. Respira con cierta dificultad. “Viéndolo bien –se reincorpora–, yo no he tenido una vida interesante”.

–¿Cómo no?

–Me comparo con grandes mujeres y me parece que soy poco.

–¿Por ejemplo?

–No sé… con Ajmátova, con Margaret Thatcher…

–A Anna Ajmátova le fusilaron a su marido, su hijo estuvo años en la cárcel, fue perseguida por Stalin. ¿No es excesiva la comparación?

–Quizá sí.

–¿A cuál mujer venezolana admira más?

–A Tita Mendoza.Y entre los hombres, de los vivos, al padre Ugalde, y de los muertos, a Alejandro Armas.

–Muchos admiran a Sofía Ímber, que esta semana será homenajeada en la XXIII Feria Iberoamericana de Arte de Caracas (FIA 2014).

–Soy madrina de la FIA desde el primer día. Es un reconocimiento a la amistad.

–Es una distinción que recibe en un momento muy difícil para el país.

–Quisiera no hablar del país. Me duele demasiado.Y como no estoy activa, me siento peor…¡Lo de Rayma! Uno vive la censura ajena como propia. A mí también me botaron de ese periódico. A mí me botaron de todas partes.

–¿A dónde va a llegar Venezuela?

–Llegó. Pero falta.

–¿Qué hacer?

–Lo de siempre: luchar. Pero, claro, luchar cómo, dónde, cuándo, con quién. Aunque se lucha, no siento aquella pasión venezolana. No veo la unidad.

–Es pesimista.

–Yo soy así. Hay un pesimismo que es dinámico y que avanza rápidamente –mira hacia la ventana. Cunden el agua, los relámpagos, los truenos–. Esta lluvia ha sido muy irregular –observa–: primero grandota, luego chiquita, ahora grandota otra vez. Así es uno, ¿verdad?

–¿Quiere mandar a cerrar la puerta del balcón?

–No. Prefiero ver la lluvia. Prefiero ver el miedo y enfrentarlo antes de que me lo cuenten… –y un instante después, la mirada de vuelta, sonriente–: La noche que inaugura la FIA voy a estar elegante.

–Como siempre, ¿no?

–Sí –dice. Y tose un poco.

 

LEYENDA:

WILLIAMS MARRERO

Ímber: “Soy madrina de la FIA desde el primer día. Es un reconocimiento a la amistad”