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Humberto Orsini replantea el viaje del arte a la comunidad

El Premio Nacional de Teatro 1995 afirma que se deben establecer normas para la enseñanza en el arte | FOTO Manuel Sardá

El Premio Nacional de Teatro 1995 afirma que se deben establecer normas para la enseñanza en el arte | FOTO Manuel Sardá

El investigador señala que actualmente existen fallas en la formación actoral de los jóvenes porque no se orienta a la reflexión

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Su risa tiene un sonido particular. Pareciera que se queda contenida en la garganta. Izquierdista en la juventud y chavista –dice– desde 1950, a los 87 años de edad Humberto Orsini sigue analizando las artes escénicas, ahora desde un blog personal que, aclara, él mismo actualiza.

Premio Nacional de Teatro 1995, director y dramaturgo, Orsini se ha dedicado también a la investigación y formación actoral, que considera no ha logrado consolidarse en el país. “Desde las primeras escuelas de teatro hasta hoy no hemos resuelto totalmente la cuestión de un actor reflexivo, que sea capaz de desarrollar y expresar conceptos. Tampoco es que perdimos el tiempo; esas escuelas sirvieron para formar el teatro venezolano que existió y existe. Pero tenemos que reflexionar y renovar. Después vino Unearte, que fue otra cosa, es lo que más se parece a lo que yo creo que debe ser”, expresa.

Una formación que a Orsini le interesa llevar también a las comunidades, un proyecto cuya aplicación aún no ha logrado concretar.

–¿En qué consiste el programa de teatro para las comunas?

–Es un proyecto viejo, que viene de la época del Conac. La idea es irse a un barrio, tomar una plaza e instalarse. Allí se comienza a hacer un inventario de saberes de esa comunidad incorporando a todo el mundo. En poco tiempo haces un espectáculo. La intención es crear un gran centro para que asista el individuo, donde las clases sean abiertas y se proyecten películas. Habría una integración entre la comunidad y quienes se están formando. Yo he planificado eso y tenía el visto bueno del Ministerio de Cultura. Pero esos son proyectos complejos. Pensé aplicarlo con la ayuda de Unearte. Esto es para integrar a través de los centros comunales. No son grupos de teatro. Lo llamo, más bien, movimiento social a través del teatro. Porque le vamos a ayudar a entender a la comunidad dónde vive.

–¿En qué status se encuentra?

–En replanteamiento. Tengo que reformularlo porque había intentado hacerlo con el Museo Jacobo Borges, que es un centro apropiado, pero estaba saturado. Es algo que requiere mucha energía.

–Pero si habla de una falla en la formación, ¿se cuenta con el personal capacitado para ejecutarlo?

–No es que estamos en cero y no sabemos cómo hacer. Creo que en Unearte empezamos a entender cómo resolverlo. Tratamos es de mejorar lo que tenemos.

–¿Las condiciones están dadas para llevar a cabo un proyecto con estas exigencias?

–Para el momento no ha habido hábito de esto. He llegado a unas conclusiones muy terribles: que los profesores de teatro hemos sido más directores que docentes, porque lo que hemos hecho es montarles obras a los muchachos en los colegios. ¿Pero cuánto aprendizaje ha habido allí? Hay que establecer unas normas que no existen.

–¿Cuáles son las dificultades del proyecto?

–Hay un problema financiero fundamentalmente. El Ministerio de Cultura no tiene dinero para proyectos grandes. Entonces la idea es replantear. El camino sería llevar estrategias flexibles.

–¿Qué sucede cuando al teatro lo toca la ideologización partidista?

–Actualmente no hay partidización en la escena, porque ni el PSUV tiene un grupo teatral. No existe tampoco el teatro reaccionario, y eso es lo peor. Son pocos los directores que hacen un arte que pueda llamarse así.