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Ibsen Martínez: “La telenovela es una metáfora del populismo”

Ibsen Martínez | Henry Delgado

Ibsen Martínez | Henry Delgado

En televisión mostrará a una latina emprendedora y en su nuevo libro versiona la vida de Kiko Mendive

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A los 62 años de edad, cuando fortalece un nombre en la narrativa nacional con la publicación de su tercer libro, Íbsen Martínez vuelve a los guiones de telenovelas, él que tanto las aborrecía. El creador de Por estas calles se mantuvo fuera de la pantalla chica durante 20 años, tiempo en el que se dedicó a trabajar como articulista para publicaciones extranjeras. Pero, quién lo diría, fue esa escritura la inspiración para el dramático que espera estrenar en septiembre.

“Escribí en una revista web especializada en economía una columna que se llamaba 'Reflections from Latin America', que debe traducirse no como ‘reflexiones’ sino ‘reflejos’ de la región. Me hice un nombrecito y me llevaban a dar conferencias y en una de esas me tocó atender a un académico que estaba haciendo una investigación sobre por qué los pobres en esta región no compran fácilmente las ideas de libertad económica y emprendimiento que están de moda hoy. Yo le dije que el populismo es proteico en América Latina y no es fácil derrotarlo sólo con planes económicos”, cuenta Martínez.

El escritor recuerda que después le sugirió que mejor idea era crear dramáticos. “La telenovela es una metáfora del populismo, es redistributiva, porque si bien hay una historia rosa, su asunto es cómo escapar de la pobreza sin crear riqueza, que es la clave también del populismo. Por eso, en la historia ocurre un despojo y el resto de los capítulos transcurren para su rectificación”.

De esa reflexión nació ¿Qué hacemos con Nora?, a la que medio en chiste, medio en serio, el grupo de guionistas que trabajan con él llaman Nora, la emprendedora. Se trata de una coproducción entre Telemundo, Cadena Tres y Televen, en la que se mostrarán con un componente de humor los problemas a los que se enfrentan quienes quieren comenzar negocios propios en América Latina e ilustra la relación de las personas comunes –los que no son banqueros– con el mundo financiero.

“He vuelto a la televisión porque un tipo como yo no tiene plan de retiro. Fue trabajoso porque tuve que vencer la aprehensión que tenía la industria conmigo. En una época me empezaron a llamar, con toda razón, ‘el señor de los 20 capítulos’ porque hasta ahí llegaba. Resulta que lo que me dio a conocer en mi país es la escritura dramática, de teatro y de telenovelas. Siempre quise ser un escritor de tapa dura, pero la vida me puso en este trance”, indica.

La vuelta de Martínez a la televisión coincide con la publicación de su tercera novela, Simpatía por King Kong, un breve drama episódico en el que versiona libremente la vida del sonero cubano Cecilio Francisco "Kiko" Mendive –en el libro, de apellido Malanga– hasta el punto de hacerlo morir en 1989, víctima de El Caracazo, porque en “el zaperoco de los saqueos había tenido la ocurrencia de asaltar en solitario una tienda de instrumentos musicales” y resultó herido.

“Siempre pensé que lo que hacía en televisión no importaba, así que me inventé este narrador sexagenario, que mira con nostalgia la vicisitud de una canción”, dice Martínez refiriéndose al nombre de la canción cuyo título es también el de la novela y que incluía arreglos del pianista de la Sonora Matancera, Dámaso Pérez Prado.

La historia del fundador del Sexteto Caribe, que también fue actor de Radio Rochela, obsesionaba a Martínez desde hace 30 años. En 2006, incluso, publicó en la revista colombiana El malpensante un relato que fue la hoja de ruta sobre la construyó el libro editado por Planeta. Quiso hacer su novela al estilo del pintor fallido que retrata el estadounidense Bernard Malamud en Imágenes de Fidelman (1969). “Tengo una gran debilidad por los personajes de los tipos que casi lo logran, alguien que cumplía con los requerimientos del canon y sin embargo, como Kiko Mendive, cuando uno hablaba con él se avergonzaba de su decaimiento”, señala.


El descolocado astuto

Ibsen Martínez estaba fascinado por Kiko Mendive desde que trabajaba en RCTV en la década de los años ochenta. A veces lo espiaba de lejos cuando lo veía pasar por los pasillos del canal, vestido como el jazzista estadounidense Telonius Monk y preso de “una indecible melancolía”. Lo que más le impresionaba era que al abordarlo se transformaba en una máscara que creó de sí mismo. “Era un habanero de los cuarenta profesional”, dice el escritor, que tiene interés por el perfil del latinoamericano que no gana una, al que llama el “descolocado astuto”, porque le recuerda a miembros de su familia materna que sobrellevaron mal la pobreza.