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Humor en la tragedia: la otra reacción del espectador

Acto cultural, pieza original de José Ignacio Cabrujas/ Leonardo Noguera

Acto cultural, pieza original de José Ignacio Cabrujas/ Leonardo Noguera

El drama de obras como Acto cultural y Romeo y Julieta puede generar risa en algunos asistentes

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La cantante calva fue un drama que escribió Eugène Ionesco luego de la guerra. Sus diálogos repetitivos y confusas situaciones fueron la forma que escogió el dramaturgo para referirse a la dificultad del ser humano para comunicarse. Ese aparente desorden y sus irregularidades perseguían la reflexión sobre la sociedad, pero sus tragedias generaron hilaridad en el espectador. No es el único caso. Son variados los momentos en los que una risa mal colocada o un susurro hilarante durante un drama incomodan tanto al público como al actor. Las causas de esas reacciones pueden variar. La edad, la situación país, la intención de la obra, la necesidad de escape o episodios evocativos pueden estar relacionados. Exponentes de la cultura nacional relatan sus experiencias y hablan de su visión del humor en la tragedia.

Una juventud inmediata. A Dairo Piñeres le gusta hacer teatro para su mamá. A ella le gustan las comedias, porque dice que para llorar está la vida real. Sin embargo, los dramas y tragedias son géneros que el dramaturgo cuyo nombre acapara las carteleras teatrales también ha escenificado. Cerca de 30 historias, casi, suma. Para él, entender a la audiencia y, a pesar de todo, representar las pasiones del hombre, es lo fundamental, haya risa o llanto.

"Con Romeo y Julieta me pasó mucho. Monté esa tragedia de Shakespeare en el Celarg y en el Teatro Nacional. Eran públicos diferentes, en el primer caso había más adultos.

Cuando hicimos la obra, los chamos en el Nacional se reían durante muchas partes. A ellos les daba risa el hecho de que el amor fuera tan largo. En la actualidad el cortejo dura un mensaje de texto, es súper rápido. Son situaciones que no han vivido. Y a pesar de que modernizamos la pieza y cambiamos los vestuarios por algo más cercano a ellos, la risa fue inmediata. Entendimos luego que era su manera de reaccionar. Igual fueron a verla varias veces", relata.

La molestia fue su primera reacción: "Me decía: `¡Monté una comedia!’. Pero es que los jóvenes tienen un sentido para captar muy rápido el humor y reírse de situaciones que por ejemplo a los adultos no les causan gracia. El público del drama no debería reírse a menos que un director, con su montaje, lo incite".

Necesidades y frustraciones.

Final de partida y Esperando a Godot son algunas de las piezas dramáticas en las que Héctor Manrique ha participado.

Para él, la elección de la obra no está determinada por su género, sino por la calidad de su texto, la poética inherente. Acto cultural, con su verbo punzante, incluye una de las escenas de risa desconcertante que su memoria almacena. Dejando por fuera situaciones evidentemente humorísticas, la historia revela dolorosas confesiones de personajes que dejan de aparentar y dicen qué es lo que les importa.

"El texto de José Ignacio Cabrujas tiene siempre una ironía que incluso en los momentos más trágicos puede producir gracia. Creo también que la gente, más allá de compadecerse del patetismo de los personajes, se burlaba de ellos.

Aunque realmente uno nunca sabe cómo puede reaccionar el público. Es lo maravilloso de este oficio: su capacidad para sorprenderte", señala el actor y director, que actualmente trabaja en el montaje que estrenará en el Trasnocho Cultural en noviembre. Agrega que cuando el artista intenta conmover al espectador y lo que recibe son risas, surge una cierta frustración. Narra una anécdota de Cabrujas y el Otelo de Shakespeare. "Estaban presentando una función privada para un sindicato de trabajadores. La pieza es una gran tragedia, pero la gente se empezó a reír.

Rafael Briceño se molestó muchísimo, todos.

Al terminar la función, los asistentes fueron a saludarlos muy emocionados y cuándo les preguntaron de qué se reían les respondieron que les parecía tonto que por un pañuelo se formara tal lío. Lo que uno como artista recibe es la forma en la que cada público responde. Es esa risa inoportuna, pero uno no puede hacer nada con ella".

Espectáculo de sociedad. Hasta las comedias de la antigüedad se remonta el actor Javier Vidal para hablar del humor. El también autor de piezas como Diógenes y las camisas voladoras manifiesta que lo hilarante surge, por ejemplo, cuando una situación privada trágica se escenifica y se hace pública. "Eso pasa incluso en la vida cotidiana. Uno camina por la calle y ve que alguien se cae y nace un instinto por reírse.

La tragedia cautiva y eso se ve desde las obras en las que el hombre se enfrentaba con los dioses", dice.

Agrega que se ha habido épocas en las que impera el divertimento, desde el circo romano hasta la actualidad: "Hemos caído un poco en la civilización del espectáculo y los artistas, que tenemos que vivir de esto, hemos caído en presentar piezas con las que sabemos que la audiencia se va a sentir lo suficientemente cómoda para llenar la sala. A mí me gusta tener llenos totales, pero también transmitir cultura, que es la función de un artista".