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Hernán Gamboa llevó su mejor rasgapunteo a lo eterno

Hernán Gamboa / Foto: Archivo

Hernán Gamboa / Foto: Archivo

El ex integrante de Serenata Guayanesa falleció en Buenos Aires, ciudad donde residía desde hacía varios años

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Maestro del cuatro y la melodía, su nombre va inexorablemente ligado a la tradición. Hizo de los ensambles un camino para comunicar, pero también logró el éxito con la técnica solista, que llamó “rasgapunteo”. Hernán Gamboa, maestro del instrumento y la composición, afinó sus acordes para la despedida definitiva. Falleció ayer en la madrugada en Argentina. Tenía 69 años de edad.

Nació en San Tomé, campamento petrolero en el estado Anzoátegui, el 18 de junio de 1946. Integró el proyecto musical Los Anauco, en el que también estuvieron Miguel Delgado Estévez (guitarra), Pedro Naranjo (bajo) y Cristóbal Soto (mandolina). Y a comienzos de los años setenta su talento pasó a ser una Serenata Guayanesa.

Fundó el cuarteto junto con Iván Pérez Rossi (barítono ligero y cuatro), César Pérez Rossi (barítono y percusionista) y Mauricio Castro (contratenor y percusionista). Se trató de una agrupación que se paseó por el calipso, el bambuco, merengue, golpe larense, fulía, gaita y todo lo que se les ocurriera investigar a sus integrantes. Allí estaría hasta 1983, cuando fue sustituido por Miguel Ángel Bosh.

“Para ese entonces yo estaba estudiando el segundo año del posgrado de Pediatría y trabajaba en un restaurante. Allá fue un día Iván (Pérez Rossi), me dijo que Hernán había decidido marcharse porque tenía otras cosas que hacer y me propuso entrar. Le dije que sí. Con Serenata Guayanesa lo que hice fue buscar una nueva manera de armonizar. A todos nos gustaba el estilo de Hernán, traté de manejar el cuatro como lo hacía él, aunque en realidad soy guitarrista”, recuerda Bosh. Y agrega: “Fue un hombre que hizo muy buena música y eso se lo agradecen no solamente los músicos, sino también la patria”.

En esa fecha fue cuando Gamboa se mudó a Miami, donde se desempeñó como agregado cultural del Consulado de Venezuela y después como director de cultura del New Professions Technical Institute. Allí creó una galería en la que más de 300 artistas mostraron sus propuestas. Luego se mudó a Buenos Aires, ciudad en la que serán cremados sus restos.

“Llevó la música latinoamericana y la nuestra por todas partes del mundo y es uno de los mejores representantes del cuatro tradicional. Los artistas no desaparecen jamás porque queda su música y sus composiciones”, afirma Cheo Hurtado, su ahijado. El cuatrista también indicó que hoy le harán un homenaje en la iglesia La Milagrosa de Ciudad Bolívar a partir de las 5:00 pm.

Siempre en la actividad musical, formó parte del grupo Cuerdas de América –junto con el argentino Jaime Torres y el peruano Lucho González– y  llevó los versos de Andrés Eloy Blanco, Aquiles Nazoa y Miguel Otero Silva a las cuerdas de un cuatro; luego de las escuelas de Jacinto Pérez y Freddy Reyna desarrolló su técnica instrumental. Sobre este punto Edgard Ramírez, integrante de C4 Trío, dice: “Es la capacidad de llevar cualquier melodía con el instrumento, algo que está vigente y es parte de nuestro vocabulario diario. Además, realizó una labor de grabaciones muy importante; el músico no solo debe hacer vida, sino dejar registro”.